Las frutas más curiosas del mundo y los secretos que esconden
El higo, el durian, la pitahaya y la mano de Buda destacan por sus singulares características
Pablo S. Molina | Mallorca, 11 de Julio de 2026 | 09:50h

A simple vista, una fruta puede parecer un alimento sencillo. Sin embargo, algunas esconden características tan extrañas que parecen desafiar las reglas de la naturaleza. El higo, el durian, la pitahaya y la conocida como mano de Buda figuran entre las más curiosas del mundo.
El higo es probablemente uno de los casos más sorprendentes. Aunque suele considerarse una fruta, en realidad es una estructura carnosa llamada sicono que contiene numerosas flores diminutas en su interior. Estas flores crecen hacia dentro y dan lugar a los pequeños granos que se perciben al comerlo.
Algunas especies de higuera dependen para su polinización de una pequeña avispa que entra en el higo. No obstante, muchas de las variedades comerciales pueden desarrollarse sin que se produzca este proceso.
Muy diferente es el durian, una fruta originaria del sudeste asiático conocida por su gran tamaño, su cubierta espinosa y, sobre todo, por su olor extremadamente intenso. Su aroma, provocado por una compleja combinación de compuestos volátiles, es tan fuerte que en algunos hoteles y medios de transporte de Asia está prohibido introducirlo. Pese a ello, su pulpa cremosa es muy apreciada y se utiliza en numerosos postres.
La pitahaya, también llamada fruta del dragón, llama la atención por su piel de colores vivos y su pulpa salpicada de pequeñas semillas negras. Nace de diferentes especies de cactus y sus grandes flores suelen abrirse durante la noche, permaneciendo abiertas durante pocas horas para facilitar la polinización.
La mano de Buda es todavía más singular. Se trata de una variedad de cidra cuyos gajos se separan formando prolongaciones similares a dedos. A diferencia de otros cítricos, apenas contiene pulpa o zumo, pero posee una piel muy aromática que se utiliza en repostería, perfumería y para aromatizar bebidas.
Estas frutas demuestran que detrás de muchos alimentos cotidianos existen procesos biológicos y formas de crecimiento capaces de sorprender incluso a quienes los consumen habitualmente.






