Joan Guasp, jefe de la Policía Local de Consell: "Hay gente que prefiere perder la plaza fija con tal de irse a Palma"
La clave, explica, está entre la parte económica, la carrera profesional y el ambiente de trabajo para fijar plantilla
Penélope O. Álvarez | Mallorca, 14 de Junio de 2026 | 07:15h

Retener el talento de los Policías Locales en la Part Forana es el eterno rompecabezas de los pueblos pequeños de Mallorca. En Consell, una localidad que ha duplicado su población en las últimas dos décadas —superando hoy los 4.500 habitantes—, la Policía Local ha logrado consolidar el 100% de su plantilla como funcionarios de carrera. Sin embargo, el verdadero desafío empieza al día siguiente de tomar posesión.
Así lo analiza el jefe de la Policía Local de Consell, Joan Guasp, un inquer de 51 años con 27 años de servicio a sus espaldas y formación en Trabajo Social, que asumió la jefatura con tres líneas claras: proximidad, prevención y consolidación del equipo. Su diagnóstico dibuja una realidad marcada por la polivalencia, la gestión de las bolsas de interinos y el esfuerzo por frenar la fuga de agentes hacia Palma, Calvià o Llucmajor, municipios de mayor tamaño y con mejores condiciones económicas.
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“Hemos podido consolidar a día de hoy la plantilla de Policía Local de Consell; ya somos al 100% funcionarios de carrera. La dificultad radica en consolidar y fidelizar a la gente debido al atractivo de otros municipios más potentes, ante la oferta económica que tienen”, explica.
El equilibrio de las tres esferas
Para Guasp, la fidelización de un agente en plantillas pequeñas depende de un perfecto equilibrio. "La fórmula para que el policía se encuentre satisfecho en un pueblo pequeño o mediano es intentar encontrar el equilibrio entre tres esferas: la parte económica (que al final es lo que prima), la parte profesional y el ambiente de trabajo", explica el jefe de la Policía.
Hace años, los municipios grandes tenían desfases salariales de entre 700 y 900 euros respecto a los pueblos. Sin embargo, gracias a la labor de los sindicatos y al esfuerzo de los ayuntamientos, esa brecha se ha reducido notablemente. "Los alcaldes de los municipios pequeños han entendido que tenían que ponerse las pilas y han hecho un esfuerzo por reducir esa diferencia económica para que la gente no se fuera", señala.
Un agente recién salido de la academia tiene actualmente un sueldo de entrada cercano a los 1.950 euros en Consell, aunque contando las horas extraordinarias. "Si a ese sueldo le quitamos los servicios extraordinarios en domingo que se hacen dos veces al mes, se queda en 1.600 y pico euros”, detalla Guasp. Aun así, considera que las diferencias salariales con municipios como Inca ya no son tan grandes. Además, la antigüedad, los trienios y la carrera profesional permiten que la remuneración gane atractivo con el paso de los años.
Una Policía todoterreno
El día a día en Consell, a diferencia de la especialización de las grandes ciudades, exige un perfil multidisciplinar. "Las funciones son exactamente las mismas que en un municipio grande, lo que cambia es el volumen de trabajo", explica Guasp. "Hacemos apertura de instalaciones, vamos al colegio, cubrimos incidencias de rotura de tuberías y, si no surgen cuestiones de seguridad ciudadana, hacemos tareas administrativas". Esta polivalencia implica que el mismo agente que atiende una emergencia en la calle —como un caso de violencia de género o un accidente con resultado positivo por alcoholemia— deba sentarse después a instruir íntegramente el atestado.
Ese cuerpo "cajón de sastre" cubre el municipio de 7:00 a 20:00 horas los 365 días del año, con uno o dos policías por servicio. Por la noche, la competencia corresponde a la Guardia Civil a través del 112.
La vulnerabilidad de los pueblos pequeños no pasa desapercibida para los delincuentes: "Las bandas conocen perfectamente los recursos que tenemos y por eso los pueblos son atractivos para ellos". Entre los casos más habituales menciona hurtos en viviendas de personas mayores cometidos por falsos operarios o supuestos cuidadores.
El jefe policial recuerda un episodio reciente protagonizado por un grupo de hurtadoras. "Tuvimos suerte porque la patrulla estaba cerca y en dos minutos estaban localizadas", explica. Aun así, reconoce que el sistema opera al límite. Eso sí, "si un día hay bajas en la plantilla, el esquema se rompe y se puede dar el caso de tener que decirle al alcalde que una tarde no habrá servicio".
El laberinto de las excedencias y las plazas
A pesar de que el marco normativo busca eliminar la interinidad obligando a los nuevos funcionarios a permanecer durante dos años en el municipio donde consiguen la plaza, la fuga de personal sigue latente. "Hay gente que prefiere perder la plaza fija con tal de irse a Palma", confiesa Guasp. El propio jefe policial entiende el atractivo que ejercen los grandes municipios sobre los agentes más jóvenes. "Para la gente que se está formando en la academia, donde soy profesor colaborador de tiro, entiendo que el perfil joven busque la marcha y la especialización de los municipios grandes. Yo no me planteaba ir a un pueblo como Costitx cuando empecé".
Pasado ese periodo, muchos agentes piden excedencias para trabajar como interinos en municipios más grandes y con mejores complementos. "Hay gente que juega con dos, tres y hasta cuatro plazas", explica. El problema para los pueblos es también el tiempo de reacción burocrático. "Si a mí se me jubila un compañero ahora, poner en marcha el mecanismo del macro o tirar del bolsín de la EBAP para consolidar la plaza me supone estar un año entero con un agente menos".
La apuesta por una Policía en "mancomunidad"
Ante este escenario de plantillas ajustadas, Guasp pone sobre la mesa una solución que ya funciona en otras comunidades autónomas: las policías mancomunadas o asociaciones de municipios. "Si nos asociáramos mediante un convenio Consell, Santa María y Alaró, podríamos cubrir las 24 horas del día sumando los recursos", defiende.
Según explica, este modelo permitiría optimizar recursos humanos, reforzar la seguridad ciudadana y ofrecer a los agentes una carrera profesional más atractiva al ampliar su ámbito de actuación. "Sería un plus de atractivo profesional para el policía, porque saldría de su contexto geográfico y haría intervenciones de tráfico o de seguridad ciudadana en otros pueblos vecinos".
No obstante, advierte de que el éxito de la fórmula depende de la voluntad política y de la capacidad de los ayuntamientos para alcanzar acuerdos que compensen las diferencias de recursos y servicios entre municipios.
Una solución que, según el jefe de la Policía Local de Consell, no solo beneficiaría a la seguridad ciudadana, sino que podría convertirse en una de las claves para que los policías jóvenes decidan echar raíces en la Part Forana y para que la seguridad de los pueblos de Mallorca deje de depender de plantillas cada vez más difíciles de retener.








