Sa Indioteria marginada: denuncian el abandono de la barriada palmesana por parte de la Administración
Manuel, vecino del barrio: "somos un barrio completamente marginado, mientras en otros lados se llevan a cabo mejoras, aquí nadie hace nada por mucho que lo pidamos"
Carmen Espejo | Mallorca, 10 de Junio de 2026 | 10:34h

Aceras y carreteras sin mantenimiento, presencia policial prácticamente nula, ruido constante y una larga lista de problemáticas que han degenerado Sa Indioteria en los últimos años. Manuel García, un vecino de la barriada palmesana desde 1973, denuncia el abandono, casi total, del barrio por parte del Ayuntamiento de Palma, el Consell de Mallorca y el Govern Balear: "somos un barrio completamente marginado, mientras en otros lados se llevan a cabo mejoras, aquí nadie hace nada por mucho que lo pidamos".
Desde Crónica Balear nos trasladamos hasta Sa Indioteria para poder presenciar en primera persona cuáles son los problemas que sufren sus vecinos en su día a día. Y es que, incluso, caminar por algunas de sus calles se puede convertir hasta en un deporte de riesgo.
Una de las principales quejas de Manuel, el peligro que supone la rotonda que encontramos al entrar en el barrio si venimos desde el Polígono de Son Castelló, coronada con la escultura metálica de un pavo. Según este vecino, está diseñada de tal manera que muchos de los conductores que buscan incorporarse o salir de ella, en según qué direcciones, no tienen la visibilidad suficiente en el caso de que un viandante esté cruzando el paso de peatones. Un paso de peatones que está situado y pegado a la zona en la que se deben detener los vehículos para entrar en la intersección, por lo que queda completamente bloqueado. Se trata de un lugar en el que han quedado registrados varios accidentes de tráfico.
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Precisamente, que este paso de peatones se trasladase unos metros hacia atrás para solucionar este problema, es una de las solicitudes de Manuel desde hace años, sin ningún tipo de solución aportada. Mientras unos le dicen que no se puede mover, otros le dicen que si, pero nadie hace nada.
Y los inconvenientes en esta rotonda no terminan aquí, para cruzar de un lado de la calle al otro se debe utilizar un semáforo que no dura ni un minuto en verde para los viandantes, por lo que la gran mayoría de personas mayores o con movilidad reducida se queda a mitad de camino cuando se ha vuelto a poner en rojo. "La gente con silla de ruedas ni siquiera sigue el paso de cebra porque le es imposible subir las aceras y rodea a través de la carretera hasta llegar al otro lado, con el peligro de ser atropellada", nos asegura.
A esto se le suma el estado en el que se encuentran las aceras y las carreteras del barrio, completamente deplorables y sin ningún mantenimiento desde hace muchos años. "Estas aceras no se han arreglado desde hace 35 años y las carreteras, por lo menos, 50 años", nos comenta. Es más, Manuel nos lleva hasta un lugar concreto en el que hace años se llevaron a cabo unas obras en la calzada y donde son visibles varios socavones de un tamaño considerable. "Aquí hicieron hace no se cuantos años unas obras los de EMAYA y como puedes ver, nunca se llegó a asfaltar", nos comenta. Y añade: "Aquí, porque alguien se cansó y lo arrancó hace unos meses, pero había un tornillo enorme que sobresalía y con el que se cayeron varias personas. Pero lo tuvo que quitar un vecino".
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Además, estas aceras no solo son utilizadas por los viandantes, tal y como debería ser, ante la falta de zonas de carga y descarga frente a según qué negocios, muchas son ocupadas por coches o camiones que no tienen dónde pararse. Por lo que impiden el paso a la gente que camina por ellas, y en el caso de ser personas mayores o con movilidad reducida, les imposibilitan en muchas ocasiones poder seguir su camino.
El tema del aparcamiento tampoco se queda atrás. Conseguir aparcar el coche en esta zona a partir de según qué horas, se convierte en algo casi imposible. Por lo que la falta de espacio y el poco civismo de algunos conductores, se reflejan en coches aparcados mal y de cualquier manera por todo el barrio. "Lo que no entiendo es por qué nadie ha construido un parking público aquí, cuando otros barrios de los alrededores sí que tienen. El Rafal tiene uno inmenso y Son Cladera también tiene", nos explica. Además, añade que existen solares vacíos, lo suficientemente grandes como para construir un aparcamiento y poder solucionar mínimamente este problema.
Nada queda del barrio repleto de vida y negocios en el que Manuel pasó su adolescencia entre 1970 y 1980. La gran mayoría de los locales que albergaban negocios como fruterías, verdulerías, carnicerías, carpinterías o, incluso, unos recreativos han cerrado sus puertas dejando su zona comercial completamente abandonada y desértica. "Ves, todos los locales están cerrados, esto antes eran negocios y ahora al cerrarlos, la gran mayoría de ellos los están convirtiendo en viviendas, que muchas dejan a medias", nos muestra.
"La figura del policía de barrio en Sa Indioteria es completamente inexistente", nos explica Manuel. Según él, antes contaban con uno al que había que llamar en el caso de que algo pasase, ahora ni eso. "Por no venir, no vienen ni a regular el tráfico en la entrada y salida de los niños al colegio, que hay dos en el barrio", añade. La falta de vigilancia y patrullaje policial, ha desencaminado en una degeneración total de la seguridad en el barrio con un aumento considerable de la criminalidad. Aquellos que no tienen un parking privado y deben dejar sus vehículos estacionados en la calle durante la noche, corren el peligro de encontrarse el cristal de su coche roto a la mañana siguiente. Una problemática que se viene acentuando en los últimos meses.
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Por si esto fuese poco, la barriada se encuentra a tan solo dos kilómetros del recinto ferial de Son Fusteret, donde suele ser bastante habitual el desarrollo de conciertos, eventos o la feria, y que genera bastante ruido que escuchan los vecinos del barrio desde sus viviendas. "El pasado sábado hubo una fiesta allí. Estuvimos escuchando la música a tope desde las cinco de la tarde hasta las doce de la noche, y esto es constante", asegura Manuel. "Yo me pregunto, ¿por qué el alcalde no se lleva los conciertos unos días a su barrio, la presidenta Prohens otros días a su barrio y así?", añade indignado.
Quien termina alzando la voz para denunciar toda esta problemática que sufre Sa Indioteria es Manuel, pero no es el único que las sufre, sino los más de 5.000 vecinos con los que cuenta el barrio. Mientras las administraciones centran su foco en zonas más cercanas al centro, barriadas como esta tienen que tolerar la marginación continua de las mismas. Su paciencia, como el asfalto de sus calles, hace tiempo que empezó a agrietarse. Ahora, la pelota queda en el tejado del Ayuntamiento de Palma, el Consell y el Govern, quienes deberán decidir si atienden por fin las históricas demandas de una barriada que solo pide dejar de ser invisible.










