"Nos han sacado de sopetón": El drama de un joven trabajador en el desalojo de la cárcel vieja de Palma
Jonathan denuncia que las ayudas ofrecidas no responden a la realidad de quienes tienen empleo pero no pueden acceder al mercado inmobiliario
Isaac Hernández | Mallorca, 10 de Junio de 2026 | 15:42h

El desalojo forzoso de la antigua prisión de Palma, ejecutado este miércoles por orden judicial ante el riesgo de habitabilidad del recinto, ha dejado al descubierto el drama social de muchos de sus ocupantes. Es el caso de Jonathan, un joven trabajador que se ha visto en la calle de forma imprevista y que refleja la crudeza de la crisis de la vivienda en la Isla.
"Nos han sacado de aquí, yo vengo de trabajar y a mí no me han dado ningún papel. Se supone que era hasta el viernes y nos han sacado de sopetón", lamenta el joven, visiblemente afectado por la contundencia del dispositivo policial que ha desalojado el recinto en torno a las 12:00 horas.
La historia de Jonathan roza la paradoja, ya que afirma tener una vivienda en propiedad a la que no puede acceder debido a la burocracia y a la vulnerabilidad jurídica: "Tenemos una casa de la que no podemos disfrutar porque está okupada con un falso contrato por en medio y tuvimos que venir a vivir aquí en estas condiciones y con este menosprecio con el que se nos trata, siendo personas trabajadoras".
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Para él, la actuación de la administración no responde a la realidad que viven las personas con empleo pero sin recursos suficientes para acceder al mercado inmobiliario balear. "Desde mi punto de vista no se está haciendo nada bien en este Gobierno. ¿Dónde vamos a ir todas las personas que nos estamos yendo de aquí? Al fin y al cabo estamos aquí por obligación porque no nos podemos pagar un piso, no hay habitaciones o nos ponen peros", denuncia, reivindicando que su situación no es un problema de falta de actividad laboral: "Estoy trabajando, tengo mis cosas bien".
Aunque el Ayuntamiento de Palma ha desplegado a los servicios sociales y al Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS) para ofrecer alternativas y ayudas económicas —derivando ya a 45 personas a centros de acogida temporal—, Jonathan asegura que las soluciones planteadas no encajan con lo que necesitan los perfiles trabajadores como el suyo. "Al principio nos decían que nos iban a ayudar en el tema económico; yo no quiero que me paguen una casa, pero sí un alquiler social que pueda permitir. ¿Dónde iremos ahora? Esa es la pregunta del millón", zanja con impotencia mientras el operativo policial continúa asegurando el recinto para su posterior tapiado.








