Los gusanos de oido, los culpables de que una canción se repita en bucle en nuestra cabeza
Existen tres trucos infalibles para librarte de estos "gusanos"
Carmen Espejo | Mallorca, 25 de Mayo de 2026 | 14:10h

Lavarte los dientes, limpiar tu casa, conduciendo o trabajando: durante la gran mayoría de actividades que hacemos en nuestro día a día nos suele acompañar el tarareo de alguna canción que has escuchado recientemente, por poco que haya sido o, incluso, por el hecho de haberla tarareado otra persona. Se mete en nuestra cabeza como si fuese una radio y aparece en el momento en el que menos lo esperamos. Por no saber, no sabemos ni cómo nos hemos aprendido la letra en cuestión de segundos. Pero ¿por qué algunas canciones se adentran en nuestro cerebro y somos incapaces de sacarlas de ahí?
Gracias a la investigación científica este fenómeno ya tiene nombre: los earworms o, para que todos nos entendamos, los 'gusanos de oído'. Que no cunda el pánico; somos conscientes de que suena fatal, pero no se os van a meter lombrices por las orejas y se van a apoderar de vuestro cerebro. Se trata de un fenómeno que experimenta el 98% de la población, y tiene mucho que ver con la forma en la que procesamos nuestras emociones y la memoria. Es una especie de melodía inacabada que suena en bucle en nuestro cerebro y que se activa mediante tres engranajes esenciales.
En primer lugar encontramos la corteza auditiva; es decir, la zona del cerebro que procesa los sonidos. Al escuchar según qué melodías o canciones, sobre todo si tienen ritmos muy marcados o las escuchamos de manera muy repetida o habitual, esta zona se activa pudiendo reproducir por si sola la melodía en el cerebro, cuando no existe ningún tipo de sonido a tu alrededor. Es como cantar en la ducha, pero dentro de tu cerebro.
Por otro lado, está el bucle fonológico, un componente de nuestra memoria que se encarga de retener y manipular la información verbal y auditiva a corto plazo, tan solo unos segundos. El problema viene cuando escuchamos una canción que tiene una estructura simple y repetitiva, lo que conocemos como la típica canción pegadiza, pues bien, esta lo que hace es quedarse atrapada en el engranaje, y gira si sobre sí misma una y otra vez, como su propio nombre índica, un bucle.
Por último, mucho tienen que ver, lo que conocemos como, disparadores emocionales y contextuales; es decir, aquellos elementos que nos recuerdan a la canción. La gran mayoría de veces no necesitamos volver a escucharla para que nos venga a la cabeza, sino que nos basta con experimentar nostalgia que nos lleve a un momento que sonaba esa melodía, ver un objeto que nos recuerde a la letra de esa canción o estar sometidos a según que niveles de estrés que hace rescatemos esa canción de nuestro cerebro.
Aunque parezca mentira poder librarse de ese sonidito dando vueltas por tu cabeza y ocupando el espacio que debería de estar ocupando, por ejemplo, tu concentración a la hora de estudiarte un tema para el examen final de la asignatura que peor llevas, es posible engañar a tu cerebro. Al igual que engranajes, existen tres trucos infalibles para librarte del "gusano":
- Mascar chicle: Sabemos que estáis pensado ¿Qué tendrá que ver masticar chicle con esto? Pues no lo decimos nosotros, lo dices los psicólogos de la Universidad de Reading, en Reino Unido. Según estos, el acto mecánico de masticar chicle utiliza los mismos músculos y regiones motoras del cerebro, que las que utilizamos al hablar o cantar mentalmente. Por lo tanto, si tu pones a funcionar estos músculos y esta parte del cerebro en otra cosa que no sea tararear, lo que haces es "bloquearle" esa opción y rompes de manera casi inmediata el bucle fonológico, del que hemos hablado antes.
- Terminar de escuchar por completo la canción: La gran mayoría de veces, y como es lógico, la parte de la canción que se queda atrapada en nuestro cerebro es el estribillo. Esto, el cerebro lo percibe como una tarea inacabada, algo que odia por completo, ya que al no ser capaces de recordar como sigue la letra o la melodía de esa canción, lo que hace es repetir ese fragmento en bucle hasta intentar conseguir averiguar como sigue. Se trata de un fenómeno psicológico que se conoce como 'Efecto Zeigarnik'. Para poder librarte de esto, la solución es escuchar la canción entera, hasta el último segundo. Así podrá solucionar y saber como sigue la melodía y darle un descanso a tu cerebro.
- Resolver acertijos o crucigramas: Cuando tu cerebro se pone a tararear una melodía de forma repetitiva, está ocupando gran parte de su concentración en ello, por lo tanto, lo que debes hacer es ofrecerle otra cosa en la que centrarse. Pero no sirve tampoco cualquier cosa, debe requerir mayor esfuerzo cognitivo que lo que ya estás haciendo. Por ello, lo más recomendable para apartar a este "gusano" es tratar de resolver un acertijo, como un sudoku, un crucigrama o una sopa de letras, es decir, algo que le suponga un reto. De esta forma, centrará todos sus esfuerzos en ello y desviará su atención y recursos de la corteza auditiva.
Sabemos que no siempre es buen momento para ponerse a escuchar la canción o para hacer sopa de letras, por ello, como consejo, lleva siempre encima un paquete de chicles.







