Trágicos genios: 5 inventores a los que sus inventos supusieron su muerte
Un sastre y un coche volador, la radiación o un sistema de poleas forman parte de esta lista
Carmen Espejo | Mallorca, 15 de Mayo de 2026 | 11:55h

Aunque nos cueste creer que el mundo no siempre haya sido tal y como lo conocemos, hubo un momento en el que la gente debía utilizar el fuego tanto para calentarse, como para cocinar o para iluminar, porque no existían ni las bombillas, ni las estufas, ni mucho menos la vitrocerámica.
Para que hoy en día podamos disfrutar de todas las comodidades con las que contamos, alguien ha tenido que tener una idea y llevarla a cabo, bajo el método de prueba y error. Muchas de estas veces, el éxito se ha impuesto y por ello, por ejemplo, puedes estar leyendo este artículo desde tu móvil, táblet u ordenador.
Aunque no siempre ha sido así. En algunas ocasiones las ideas no siempre han salido bien y han resultado un auténtico fracaso. Incluso, en situaciones más extremas, esos intentos de creación se han llegado a cobrar la vida de sus inventores. Como lo lees, existe una lista de personas que pusieron toda su fe en sus creaciones y esto termino con sus vidas.
FRANZ REICHELT, EL SASTRE VOLADOR
Al primero se le conoce como al sastre volador. Franz Reichelt (1879-1912), era un sastre austríaco, residente en París, que estaba obsesionado con la aviación. Por ello, quiso diseñar un elegante traje-paracaídas que sirviese a los pilotos saltar de sus aviones en casos de emergencia y así poder salvar sus vidas.
Pues bien, tras varias pruebas con maniquíes que no salieron bien. Reichelt creyó que igual el problema de sus pruebas era que las había estado haciendo con muñecos y no con personas de carne y hueso.
Por lo tanto, un 4 de febrero de 1912, bajo el lema de que si quieres que algo salga bien debes hacerlo tu mismo, decidió ser él quien probase de primera mano su traje-paracaídas. Para ello, el sastre subió hasta una plataforma de la Torre Eiffel y, frente a una multitud de cámaras y periodista, se lanzó al vacío. Durante la caída, el traje no se desplegó y murió en el acto al chocar contra el suelo. Este suceso quedó grabado para la prosperidad.
MARIE CURIE, EL NOBEL DE LA MUERTE
Marie Curie, fue una física y química pionera, no solo por ser la primera persona en ganar dos premios nobel (Física en 1903 y Química en 1911) sino, además, por ser la primera mujer en ganarlo y revolucionar la ciencia con sus investigaciones sobre la radiactividad, descubrir el polonio y el radio, e impartir clases en la Universidad de Paris. Pero fue este mismo motivo de su éxito el que acabó con su vida en 1934.
Debido a su descubrimiento de la radiactividad, Curie pasó décadas manipulando el polonio y el radio sin utilizar ningún tipo de protección para ello. Por si esto fuese poco, la doctora colocaba algunos tubos de ensayo con estos materiales en los bolsillos de su bata, solo porque le gustaba como brillaba en la oscuridad, sin ser consciente de las consecuencias que tendrían sus actos. La exposición continua a la radiación le provocó una anemia aplásica de la que falleció en 1934.
Casi 100 años después de su muerte, sus restos descansan en un ataúd de plomo y sus pertenencias, como los cuadernos de sus investigaciones, todavía se siguen considerando tan radiactivos que solo pueden ser manipulados con trajes especiales.

WILLIAM BULLOCK, LA ROTATIVA ASESINA
Para el mundo del periodismo, el invento de la rotativa supuso una gran revolución con la impresión de los periódicos de forma masiva y a una velocidad nunca vista, unas 10.000 impresiones por hora. Pero para William Bullock, su inventor en 1863, de forma irónica y trágica en partes iguales, supuso su muerte.
Cuatro años más tarde de su invención, en 1867, Bullock estaba instalando en una de estas rotativas en Filadelfia, cuando quiso ajustar una de las poleas de la máquina, dándole un golpe con su pie. Pues bien, esta fue, sin duda, la peor de las ideas que se le podrían haber pasado por la cabeza. Al golpearla, su pierna se quedó atrapada y fue triturada por el engranaje. Esto le provocó que se gangrenase la zona y fue operado de urgencia para amputar la pierna. Pues bien, mientras Bullock era operado, falleció.

THOMAS MIDGLEY JR, UN INVENTO QUE SE CONVIRTIÓ EN TRAMPA
Se supone que la gracia de los inventos suele ser que te faciliten la vida, pero este no solo se la complicó a su inventor, sino que terminó con ella. Thomas Midgley Jr, fue un químico famoso del siglo XX que al que le corresponden inventos químicos que hoy en día son un dolor de cabeza para nuestra sociedad actual: la gasolina con plomo y los compuestos químicos artificiales, como los refrigerantes o los aerosoles, que dañan la capa de ozono. Aunque no, su muerte no tuvo nada que ver con ninguno de estos compuestos químicos.
Al contraer polio en 1940, Midgley perdió todo el sentido de su cuerpo de cintura para abajo, quedando completamente paralizado. Como buen inventor que era, debía diseñar algo que le facilitase su vida, ahora que dependía que cualquier persona para moverse. Por ello, diseño un sistema de cuerdas y poleas colocados sobre la estructura de su cama, para que le permitiese poder levantarse y moverse de ella sin depender de nadie.
Cuatro años más tarde, con 55 años, cuando intentaba moverse de su cama utilizando su invento, Thomas se enredó con las cuerdas del mecanismo y murió estrangulado por el mismo.

HENRY SMOLINSKY, SU COCHE VOLADOR
Viajar en avión puede llegar a ser muy pesado. Las dos horas de antelación para facturar, pasar el control, el embarque y todos los procesos desde que sales de tu casa hasta que llegas a tu destino. Por eso, un buen día alguien como Henry Smolinsky, un ingeniero estadounidense, decidió que la mejor solución a este problema era diseñar un coche que pudiese volar. La teoría fue buena, la práctica ya no tanto.
En 1973, presentó lo que bautizaron como el AVE Mizar, lo que era, de manera literal, un híbrido entre una avioneta Cessna Skymaster y un Ford Pinto. Ya que lo único que había hecho era soldar las alas y la cola de la avioneta al coche. Y con esto, ya debía volar.
Llegó el día de poner a prueba esta obra de ingeniería, en la que Henry y su socio fueron los pilotos. En pleno vuelo, la soldadura de una de las alas falló, a los dos minutos de alzarse. El coche se desintegró por completo, estrellándose contra un edificio y muriendo ambos en el acto.








