La esposa del turista alemán que se ahogó en Cala Mendía: "Supe que no volvería a ver a mi marido"
Britta rompe su silencio tras perder a su esposo en una playa sin socorristas y denuncia la falta de medios en Mallorca
Penélope O. Álvarez | Mallorca, 15 de Mayo de 2026 | 09:14h

En Mallorca, el mar no entiende de temporadas altas ni de presupuestos municipales. Ralf y Britta lo aprendieron de la peor manera el pasado 24 de abril en Cala Mendía. Mientras celebraban su 34º aniversario de boda, la ausencia de socorristas y la fuerza del Mediterráneo obligaron a Ralf, buceador experimentado de 63 años, a tomar una decisión heroica que tuvo el peor desenlace.
La mañana había transcurrido con normalidad: visitaron las famosas Coves del Drach en Portocristo y tenían la vista puesta en la cena, con una reserva en el Pura Vida, uno de sus restaurantes favoritos. Sin embargo, decidieron hacer una parada en Cala Mendía, el lugar donde todo se torció.
En una entrevista al periódico alemán Ruhr Nachrichten, Britta Wrede habla sobre el día en que perdió a su marido. Al llegar a la cala, los hombres fueron a caminar mientras las mujeres buscaban una sombra. "Él nunca me quitaba el ojo de encima y siempre estaba a mi lado", recuerda Britta. El mar estaba agitado y las olas rompían con violencia contra las rocas. Pese al peligro evidente, varias personas (incluidos niños) se bañaban en una zona que, en esa época del año, no tiene vigilancia de socorristas.
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Eran las 14:40 horas cuando unos gritos de auxilio rompieron la calma. Según publicó en exclusiva Crónica Balear, la alerta saltó cuando varias personas comenzaron a tener dificultades para salir del agua. Entre ellos, un joven turista que estaba siendo arrastrado por la corriente ante la mirada desesperada de su padre. Ralf, que acababa de volver de su paseo, escuchó los gritos en inglés y no lo dudó.
Britta escuchó entonces la sentencia que sellaría su destino: "Voy a entrar ahora mismo. No dejaré que ningún niño se ahogue". Mientras Ralf se desvestía, ella intentó detenerlo: "Ralf, tenemos una hija, yo también te necesito". Pero él, con una determinación que ella describe como "animal", se convenció de que era una especie de He-Man (un superhéroe): "Supe que no volvería a ver a mi marido", confiesa Britta.
La mujer se desplomó sobre la arena, paralizada. Fue entonces cuando una mujer noruega se acercó a ella y le dijo: "Ahora yo seré sus ojos". Fue esa testigo quien le narró cómo el joven de 21 años luchaba contra las olas. Mientras tanto, Ralf intentaba alcanzarlo, pero el estado del mar era muy malo.
La tragedia pudo ser mayor si no llega a ser por la intervención de Emilio Manuel Castaño, socorrista del Hotel Punta Reina, quien explicó a este medio que, tras ser alertado, acudió corriendo por el acantilado y se lanzó al mar desde las rocas para rescatar al joven, que ya flotaba inconsciente. Mientras tanto, Ralf permanecía desaparecido hasta que varias personas que practicaban paddle surf lograron alcanzarlo y sacarlo del agua.
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Al no haber servicio de vigilancia en la playa, se activó un amplio despliegue: Policía Nacional, Policía Local, Salvamento Marítimo y tres ambulancias del SAMU 061. Un médico de urgencias se sentó junto a Britta y le dijo: "Es muy difícil, pero estamos trabajando". Unos 40 minutos después, tras agotar todas las técnicas de RCP, el médico mallorquín se tumbó junto a ella sobre la arena y pronunció las palabras que terminaron de hundirla. Ralf había muerto. El joven de 21 años, sin embargo, fue estabilizado y trasladado en estado grave al Hospital de Llevant.
Britta no pudo estar junto a su marido hasta el pasado viernes, tras dos semanas de trámites burocráticos, la repatriación e algunos intentos de estafa de personas que intentaron venderle seguros falsos. "No podía llorar su pérdida mientras él no estuviera aquí", asegura.
Ahora, ha decidido hablar para que la muerte de su marido no sea en vano. "Quiero ponerle rostro y asegurarme de que la gente no subestime el mar. El mar pudo con el Titanic y puede con cualquier nadador". Su lucha ahora es conseguir socorristas permanentes en las calas de Mallorca: "Es una isla de millonarios. No puede ser cuestión de unos pocos euros".
A pesar del apoyo de sus amigos, Britta se enfrenta ahora al vacío de una casa reformada para una jubilación que el mar de Mallorca truncó para siempre. "Habíamos reformado la casa de mis padres, reservado vacaciones... queríamos volver a arrancar con fuerza", lamenta desde el silencio de un hogar donde ya nadie responde a su llamada.









