Muere un hombre porque la ambulancia no sabía llegar a su casa
Tras realizar la llamada de auxilio, los familiares vieron que el tiempo pasaba y la ayuda no aparecía
Marina J. Ramos | Mallorca, 25 de Marzo de 2026 | 19:41h

Lo que debería haber sido una intervención de emergencia rutinaria terminó en una tragedia difícil de digerir en Llíber, al norte de la provincia de Alicante. Un vecino de la localidad falleció de un infarto después de que la ambulancia enviada para socorrerlo fuera incapaz de encontrar su domicilio a tiempo. Los minutos, que para su familia se hicieron “eternos”, marcaron la diferencia entre la vida y la muerte.
La desesperación comenzó cuando, tras realizar la llamada de auxilio, los familiares vieron que el tiempo pasaba y la ayuda no aparecía. Lo que no sabían es que la ambulancia ya estaba en el pueblo, pero los sanitarios estaban completamente perdidos. El vehículo permaneció detenido durante seis minutos cruciales mientras el equipo intentaba averiguar cómo llegar a la casa. Finalmente, tuvieron que contactar con el 112 para que les indicaran el camino correcto por teléfono.
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Cuando los efectivos sanitarios lograron entrar por fin en la vivienda para atender al hombre, ya era demasiado tarde. El paciente no pudo resistir la espera y falleció a causa de un infarto antes de recibir asistencia.
EL FALLO DE UN SISTEMA QUE DEBERÍA DE SER OBLIGATORIO
Este caso ha puesto el foco sobre una carencia técnica inaceptable en los servicios de emergencia: la falta de tablets de geolocalización. Estos dispositivos son herramientas clave que registran automáticamente la ubicación de la llamada de auxilio, guiando al equipo directamente hasta el lugar exacto.
Aunque por normativa todas las ambulancias deberían contar con este sistema desde 2022, la realidad es que todavía existen vehículos que operan sin él. En una situación de infarto, donde cada segundo cuenta, la ausencia de esta tecnología obligó a los sanitarios a moverse "a ciegas", provocando un retraso que resultó fatal.
Este suceso en Llíber no solo deja una familia destrozada, sino que reabre con dureza el debate sobre la necesidad de actualizar todos los recursos de emergencia. No disponer de los medios tecnológicos adecuados en pleno siglo XXI convierte una respuesta rápida en un laberinto con consecuencias irreversibles.








