Beber agua demasiado fría podría afectar tu digestión más de lo que crees

Expertos en nutrición advierten que consumir agua muy fría puede alterar el proceso digestivo, provocar malestar estomacal y afectar la absorción de nutrientes

Alicia D. Romero | Mallorca, 24 de Octubre de 2025 | 01:00h

Beber agua fría es algo que muchos hacen sin pensarlo, sobre todo durante los días de calor o después de una sesión de ejercicio. Sin embargo, nutricionistas y expertos en gastroenterología advierten que hacerlo de manera frecuente y en exceso podría interferir con el proceso digestivo más de lo que creemos.

Cuando el agua está demasiado fría, el organismo necesita emplear energía adicional para equilibrar su temperatura interna, lo que puede ralentizar momentáneamente la digestión.

La nutricionista clínica María Gómez lo explica con claridad: “El cuerpo prioriza estabilizar su temperatura antes de concentrarse plenamente en digerir los alimentos, y eso puede generar una sensación de pesadez o digestiones más lentas”.

EL IMPACTO DE LA TEMPERATURA EN EL SISTEMA DIGESTIVO

Consumir bebidas heladas inmediatamente después de comer puede provocar la contracción de los vasos sanguíneos del estómago y los intestinos, dificultando la absorción de nutrientes.

Además, algunos estudios sugieren que el agua excesivamente fría puede solidificar temporalmente las grasas ingeridas, haciendo que el cuerpo tarde más en procesarlas.

Aunque este efecto no suele ser grave, Gómez aclara que “las personas con digestiones pesadas, acidez o colon irritable podrían notar una mejora significativa si reducen el consumo de bebidas muy frías”.

En contraste, el agua a temperatura ambiente o ligeramente fresca favorece la circulación en el sistema digestivo y contribuye a mantener un equilibrio térmico saludable, sobre todo tras las comidas principales.

UN PEQUEÑO CAMBIO QUE MEJORA EL BIENESTAR

Los especialistas insisten en que no es necesario eliminar por completo el agua fría, sino moderar su consumo y adaptarlo al momento adecuado.

Tomarla después del ejercicio o en climas calurosos es perfectamente válido, pero durante o justo después de comer, optar por agua a temperatura ambiente puede favorecer una digestión más fluida y ligera.

Como resume la nutricionista María Gómez: “El agua es fundamental para el organismo, pero la manera en que la consumimos también influye en cómo nos sentimos. Escuchar al cuerpo y encontrar el equilibrio es la clave”.

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