Muere Claudia Cardinale, el mito del cine europeo
La actriz fue todo un icono en el siglo XX y brilló de la mano de grandes directores como Fellini, Visconti o Sergio Leone
Marina J. Ramos | Mallorca, 24 de Septiembre de 2025 | 08:06h

Claudia Cardinale ha fallecido este martes en París a los 87 años. Con ella se apaga una de las grandes estrellas del cine europeo del siglo XX, una actriz que nunca se conformó con ser un simple rostro bonito y que supo abrirse camino con carácter en una industria marcada por hombres.
Nacida en Túnez en 1938 en el seno de una familia siciliana, creció en un ambiente colonial y católico muy alejado de lo que terminaría siendo su vida. De niña soñaba con ser exploradora, no actriz. Su llegada al cine fue casi accidental: un director francés la paró a la salida del colegio y la convenció para participar en un corto. Aquel episodio fortuito fue el punto de partida de una carrera legendaria.
UNA CARRERA BRILLANTE Y MARCADA POR EL CARÁCTER
El gran salto llegó cuando ganó un concurso de belleza en Túnez que la llevó a la Mostra de Venecia. Allí descubrió Italia, el país que marcaría su vida y su carrera. Un año después, Mario Monicelli le ofrecía un papel en 'Rufufú' (1958). Tenía apenas 20 años y ya estaba destinada a convertirse en una de las musas del cine europeo.
En los años 60 brilló con fuerza bajo la dirección de Fellini en 'Ocho y medio' y de Visconti en 'El Gatopardo', cintas que definieron la época. También conquistó a Sergio Leone con su inolvidable papel en 'Hasta que llegó su hora' y más tarde a Werner Herzog en 'Fitzcarraldo'. En España trabajó con Fernando Trueba en 'El artista' y la modelo, película que obtuvo la Concha de Plata en San Sebastián. Su magnetismo en pantalla enamoró a Mastroianni, Delon y a medio planeta, aunque supo marcar límites en una industria que trataba de encasillarla.
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ENTRE HOLLYWOOD Y EUROPA
Hollywood llamó a su puerta y allí compartió escenas con John Wayne, Rita Hayworth o Anthony Quinn. Sin embargo, Cardinale siempre se sintió europea y lo dejó claro: “Me siento europea y en Europa quiero vivir”. Nunca quiso someterse a los dictados de los grandes estudios estadounidenses ni aceptar la etiqueta de rival de Brigitte Bardot, un enfrentamiento que ella siempre negó.
En lo personal, compartió su vida con el productor Franco Cristaldi y, más tarde, con el director Pasquale Squitieri, a quien definió como “el único hombre” de su vida. De esa relación nació su hija Claudia, mientras que a Patrick, fruto de una violación en su adolescencia, lo crió en secreto como si fuera su hermano menor.
MÁS ALLÁ DEL MITO
Con más de 130 películas a sus espaldas, Claudia Cardinale rechazó la cirugía estética —“Me reconozco y es suficiente”, dijo— y dedicó sus últimos años a causas sociales, desde la defensa del medio ambiente hasta la lucha contra la violencia machista. En París, lejos del acoso mediático que vivió en Italia, se ha apagado una mujer que no aceptó ser únicamente “la novia de Italia”. Claudia Cardinale, con su voz grave y su mirada felina, se va como mito del cine, pero también como ejemplo de independencia y de libertad.








