Masticar chicle: un hábito cotidiano con beneficios para el cerebro y el estrés
Algunos psicólogos han comparado este efecto con técnicas de relajación
Alicia D. Romero | Mallorca, 05 de Septiembre de 2025 | 12:09h

Masticar chicle es un gesto habitual que muchas personas asocian con el ocio, el aliento fresco o un simple pasatiempo. Sin embargo, este acto cotidiano va mucho más allá de lo social o lo estético. La ciencia ha demostrado que masticar chicle puede tener efectos positivos sobre la concentración, la memoria y la reducción del estrés, convirtiéndose en un recurso sencillo que respalda la investigación científica.
Durante años se consideró únicamente como un entretenimiento o una costumbre sin relevancia, pero hoy se sabe que la acción de masticar provoca cambios medibles en el cerebro. Estudios internacionales han analizado cómo este movimiento rítmico de la mandíbula puede mejorar el flujo sanguíneo, reducir la ansiedad y mantenernos más atentos en momentos de presión.
Uno de los aspectos más interesantes de esta práctica es que los beneficios se manifiestan de forma inmediata. Personas que mastican chicle mientras trabajan, estudian o esperan una entrevista de trabajo tienden a sentirse más centradas y tranquilas. Aunque no sustituye a otras técnicas de relajación, se ha convertido en un aliado inesperado para situaciones cotidianas en las que necesitamos claridad mental y calma.
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EL EFECTO DE MASTICAR EN EL CEREBRO
Diversas investigaciones han demostrado que masticar chicle activa áreas cerebrales directamente vinculadas con la memoria y la atención. El simple acto de masticar estimula el flujo sanguíneo hacia el cerebro, lo que aumenta la oxigenación y favorece un mejor rendimiento cognitivo.
Un experimento realizado en la Universidad de Cardiff (Reino Unido) demostró que las personas que masticaban chicle durante una tarea de memoria obtenían mejores resultados que quienes no lo hacían. Los investigadores explicaron que el movimiento repetitivo de la mandíbula ayuda a mantener la mente más activa y alerta, facilitando el procesamiento de la información.
Estos hallazgos refuerzan la idea de que un gesto tan simple puede tener un impacto directo en nuestras capacidades mentales. En entornos académicos o profesionales, donde la atención y la rapidez de pensamiento son claves, masticar chicle puede ser una herramienta eficaz y accesible.
REDUCCIÓN DEL ESTRÉS Y LA ANSIEDAD
Además de su influencia en la memoria y la concentración, el chicle se ha relacionado con la reducción del estrés. Masticar contribuye a disminuir la producción de cortisol, la hormona asociada con la ansiedad y la tensión.
En contextos de presión, como exámenes, entrevistas de trabajo o momentos de nerviosismo, masticar un chicle puede funcionar como una “válvula de escape”. El gesto repetitivo no solo mantiene ocupado al cerebro, sino que también transmite una sensación de control que favorece la calma.
Algunos psicólogos han comparado este efecto con técnicas de relajación, ya que la masticación constante genera un estado parecido a la meditación ligera. Al centrar la atención en un gesto mecánico, disminuye la sensación de agobio y se promueve un equilibrio emocional mayor.
UN EFECTO SIMILAR A LA MEDITACIÓN
El impacto de masticar chicle se asemeja a ciertos ejercicios de respiración o concentración mental. La repetición del movimiento crea un patrón constante que distrae de pensamientos negativos y reduce la sobrecarga emocional.
Si bien no sustituye a la meditación formal, el chicle puede ser una ayuda práctica para quienes buscan calmar la mente de forma rápida y sin complicaciones. Muchas personas lo utilizan antes de enfrentarse a situaciones que generan presión psicológica, como hablar en público o resolver tareas de alta exigencia.
Este hábito, además, es accesible, económico y fácil de integrar en la rutina diaria, lo que lo convierte en un recurso al alcance de todos.
¿EXISTEN DESVENTAJAS?
Aunque los beneficios del chicle son evidentes, no todo es positivo. El consumo excesivo puede generar molestias en la mandíbula, dolor muscular o incluso problemas digestivos si se mastica durante periodos prolongados. También es importante considerar la salud dental: los chicles azucarados pueden afectar al esmalte y aumentar el riesgo de caries.
Por este motivo, los especialistas recomiendan optar por chicles sin azúcar, que además de ser menos dañinos para los dientes, en algunos casos incluyen componentes que ayudan a prevenir la placa bacteriana.
UN HÁBITO COTIDIANO CON BENEFICIOS REALES
Más allá de su uso social o refrescante, el chicle se posiciona como un aliado inesperado para la mente y el bienestar emocional. Ayuda a mejorar la concentración, reducir el estrés y mantenernos alerta en situaciones de exigencia, convirtiéndose en un recurso sencillo y accesible que la ciencia respalda.








