El falso mito del azúcar moreno que muchos aún creen

Los expertos explican las diferencias reales con el azúcar blanco

Alicia D. Romero | Mallorca, 31 de Julio de 2025 | 18:52h

Durante años, el azúcar moreno ha disfrutado de una reputación que lo sitúa como la opción “más natural” frente al blanco. En cafeterías, recetas y lineales de supermercado se le atribuyen cualidades casi saludables: menos procesado, más nutritivo, incluso beneficioso. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? La ciencia lo deja claro: la diferencia entre ambos tipos es, en realidad, mínima.

Tanto el azúcar blanco como el moreno proceden de la misma fuente: la caña de azúcar o la remolacha azucarera. La diferencia está en el tratamiento que reciben. En el caso del blanco, el proceso de refinado elimina impurezas, minerales y melaza, obteniendo un producto final compuesto casi en su totalidad por sacarosa pura.

El moreno conserva parte de esa melaza natural o, en muchos casos, se le vuelve a añadir en una fase final del procesamiento. Este detalle le confiere su tono oscuro, una textura ligeramente húmeda y un sabor más profundo. Pero esa melaza, aunque suene a “ingrediente noble”, apenas supone una ventaja nutricional.

¿Y EN TÉRMINOS DE SALUD?

Desde el punto de vista nutricional, ambos son prácticamente idénticos. Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), el azúcar moreno contiene trazas de minerales como calcio, potasio o magnesio. Sin embargo, sus cantidades son tan pequeñas que no tienen un efecto relevante en la salud.

Una cucharadita de azúcar blanco aporta unas 16 calorías. La de moreno, apenas una más: 17 calorías. La diferencia calórica, al igual que la de micronutrientes, es insignificante.

Como explican los dietistas, no hay base científica para afirmar que el azúcar moreno sea significativamente más saludable. Ambos son azúcares libres que deberíamos limitar al máximo, independientemente de su color o procedencia.

LA RECOMENDACIÓN DE LOS EXPERTOS: REDUCIR EL AZÚCAR, SEA CUAL SEA

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el consumo de azúcares libres (entre los que se incluyen tanto el blanco como el moreno, la miel o los jarabes) no supere el 10?% de la ingesta calórica diaria. Además, sugiere reducirlo aún más, hasta el 5?%, para obtener beneficios adicionales para la salud.

En lugar de debatir cuál es mejor, los expertos aconsejan limitar su presencia en la dieta y optar por otras fuentes de dulzor más completas, como la fruta entera, que sí aporta fibra, vitaminas y minerales.

Si la elección es puramente gastronómica, no hay problema en escoger uno u otro. El azúcar moreno puede ser más adecuado para determinadas preparaciones, como postres o bebidas calientes, por su sabor más intenso. Pero si se trata de salud, no hay debate posible: ni el blanco ni el moreno son recomendables en exceso.

Ambos tipos deben consumirse con moderación, sin caer en la trampa de pensar que uno es “bueno” y el otro “malo”. Porque cuando se trata de azúcar, el problema no está en el color, sino en la cantidad.

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