Dani Rovira: "Nunca creí que pudiera caer en una depresión"

El actor y humorista se desnuda emocionalmente en 'Vale la pena', el monólogo que estrena en Netflix

Marina J. Ramos | Mallorca, 21 de Julio de 2025 | 08:28h

Dani Rovira, en el monólogo de Netflix 'Vale la pena'.

Dani Rovira ha vuelto. Pero esta vez no lo hace solo como cómico, sino como persona dispuesta a desnudarse emocionalmente ante quien quiera escucharle. Lo hace en 'Vale la pena', el nuevo monólogo que ya está disponible en Netflix y que nada tiene que ver con el humor blanco que lo catapultó a la fama con 'Ocho apellidos vascos'. Aquí no hay personajes, ni chistes fáciles: hay dolor, cicatrices y una honestidad brutal.

A sus 44 años, el actor y humorista malagueño ha decidido dejar las máscaras a un lado. Acostumbrado desde pequeño a enfrentar la vida con humor —escribía cuentos y poemas en el colegio—, Rovira utiliza ahora ese mismo recurso para hablar de las heridas que más duelen: el cáncer, la depresión, la fama mal digerida, el miedo a no saber quién se es cuando se apagan los focos.

DEL ÉXITO AL VACÍO


En 2020, Dani anunció que padecía un linfoma de Hodgkin. La noticia fue un mazazo para sus seguidores, aunque su recuperación se vivió como una especie de victoria colectiva. Pero, como él mismo ha contado en una entrevista con 'El País', el verdadero golpe llegó después: “Cuando te enfrentas a un cáncer, estás en medio de la batalla y no tienes tiempo de pensar. El problema viene cuando todo termina, cuando el cuerpo se enfría y te das cuenta de lo que has pasado. Ahí es donde me pegué el gran hostión”.

Esa caída silenciosa acabó desembocando en una depresión que le sorprendió incluso a él. “Nunca creí que me pudiera pasar. Pensaba que era cosa de gente débil”, confiesa. Hoy sabe que no hay nada más valiente que reconocerlo. Y eso es, precisamente, lo que hace en este espectáculo: ponerle nombre a lo innombrable, con ternura y con valentía.


UNA “AUTOINMOLACIÓN” EMOCIONAL


'Vale la pena' comienza en la consulta de un psicólogo, y lo que viene después es un viaje a corazón abierto. Rovira no pretende dar lecciones ni disfrazar su historia de autoayuda. “Es una autoinmolación”, dice. Un acto de entrega en el que se muestra vulnerable, imperfecto, humano. Su única intención: que alguien, al otro lado de la pantalla, se sienta menos solo.

A lo largo del monólogo, también habla del precio que tuvo que pagar por el éxito. El fenómeno 'Ocho apellidos vascos' le convirtió en una estrella de la noche a la mañana, y con ello llegó algo para lo que no estaba preparado: la pérdida del anonimato. “Pasas de ser Dani a ser ‘el cómico de España’. Y eso te arrastra”, cuenta. Ese cambio de piel le dejó descolocado. Desde entonces, ha aprendido a centrarse en lo esencial: su perro, sus amigos de siempre, la terapia, los libros. Y, sobre todo, en algo que ahora valora más que la felicidad: la paz. “La paz es ser feliz en una meseta, sin importar si estás en un momento bueno o malo”, resume.

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