Los aranceles de Trump encarecen el mundo: así te van a afectar
Su guerra comercial está disparando la incertidumbre global, hundiendo los mercados y poniendo en riesgo el empleo y el bolsillo de miles de españoles
cronicabalear.es | Mallorca, 09 de Abril de 2025 | 11:20h

Las políticas arancelarias impulsadas por Donald Trump han vuelto a poner en jaque a la economía global. Con subidas masivas de impuestos a productos extranjeros (principalmente de origen asiático, pero también europeos), Estados Unidos ha desatado una tormenta financiera que ya deja sentir sus réplicas en la economía cotidiana, incluida la española.
El miedo a una recesión global está hundiendo las bolsas. Wall Street y los principales mercados europeos han registrado caídas acusadas en los últimos días. “El mercado retrocede por la incertidumbre y por el miedo a una posible recesión en Estados Unidos y otros países, incluida la Eurozona. Si hay recesión, hay problemas de empleo e inflación. Y si sucede eso, la gente se queda sin trabajo mientras todo se encarece por culpa de los aranceles”, resume Olivia Feldman, economista.Trump impone un 104% de aranceles a China: ¿Cómo afectará a España?
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El temor de los inversores se traduce en un escenario de estanflación, una combinación peligrosa de inflación alta y crecimiento estancado. Mientras el dólar se debilita y el euro se fortalece, los capitales buscan refugio en activos tradicionales como el oro o los bonos soberanos. “A la bolsa no le gusta la incertidumbre. Cualquier frase de Trump crea ansiedad: hace subir o bajar los mercados en instantes”, advierte Feldman.
El precio del petróleo, considerado un termómetro de la actividad global, también manda señales de alarma al situarse en torno a los 61 dólares el barril, no por un aumento de la oferta, sino por la caída prevista en la demanda. En resumen: el mundo pisa el freno.
¿QUÉ HACER CON LOS AHORROS EN UN ESCENARIO DE INCERTIDUMBRE?
La volatilidad financiera está afectando a productos como planes de pensiones, fondos de inversión o carteras de acciones, especialmente entre quienes están próximos a la jubilación. “Estás en la etapa de preservar, no de arriesgar. A los 64 o 65 años, el enfoque ya no debe ser maximizar rentabilidad, sino conservar capital”, señala Feldman.
La economista desaconseja vender en pánico: “Si tienes margen financiero, aguanta. Si vendes ahora, puedes consolidar pérdidas innecesarias. La renta variable puede recuperarse. Nadie anticipó este mercado bajista en los primeros cuatro meses de 2025, y nadie puede predecir lo rápido o lento que puede mejorar”.
Además, recuerda que la inversión conservadora no siempre es garantía de seguridad. “Muchos piensan que los fondos de renta fija son un refugio, pero si entramos en un escenario de estanflación, también pueden generar pérdidas”.
Para quienes tienen una gran aversión al riesgo, recomienda depósitos con vencimientos inferiores a dos años, que actualmente ofrecen rentabilidades entre el 2,75% TAE y el 3% TAE, según condiciones específicas.
En el caso de los inversores más jóvenes, la perspectiva cambia. “El miedo es natural, pero hay que recordar que históricamente, en el largo plazo, los mercados siempre se han recuperado. El dinero solo se pierde si se vende en pérdidas”, subraya Feldman.
De hecho, algunos aprovechan la caída para aportar más capital a sus fondos, comprando activos a precios bajos. “No es una estrategia para todos. Requiere horizonte a largo plazo y una mentalidad estable. Lo ideal es no vender con pérdidas, y para eso hay que mantener la estrategia, saber por qué se invierte y tener claro que esto es una carrera de fondo, no un sprint”, añade.
Para quienes buscan liquidez sin renunciar a ventajas fiscales, Feldman recuerda que existe la opción de traspasar el capital a un fondo monetario: “Salir del mercado no siempre implica vender con pérdidas y pagar impuestos”.
LA APUESTA DE TRUMP POR EL ‘MADE IN USA’
Trump quiere que lo que se consuma en Estados Unidos se fabrique allí. Su política busca romper la dependencia de Asia, fomentar el ‘Made in USA’ y relocalizar la producción, aunque sin que el país cuente actualmente con capacidad industrial suficiente. “Una fábrica no se levanta en dos semanas. El resultado es caos”, resume Feldman.
El encarecimiento de los productos estadounidenses es parte del plan: se prevé una subida de entre el 5% y el 25% en los precios de productos tecnológicos en Europa.
Aunque parezca un conflicto lejano, España ya sufre sus consecuencias. La reconfiguración del comercio internacional deja especialmente expuestos a quienes menos margen tienen para adaptarse: consumidores y trabajadores.
Sectores como el agroalimentario o la fabricación de maquinaria y equipos eléctricos anticipan dificultades. El caso del aceite de oliva es especialmente preocupante. España es el principal productor mundial, con más de 300 millones de olivos, y exporta a más de 180 países. Estados Unidos es su principal cliente fuera de la Unión Europea.
Según Asoliva, el mercado estadounidense consume el 50% del aceite de oliva que se vende fuera de la UE, más de 430.000 toneladas anuales. “Perder este mercado sería un golpe durísimo”, alerta Feldman.
También el sector automovilístico podría verse afectado de forma indirecta. “España exporta muchas piezas de coches. Si las plantas alemanas frenan su producción por falta de demanda en EE UU, ¿a quién le vendemos nosotros esos componentes?”, plantea la economista.
UNA LUZ ENTRE LA TORMENTA: VENTAJAS PARA EL CONSUMIDOR EUROPEO
No todo son malas noticias. La caída del dólar frente al euro y el descenso del precio del petróleo pueden abaratar costes para los consumidores europeos. “Esto se traduce en una menor factura eléctrica y carburantes más baratos”, destaca Feldman.
El conflicto comercial también tiene consecuencias indirectas para Europa. Los excedentes de productos asiáticos que no pueden entrar en el mercado estadounidense están buscando nuevos destinos. Europa, como gran consumidor, es el objetivo prioritario.
Este fenómeno puede reducir los precios a corto plazo, algo que beneficia al consumidor. Sin embargo, supone un problema para la industria europea, que se ve forzada a competir con productos más baratos, dificultando la viabilidad de muchas empresas.
La historia reciente demuestra que cada vez que Estados Unidos intenta blindarse, las consecuencias se extienden por toda la economía mundial. Y esta vez no será diferente. España, como parte activa del comercio internacional, ya está sufriendo las primeras sacudidas de una política proteccionista que amenaza con reescribir las reglas del juego económico global.








