Putin, 25 años de poder absoluto
El presidente ruso celebra un cuarto de siglo marcado por el absolutismo, la anexión de territorios y la guerra en Ucrania
EFE | Mallorca, 30 de Diciembre de 2024 | 13:38h

El presidente ruso, Vladímir Putin, cumple este martes 31 de diciembre, 25 años al frente del poder absoluto en Rusia. Un cuarto de siglo marcado por la eliminación de enemigos, la anexión de territorios y una vertical de poder monolítica que comienza a mostrar síntomas de agotamiento.
“Nos hemos alejado del borde del precipicio”, aseguró Putin al referirse a la situación del país en 1999, cuando Boris Yeltsin le cedió el mando. Reelegido este año para otro mandato de seis años, Putin se proyecta como el líder que devolvió el orgullo imperial a los rusos, pero el coste de la guerra en Ucrania amenaza con redefinir su legado.
ABSOLUTISMO, IGLESIA Y NACIONALISMO
Durante estos 25 años, Putin ha ejercido un absolutismo despiadado, reforzado por su fe en la Iglesia Ortodoxa como pilar moral frente al liberalismo, y una ideología nacionalista mesiánica que promueve la visión de un "mundo ruso".
A partir de 2012, tras la muerte de Muamar el Gadafi, Putin instauró un régimen personalista donde tiene la última palabra. El Consejo de Seguridad del Kremlin reemplazó las decisiones colegiadas de los tiempos soviéticos, mientras que el partido oficialista y el Parlamento quedaron como meras comparsas.
La reforma constitucional de 2020, que le permite permanecer en el poder hasta 2036, consolidó su proyecto autoritario, apoyándose en la religión para legitimarse como líder con un supuesto mandato divino. Este aislamiento se acentuó durante la pandemia, cuando Putin planeaba desde su búnker, rodeado de mapas de la Rusia imperial, lo que sería la primera invasión de un país europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
LA GUERRA CONTRA OCCIDENTE Y SU PROPIO PUEBLO
La apresurada retirada estadounidense de Afganistán reforzó en Putin la idea de que Occidente estaba debilitado, llevándole a subestimar la resistencia de Ucrania. Los informes erróneos de sus servicios de inteligencia le hicieron creer que el presidente Zelenski huiría en tres días, pero su cálculo fue un error histórico.
Con la ayuda de antiguos colegas del KGB, Putin no solo declaró la guerra a Occidente, sino también a su propio pueblo: opositores como Navalni, escritores como Akunin, periodistas, activistas, científicos y jóvenes que rechazan combatir en Ucrania. Ha instaurado una revolución cultural en la que los héroes no son proletarios, sino veteranos de guerra convencidos del destino manifiesto de Rusia como nación elegida.
GRIETAS EN EL SISTEMA Y RETOS INTERNOS
El sistema de Putin, aunque autoritario, ha comenzado a mostrar signos de debilidad. La guerra relámpago en Ucrania se ha transformado en una sangría de hombres y recursos, exponiendo el atraso tecnológico y la corrupción en las filas del ejército.
El fallido intento de sublevación del jefe del Grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, marcó un punto de inflexión. Aunque sofocado, despertó a una población en letargo y puso de manifiesto el descontento interno.
Los errores acumulados por los servicios secretos rusos también han socavado la estabilidad del régimen. Desde el atentado islamista en marzo, que dejó 145 muertos, hasta el reciente asesinato del general encargado de la defensa química y biológica, la falta de control genera tensiones dentro del Kremlin.
EL LEGADO Y LAS LIMITACIONES DE RUSIA
Putin ha intentado proyectar a Rusia como una potencia capaz de desafiar la hegemonía occidental, exportando el uso de la fuerza como su principal arma geopolítica. Sin embargo, la guerra en Ucrania ha demostrado que este modelo es obsoleto y costoso.
A 25 años de su llegada al poder, el futuro de Putin dependerá de su capacidad para mantener un equilibrio entre sus ambiciones imperiales y las crecientes tensiones internas y externas. El legado de quien quiso devolver a Rusia su gloria imperial se enfrenta ahora a un juicio tanto histórico como geopolítico.







