El enigma del crimen de Los Galindos sigue sin resolver casi cincuenta años después
"El caso guarda muchos misterios sin resolver"
EFE | Mallorca, 18 de Agosto de 2024 | 08:48h

Cinco cadáveres, uno con disparos de escopeta a quemarropa, dos con la cabeza destrozada por una pieza metálica dentada y otros dos calcinados, fue el saldo del crimen de Los Galindos, el cortijo de Paradas (Sevilla), escenario de una orgía de sangre que, casi cincuenta años después, sigue acumulando preguntas sin respuesta.
"El caso guarda muchos misterios sin resolver," ha asegurado el periodista Francisco Gil Chaparro, autor de "Los Galindos. El crimen de los silencios," que la sevillana editorial El Paseo llevará a las librerías el próximo día 26, un año antes de que se cumpla casi medio siglo de estos cinco homicidios que quedaron sin resolver, pese a los muchos indicios de que fueron ejecutados de manera improvisada y burda.
Después de treinta años estudiando el crimen y entrevistando a testigos, vecinos de Paradas, jueces, fiscales y abogados, Gil Chaparro, periodista de 65 años con una amplia trayectoria en la cobertura de sucesos, afirma que el crimen de Los Galindos quedó irresuelto por "una pésima investigación inicial."
CADÁVERES QUEMADOS
El 22 de julio de 1975, alguien asesinó al capataz del cortijo de Los Galindos, un ex guardia civil apellidado Zapata, y a su esposa golpeándoles en la cabeza con la pieza metálica y dentada de una empacadora conocida como "pajarito." Posteriormente, un tractorista apellidado Parrilla que pasó por el cortijo para cargar agua fue asesinado con tres tiros de escopeta y, finalmente, los cuerpos de otro tractorista apellidado González y su esposa fueron quemados en una gran pira de paja.
La Guardia Civil concluyó las investigaciones 25 días después de los hechos, afirmando que González había sido el autor y que decidió suicidarse junto al cadáver de su esposa quemándose.
Esa conclusión, tan precipitada como insostenible, la atribuye Gil Chaparro a que el dueño del cortijo, exmilitar y aristócrata con títulos de Grandeza de España, consiguió que las autoridades de la dictadura echaran tierra sobre el asunto.
EL CADÁVER PERDIDO DEL CAPATAZ
Ocho años después del crimen, y ante el cúmulo de incongruencias, un juez decidió exhumar los cadáveres y, tras una nueva autopsia, se confirmó que González y su esposa también tenían la cabeza destrozada y que al tractorista, además, le habían seccionado las piernas y los brazos, con lo cual difícilmente podía ser el autor del crimen.
Además, se demostró que González, tras cometer los homicidios del capataz Zapata y su esposa, fue al pueblo de Paradas a recoger a su esposa para, a las tres de la tarde de un caluroso día de julio, regresar urgentemente al cortijo vistiendo sus mejores galas, para terminar calcinados en el fuego.
El cadáver de Zapata no fue hallado hasta tres días después del crimen, semioculto por un montón de paja junto a una tapia exterior del cortijo, lo que inicialmente hizo que se le achacaran las muertes.
Para aumentar el misterio, el dueño del cortijo, el marqués de Grañina, se quedó a dormir en Los Galindos la misma noche del crimen y las dos posteriores. Cuando fue interrogado sobre ello, adujo que tenía propiedades en el lugar -maquinaria y animales, entre otras- que no podía dejar sin custodia.
Uno de los cinco hijos de Grañina, Juan Mateo Fernández de Cordova, publicó hace cinco años un libro titulado "El crimen de los Galindos: Toda la verdad", que Gil Chaparro juzga falto de rigor, a pesar de que culpe a su propio padre de haber sido, al menos, encubridor de los crímenes.
NOVELAS, PELÍCULAS, SERIES, DOCUMENTALES
Todos estos hechos fueron recogidos por Gil Chaparro en 1997 en "El crimen de Los Galindos," publicado por la Universidad de Sevilla, en cuya Facultad de Comunicación se ha estudiado como ejemplo de periodismo de investigación, con un prólogo del catedrático de Periodismo Ramón Reig.
Sobre aquella investigación inicial es sobre la que ha trabajado ahora con materiales inéditos Gil Chaparro, quien está convencido de que el crimen no se resolverá nunca, de que sus autores -al menos dos o tres personas del entorno más inmediato a Los Galindos- puede que ya hayan muerto, y quien albergó alguna esperanza de que confesaran cuando los delitos prescribieron en 1995.
Como todos los hechos envueltos en misterio, estos han dado lugar a libros como "La novela del crimen de Los Galindos," del periodista Ismael Fuentes -para Gil Chaparro el más conectado con la realidad- o la novela de absoluta ficción de Alfonso Grosso "Los invitados" -llevada al cine con el mismo título y con la intervención de Lola Flores y Amparo Muñoz-, además de la serie televisiva "El marqués" y un documental en cinco entregas.







