Rubén García, un "foraster" que hace humor del carácter mallorquín

Marina J Ramos | 27/06/2021

Hacer humor de los asuntos de Mallorca siendo “foraster”, un reto que emprendió hace años el conocido cómico Rubén García (Valencia, 1983). Tras una década actuando sobre los más reputados escenarios nacionales, como el teatro de la Gran Vía de Madrid o el programa Comedy Central, recala periódicamente en la Sala de La Movida de Palma con su show “Queridos Mallorquines”, con el que trata de ofrecer un análisis de la sociedad mallorquina vista desde fuera y en clave humorística, tras más de un lustro viviendo en la Isla.

Muy conocido también en redes sociales, Rubén cuelga periódicamente breves parodias con las que intenta aportar un punto cómico a la crispada actualidad política. Al estallar la pandemia contaba con cerca de 60.000 seguidores. Ahora aglutina ya a más de 250.000.

El humorista valenciano habla en una entrevista con Crónica Balear sobre su visión del carácter mallorquín, la importancia del humor y la polarización actual de la sociedad.

¿Qué es el humor?

Para mí el humor es una herramienta para demostrar que la vida tiene distintas visiones: podemos transformar el odio en sonrisas, coger lo negativo de la sociedad y darle una vuelta para llevarlo en clave positiva. Al final, lo que intento es relativizar: mostrar que no se tiene por qué llevar al extremo determinados asuntos. El humor, en definitiva, es una forma de vida, muy necesaria además hoy en día, tal y como está la sociedad.

¿Cómo definiría el humor mallorquín?

Los mallorquines tenéis una forma de ser muy introvertida. Cuando se hacen chistes sobre vuestra cultura cuesta que os hagan reír, hay que entenderos muy bien.

Y cuesta, sobre todo, por ejemplo, con vuestras expresiones. Las decís porque las tenéis interiorizadas, pero el que viene de fuera no las entiende. Que utilicéis la frase “Ja et diré coses” cuando en realidad para vosotros significa: “No te voy a volver a hablar en mi vida” es el paradigma.

En los shows al principio me costaba mucho contar cosas mallorquinas, porque la gente desconfiaba de un foraster que hacía chistes de mallorquines.

Cuando trataba de ironizar sobre el precio de los alquileres, el público a veces incluso se lo tomaba en clave negativa, pero ahora que ya os tengo calados, consigo que la gente se descojone. Es importante poder al menos sacarle un toque de humor a este tipo de problemas.

¿De qué nos reímos los mallorquines?

Os reís poco, en general -bromea-, y lo hacéis como para adentro. No os gusta que la gente vea qué os hace gracia. Me han llegado a decir: “Nos lo hemos pasado muy bien, pero es que nosotros no somos muy de aplaudir ni de reír” y eso que, viniendo a un show de comedia, es de lo que se debería de tratar. Esto en Andalucía no me pasa.

El carácter del mallorquín es muy prudente, tarda más tiempo en confiar en los demás, pero cuando te acoge, lo hace de verdad y con todo.

Y es que queréis tanto a la isla que a veces algunos se creen que Mallorca es lo único que hay, es el centro del universo, y nos miráis a los forasters, a los que venimos de fuera, como si fuéramos tribus indígenas.

 El próximo viernes, 2 de julio, vuelve a la Sala de La Movida de Palma con su ya tradicional espectáculo "Queridos Mallorquines" ¿Qué se trata en el show?

En el show utilizo el humor para tratar asuntos de Mallorca que desde fuera parecen surrealistas, pero huyendo de los típicos topicazos extendidos por la Península, como el balconing o los guiris de Magaluf, propios de quienes no conocen realmente la isla. Iintento contar cosas más cercanas, que no se conocen desde fuera y que tienes que vivir aquí para entenderlas y saber tratarlas para llevarlas al humor.

Cuento mi experiencia desde que he venido a vivir a Mallorca, desde antes de ser “resident”, a cuando ya lo soy, cómo he ido lidiando con el carácter mallorquín.... Son varios bloques, de humor muy autóctono, en los que también hablo de vuestras comidas, costumbres...

Además, echo mano de la actualidad de las Islas para hacer risa, que da mucho de sí, con, por ejemplo, el caso de Armengol, que cerró los bares, pero con ella dentro -dice riendo-.

Precisamente, además de espectáculos en vivo, también cuelga pequeños gags en Youtube, utilizando la comedia para tratar asuntos de la actualidad política…

Lo que hago ahí son parodias, para poner un punto de humor a la actualidad, tan polarizada hoy en día y que genera tanto enfrentamiento. El objetivo es intentar ofrecer una perspectiva de estos temas desde el humor.

¿Encuentra al público cada vez más polarizado?

Sin duda, pero no al público, a la sociedad. En las redes sociales, cuando tocas temas polémicos, como, en mi caso, la política, casi siempre se genera “jaleo”. Es muy fácil comentar desde perfiles anónimos.

Sobre todo me encuentro este tipo de respuestas entre perfiles de izquierda, sorprendentemente. Mi experiencia es que cuando critico a la derecha, los mensajes son de aceptación: “Oye, se ha hecho mal, faltaría más que no nos critiquéis”, pero la respuesta en ocasiones de la audiencia más de izquierdas es: “A este tío hay que matarlo”. Se lo toman muy mal por lo general y no aceptan las críticas.

La mayoría de “haters” que tengo son de izquierdas, y eso que yo me considero de izquierdas y vengo de una familia que me ha inculcado estos valores. No sé por qué se produce este fenómeno, pero es lo que me llevo encontrando entre el público en internet desde hace unos años.

¿Le ha llegado a censurar esta crispación a la hora de escribir sus monólogos?

Creo que la peor censura es la autocensura y existe. Y mucha. Yo quito chistes a veces porque siento que pueden herir a cierto colectivo o porque siento que se van a malinterpretar y de lo que se trata al final es de hacer risa.

Al fina, todo lo que esté relacionado con la política acaba sufriendo de autocensura, por miedo a meterse en un jardín: “Esto no lo digamos, porque sino los del otro lado se van a molestar y ya verás cómo te van a poner”.


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