La Policía, sobre Penalva y Subirán:
Miguel Ángel Subirán y el juez Manuel Penalva

La Policía Nacional ha echado por tierra la instrucción del caso Cursach llevada a cabo por el juez Manuel Penalva y el exfiscal Miguel Ángel Subirán. Lo ha hecho mediante un nuevo y tajante informe en el que equipara su modo de “actuar y organizarse” con el propio de “una organización criminal con estabilidad en el tiempo dedicada a la comisión reiterada de delitos”. Un “grupo criminal”, inciden los agentes, que “ha sembrado el terror entre sus víctimas reales y potenciales”.

A lo largo de 415 páginas, el informe, al que ha tenido acceso Crónica Balear, profundiza en los métodos ilegales de los que habrían hecho uso Penalva, Subirán y varios agentes de Blanqueo a fin de apuntalar sus acusaciones. Prácticas entre las que los funcionarios policiales subrayan especialmente una: la utilización de un testigo protegido, el número 29, al que los agentes consideran el “más peligroso“: “detrás tiene a todo un Juez, un Fiscal y un Grupo de Policía que lo amparan de forma presuntamente delictiva en su propio interés”.

Según el documento recientemente incorporado a la causa que investiga las irregularidades que habrían cometido ambos juristas y cuatro policías nacionales, el testigo 29 se convirtió “en un auténtico misil teledirigido por el juez y el fiscal así como por miembros del grupo de Blanqueo contra aquel que, de algún modo, dificultase la investigación, despreciando una vez más las más mínimas normas de la justicia, la ética y, por qué no decirlo, la humanidad“.

En esta línea, el informe alude a la “unidad de acción” que el testigo formaba “con el grupo criminal” -denominación con la que en hasta una veintena de ocasiones la Policía se refiere a Penalva, Subirán y los agentes investigados- y asevera cómo llegó a urdir “coartadas rocambolescas” y a denunciar “supuestas conspiraciones a estas alturas imposibles de mantener” a la luz de los datos arrojados por las investigaciones en torno a los antiguos investigadores del caso Cursach.

Comparando su modo de proceder con las supuestas argucias llevadas a cabo por otra testigo clave, la 31 -más conocida como la ‘madame’-, el informe recalca cómo el testigo 29, tras irrumpir en la causa y “movido por unos intereses propios y por su forma de actuar ‘enfermiza’“, acusó no sólo a varios policías locales de Palma y a diversos directivos de la discoteca Tito’s -en la que trabajó de forma temporal- “con una mezcla de datos genéricos claramente extraídos de las filtraciones interesadas a prensa y de los datos que poseía” de cuando trabajó en el local, sino también a personas “con las que mantenía enemistad”.

“El testigo es una persona enfermiza, calculadora y que no duda en acosar o denunciar de forma mendaz a todo aquél con el que se obsesiona o al que se enfrenta”, relata el informe, que hace hincapié en cómo, a cambio de reconocer a una serie de policías locales presuntamente beneficiados por Cursach, “obtiene la protección incondicional del grupo organizado”. “Presenta a sus víctimas como verdaderos sicarios del grupo mafioso Cursach, que amenazan y agreden de forma continua”, abundan los funcionarios policiales.

Las víctimas del testigo 29

El informe sostiene que su conducta se remonta a varios años antes de que se iniciaran las investigaciones del caso Cursach. Según los agentes, el testigo 29 “había acosado, al menos, a un joven con el que se obsesionó y con el que al parecer trató de mantener una
relación sentimental sin conseguirlo”. Tiempo después le volvió a suceder lo mismo con
un montador de cocinas, Adrián, a quien conocía desde hacía años. Cuando éste inició una relación con una joven, el testigo inició “una espiral de celos y acoso” y comenzó a atacar “mediante artificios” a todo el entorno de la pareja. Involucrándoles, incluso, en el caso Cursach.

“A partir de ahí, el testigo va tejiendo una telaraña que atrapa a todo aquél” que se relaciona con la pareja, hasta tal punto de que Adrián, que “trabaja de forma ordenada y sin tacha, será encarcelado en varias ocasiones y acabará viviendo sin encender la luz en su domicilio para que no sepa que se encuentra en su interior por el acoso que sufre, haciendo pequeñas compras para poder demostrar dónde está en cada momento ante posibles denuncias falsas, traicionando sus más profundas creencias
religiosas a cambio de salir de prisión”. Los policías señalan que Adrián acabó cuatro veces detenido y dos, ingresado en prisión “de forma presuntamente injusta”.

Por su parte, la joven, “cuyo único delito fue ser pareja del anterior durante un año aproximadamente, se convirtió para los ahora investigados en una exprostituta que planeó incluso acabar con la vida del testigo 29″. El informe apunta que su acosador logró  arrinconarla, que su familia le hostigase e incluso que su hermano, Florián, acabara en la cárcel. Sobre éste, los inspectores señalan que se le acusó de ser “sicario de Cursach, para el que ni siquiera ha trabajado”, acusado de agresiones que “no cometió y que, con pruebas y testigos falsos, lograron que entrara en prisión preventiva” y fuese finalmente
condenado. “Se le negaron las más mínimas posibilidades de defensa“, abunda el documento.

Mientras tanto, otro joven, Marian, también acabó siendo, según el testigo 29, “otro sicario cuyo crimen fue salir una noche con Adrián de fiesta, un verdadero hombre hercúleo al cual se consiguió reducir a la más mínima versión de sí mismo. Asustado tan sólo de escuchar el nombre de un testigo al que apenas conoce y que logró llevarlo a prisión. Una persona condenada igualmente por una instrucción totalmente dirigida y parcial que finalizó con su condena e ingreso en prisión. Solo por el proceder inhumano de los ahora investigados se perdería el nacimiento de su hijo, al que conoció después de cumplir casi
30 meses de prisión”.

Acusaciones a toda costa

A lo largo de la instrucción de la causa que investiga el papel de Penalva y Subirán, la Policía Nacional ha puesto contra las cuerdas a juez y exfiscal por los métodos a los que habrían acudido para mantener vivas sus acusaciones y allanar futuras condenas. Entre ellos, el blindaje de testigos, la ocultación deliberada de pruebas, la fabricación de otras para “conseguir acusaciones toda costa” y “sin ningún tipo de rigor” y un “sinfín de imputaciones e ingresos en prisión injustos”.

Con todo ello, según la Policía, la presunta organización buscaba sostener la existencia de un “entramado mafioso” dirigido a proteger los intereses del empresario del ocio nocturno Bartolomé Cursach.

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