Las vivencias de un preso en la cárcel de Palma. Capítulo VI

Las vivencias de un preso en la cárcel de Palma.  Capítulo I

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Leyendo, y se acercó un chico gitano a quien le pusimos Fermín de apodo, y me dijo: “dortor Freud, ¿tiene usted un momento?”. “Sí, pero no me digas de usted, ni doctor, que yo no soy doctor de nada y soy más joven que tú”, le respondí. “Bueno, perdone usted, dortor Freud”. Y prosiguió:

– Por cierto, dortor Freud, usted que sabe, ¿hoy qué comemos?

– ¿Qué día es hoy?

– ¡¡Martes!!

– Hoy comemos arroz tres desgracias (una imitación triste al tres delicias) y albóndigas.

Eran muy buenas, por cierto, para adelgazar (porque no había quien se las comiese). Ahí fue donde descubrí que el karma existe, y es que yo le daba a mi perro arroz con albóndigas y él me miraba con cara de “me las como porque no hay nada más”. Diez años después la vida me devolvía un arroz del mismo estilo con albóndigas incomibles. Os aseguro que eran más buenas las salchichas de mi perro que lo que nos daban allí. Si va Chicote a la cárcel, meten a los que dirigen la comida de la cárcel en la cárcel (¡¡ah, no!! que en la cárcel ya están).

Mientras me hablaba, Fermín se sentó a mi lado en el banco y se quitó un momento las deportivas. En 10 segundos había subido la polución de la cárcel y alrededores.

– Fermín, el día que te toque médico pídele que te recete PEUSEK INTRAVENOSO.

– Qué dices, Freud. ¿No me digas que coloca el PEUSECK?

– No, el Peusek no, lo que coloca es el aroma de tus pies.

Fermín se había especializado en robar perfumes en supermercados, se había saltado un par de órdenes de alejamiento de supermercados y, al final, una jueza lo metió en la cárcel…

– Fermín, ¿tú nunca te has planteado, cuando cometes los errores involuntarios, quedarte de vez en cuando alguna colonia y algún desodorante y aplicártelos?

– No, qué va, ¿para qué? Sí, eso es de payos.

Fermín decía que él no robaba, que él había cometido muchos errores involuntarios. Eso es lo que le había dicho a los psicólogos, que él cometía errores involuntarios como Cristina Cifuentes, que de robar nada. Él era de los de la lista negra del centro.

Ese día, Fermín quería hablar conmigo ya que estaba muy cabreado porque llevaba dos meses fregando suelos para “poder hacer el amol con la YESI”. En resumen, para poder tener beneficios penitenciarios, pero él se liaba un poco con el vocabulario técnico de la cárcel. Él tenía claro que si fregaba iba a tener un vis a vis con “la YESI” y podría hacer el amol.

Está muy bien montado el sistema en la cárcel para crear buen ambiente entre presos, para que las personas salgan motivadas y reinsertadas, y funciona de la siguiente manera: si quieres tener beneficios penitenciarios, tienes que fregar el suelo del módulo en el que estés.

Si friegas durante dos meses por la mañana, a mediodía y por la noche te dan una serie de puntos, más friegas, más puntos, y si llegas a los puntos que ellos calculan te dan, en teoría, uno o dos vis a vis en los tres meses siguientes.

Lo tienen organizado y calculado para que nunca los presos lleguen a los puntos o si alguien consigue llegar, que llegue muy rascado. Pero da igual, al que llega a los puntos la junta de tratamiento (junta de “mal tratamiento” llamada por los internos por detalles como los que hoy os estoy contando) le hacen un informe de mal comportamiento con excusas como: no se adapta a los compañeros, no se adapta a la reinserción (esa que no existe) o no acepta la culpa del delito que cometió. Se excluyen a los chivatos. Por cierto, a LOS CHIVATOS se les llama LOS SINCEROS: a estos les dan de todo.

Pues os podéis imaginar la tensión que hay allí dentro. Una persona que está dos meses fregando como un loco para tener beneficios y así poder ver a su pareja o a su familia y cuando llega la hora de poder tener beneficios penitenciarios y ven que les han tomado el pelo, que ellos se habían creado unas expectativas que después no se cumplían… El cóctel de ignorancia, rabia e impotencia es una bomba de relojería. Por eso hay tantas agresiones a los funcionarios de la cárcel de Palma. Nunca entendí un modelo de reinserción a base de latigazos y no lo voy a entender nunca. Si a un perro le das todo el día palos, lo más normal es que se vuelva un perro agresivo y no es la raza, es el trato.

Uno de los retos que me planteé antes de entrar en la cárcel era poder conocer a presos conflictivos y agresivos para poder saber de sus vidas y escribir sobre ellas, por si un día tenía que hacerlo como lo estoy haciendo en estos capítulos.

Os puedo decir que sólo hay una fórmula para mantener un diálogo con presos agresivos y es escucharles y darles el afecto que muchos no han tenido de niños. Os digo a un preso agresivo, al menos, lo ves venir de frente. Los de la junta de “mal tratamiento” nunca sabes por dónde te van a intentar fastidiar. Pero hay un remedio muy efectivo allí dentro para no pasarlo mal y es ignorar a la junta de “mal tratamiento”. De todas maneras, sabes para lo que están. A partir de saber eso, no hay que perder el tiempo con ellos: cambiar el enfoque, cambiar la atención.

APARTE DE SER LA CÁRCEL, AQUELLO ES EL HOTEL DEL SUFRIMIENTO, PERO INTENCIONADO. Cada persona decide qué hacer cuando tiene personas tóxicas delante: a mí me pueden insultar o intentar tratarme mal, pero que lo consigan sólo depende de mí, no de ellos. En la vida de una persona sólo puede mandar ella. Si mandan los demás es que hay algo que falla.

Y lo que pasa allí dentro es que después un funcionario de prisiones que es buena persona que pasaba por un módulo de casualidad se la come entera, sin comerla ni beberla le agreden. La mitad de los funcionarios no se enteran de las malas artes de la junta de “mal tratamiento” con los presos y muchos que sí sabían lo que había nos miraban como diciendo: “es lo que hay, que queréis que os hagamos”. (Igual que digo una cosa, también digo que hay muchos funcionarios que son buena gente, que empatizan con los presos y los tratan como personas normales, que creo que es lo que tocaría en una sociedad civilizada que creyese en una reinserción real).

Si alguien tiene alguna duda de lo que estoy contando que mire en Google y verá como la cárcel de Palma es una de las prisiones donde hay más agresiones a funcionarios de toda España. Os podéis imaginar que no es porque les den amor a los presos, aunque después desde el centro cuenten a la prensa lo que les interese contar.

La semana pasada saltó la noticia de lo que sucede en el IMAS con los menores y la prostitución. Si pasan de la gente joven a la que en teoría tienen que ayudar y proteger, que es lo que han reconocido desde el IMAS -aunque después hayan cambiado la versión-, OS PODÉIS IMAGINAR LO QUE ES LA CÁRCEL. Partiendo de la base de que los presos son la escoria de la sociedad, encima la junta de “mal tratamiento” se ampara en un muro para hacer con los presos lo que les dé la gana.

El Defensor del Pueblo ha pedido en reiteradas ocasiones al Gobierno que se instalen cámaras en las cárceles para poder controlar el trato a los presos en las cárceles españolas. Y añadiría yo que podrían grabar las entrevistas que hacen los psicólogos a los presos cada seis meses para saber si están reinsertados. Pero no interesa que vean el trato que les dispensan, cuando tendría que ser algo normal.

Sí, es muy fácil acabar con las agresiones en las cárceles españolas y es tratar a las personas como personas y darles a los presos los beneficios penitenciarios que establece la Ley. Nada extraordinario, lo normal, sólo lo que toca por Ley, simplemente hacer lo mismo que han hecho con Urdangarin y con los presos del procés que acaban de salir de permiso. Veríais cómo se acaban las agresiones, porque los presos también quieren estar con su familia y con sus amigos como Urdangarin. Son presos, no extraterrestres.

Muchas veces digo que cuando ves realmente lo que hay en determinadas circunstancias, que todo es una mentira, que es una hipocresía, mejor que luchar contra una desgracia o contra una adversidad es a veces tratar de ser feliz dentro de ella aceptándola como es, pero cambiándole la interpretación y creando la realidad que a una persona le haga sufrir menos.

¿Es fácil? No, no hay nada fácil en la vida. HAY QUE APRENDER a disfrutar de los procesos que nos hacen crecer. Hay que disfrutar de la adversidad, de los errores, de los fracasos, de los procesos de aprendizaje y, para eso, una de las fórmulas es el sentido del humor. Es otra forma de darle la vuelta y desdramatizar situaciones que para otra persona constituirían un trauma o una patología de por vida.

Pues se sentó Fermín en el banco y me contaba lo que le había pasado, todo lo que había fregado, que no le habían dado ningún beneficio penitenciario y que de no poder ver a “la YESI” las veces que él esperaba tenía mucha ansiedad.

– Freud, mira, yo estoy mu malamente. He conseguido ansiolíticos. Todo eso adrezado con una Pepsi, ¿no, Fermín?

– Sí, claro.

– Y cada día estoy peor. ¿Qué harías?

– Yo no soy nadie para aconsejarte. Pide  cita para ir al médico y hablar con él.

– Bueno, ¿pero tú qué harías, Freud?

– Yo no soy muy partidario de doparme con medicamentos. Pienso que si quieres cambiar los efectos de tu vida tienes que cambiar las causas, y para cambiar las causas tienes que cambiar la forma de pensar. Pero, para empezar, lo que haría de ti es hacer deporte, porque la rabia la gritas, el dolor lo lloras, al miedo le das luz (información), los bloqueos los hablas y la ansiedad la caminas o la corres, y así podríamos seguir con muchos conflictos emocionales.

– Freud, no se qué me fueras dicho, pero ¿qué hago? Aconséjame tú.

– Pues empieza con pequeños pasos: mañana empiezas caminando 15 minutos, al día siguiente, 30. El otro una hora, al otro corres 15 minutos, al día siguiente 30 más, y verás en poco tiempo lo bien que estarás.

Al día siguiente bajé por la mañana y Fermín corría como un loco dando vueltas al patio. Aparte de en Cuarto Milenio, en la cárcel también sueles ver muchos fenómenos paranormales, cosas que realmente no verás en ningún sitio. Lo normal sería ver un gitano corriendo delante de la guardia civil, pero ese día corría solo sin guardia civil.

Dicen que el triatlón lo inventaron los gitanos que se van a la piscina corriendo y vuelven en bicicleta. A este chico le pusimos de apodo FERMÍN CACHO, como el atleta, porque en una pelea le habían arrancando un cacho de oreja y como todo el día corría le venía bordado el nombre.

Llegó un momento en el que siempre corría y un día le pregunté de dónde sacaba la motivación. Y me dijo: “de ningún sitio, yo no la he robao, ¡¡¡eh!!!

– No, Fermín, la motivación, las ganas, la fuerza… ¿Qué es lo que hace que todas las mañanas corras dos horas?

– “La YESI” es la que me lo da .

No hacía mucho tiempo que había entrado en la cárcel y le llegó una carta de “la YESI”.
Como yo todos los días estaba en el banco tomando el sol y leyendo, vino, se sentó al lado y me dijo:

– Freud, me puedes leer una carta de “la YESI”. Pero Freud, despacio porque soy muy semental.

– ¿Semental?

– Sí, Freud, que me pongo triste mu rápido.

– Ah, sentimental.

– Sí, eso, semental.

Otro día os contaré cómo por carta se acababan muchos matrimonios y parejas, y cómo otros presos me pedían si podía escribirles una carta de amor para una chica que habían conocido en misa en la cárcel.

Ese día, Fermín me dijo: “Freud, tú eres un poco sospechoso, porque hablas muy bien y vistes muy mal, parece que el gitano eres tú y yo el payo. Freud, yo te dejaré un chándal del Real Madrid para que vayas por aquí elegante.

Y es que antes de entrar en la cárcel me dijeron que tenía que llevar la ropa más vieja y peor que tuviese porque allí dentro, si entrabas con ropa de marca, saldría con ropa de marcas de bebidas (porque te la quitan), o eso me habían dicho. La ropa que me llevé al entrar era algo muy parecido a un desafío contra las leyes de la elegancia, pero me sentía bien. Allí dentro al principio no sabía si estaba en la cárcel o en las Olimpiadas.

Era un contraste sorprendente, parecía la presentación de las Olimpiadas en la que desfilan todos los países, todo tipo de presos, de todos los países, todo tipo de chándal, deportivas y marcas estaban representadas, ibas todo el día deslumbrado del colorido que había. Sólo faltaban los carteles de los países representantes.

En el próximo capítulo os hablaré de un taller sobre el mundo de la mente que hicimos a escondidas en la biblioteca del módulo en el que estábamos.

2 Comentarios

  1. Y mientras tanto, en Holanda, no saben que hacer con las prisiones vacías que tienen debido al éxito de su programa de reinserción.

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