La preeclampsia en el embarazo
La subida de tensión arterial o preeclampsia, por norma general, se diagnostica a las veinte semanas de gestación en mujeres que no han tenido problemas previos en su presión arterial.

La preeclampsia o subida de la presión arterial (hipertensión arterial) es una patología que puede presentarse de forma repentina o de manera más gradual en el embarazo. Puede ocurrir también antes o después. Suele afectar alrededor del 8-9% de las embarazadas pese a no conocerse el motivo concreto de su aparición. También puede suceder antes o después del embarazo. La mayoría de los casos suelen tener un buen término con el tratamiento indicado.

Esta subida de tensión arterial, por norma general, se diagnostica a las veinte semanas de gestación en mujeres que no han tenido problemas previos en su presión arterial. Los daños que pueden derivarse afectan al cerebro, hígado y riñones. Las consecuencias serán contraproducentes para madre e hijo.

Síntomas de la preeclampsia

Algunos de los factores de riesgo en la preeclampsia son el hecho de ser madre primeriza, ser una mujer con predisposición genética a sufrirla, tener de veinte años o superar los cuarenta, y tener obesidad con el añadido de la presión arterial alta antes de quedarse embarazada. El tabaquismo o el estrés también acentúan esta condición.

A pesar de que en muchas ocasiones la preeclampsia no evidencia síntomas, es recomendable consultar con un especialista cuando existe hinchazón en cara y manos o un aumento de peso de pocos kilos. Algunas mujeres llegan a descubrir esta patología días tras dar a luz ante la aparición de algunos indicativos. En cuanto a los síntomas más destacados:

  • Dolor fuerte de cabeza.
  • Orinar en pequeñas cantidades.
  • Niveles bajos de plaquetas.
  • Dificultad para respirar.
  • Sudor frío.
  • Pérdida temporal de visión o visión borrosa.
  • Náuseas.
  • Vómitos.

Por el contrario, los leves indican, además de la hipertensión arterial, proteínas en la orina y retención de líquidos. Si el bebé recibe menor cantidad de sangre al cerebro afectará a su normal desarrollo en el crecimiento, la cantidad del líquido amniótico en la madre será menor e incluso puede haber un desprendimiento de placenta. En los casos más dramáticos podría producirse un aborto o parto prematuro.

El control de la mujer embarazada

Es recomendable que la embarazada esté más controlada durante los tres primeros meses de embarazo en cuanto a su tensión arterial. El aumento repentino podría suponer la aparición de preeclampsia. Todo lo contrario supondría una bajada, un punto que no implicaría problema alguno.

En las sesiones prenatales la matrona debe controlar los índices de presión arterial en la embarazada. Los valores normales se encuentran de máxima por encima de 100 mmHg y de mínima sobre 70 mmHg. En este caso la mujer se encuentra en buenas condiciones.

A la mujer con preeclampsia de tipo leve se le prescribe descanso y necesita someterse a controles rutinarios y a una medicación indicada para prevenir la hipertensión. En una preeclampsia severa el ingreso hospitalario de la madre hasta el momento del parto es inmediato.

El médico a cargo del embarazo vigilará los niveles de tensión realizando un análisis de orina (si se elimina la proteína que hay en sangre al orinar se deduce que los riñones fallan) y tomando la presión arterial. Si hay un positivo en ambas pruebas probablemente indique un diagnóstico de preeclampsia.

Flujo sanguíneo en la preeclampsia

La caída en un periodo prolongado de tiempo de la presión durante la gestación causa una falta de oxígeno en el feto, la reducción de la circulación en madre e hijo y puede provocar problemas severos de tipo cardiológico.

En el embarazo aumenta la cantidad de sangre y los latidos a causa de cada contracción. Por lo tanto, es necesario conocer los valores para cada momento. En los meses de gestación el corazón de la madre trabaja por dos y para que tengan un adecuado funcionamiento. Esto puede causar anemia.

Cuando la embarazada se encuentra en posición supina y el bebé ya tiene un peso importante ejerce una presión que reduce la presión del flujo sanguíneo y con ello la presión arterial. En estos casos lo mejor es tumbarse y elevar las piernas.

Lo recomendable para evitar la reducción de la presión sanguínea es que la embarazada duerma en posición lateral y con una almohada entre las piernas, no realice movimientos rápidos al levantarse y evite la exposición solar. Si ocurre con frecuencia hay que consultarlo con el médico.

La prevención de la preeclampsia

Estar controlada asistiendo a las consultas prenatales es condición rigurosa para la prevención de la preeclampsia. En cada sesión y midiendo la presión arterial la embarazada podrá conocer su estado y en caso positivo recibir el tratamiento adecuado.

Algunos consejos para prevenir la presión arterial elevada son llevar una alimentación adecuada (donde se excluya la comida con muchos azúcares y los alimentos fritos) y realizar ejercicio físico. El abuso de la sal se desaconseja ya que favorece la hipertensión. El alcohol y el tabaco son contraproducentes para la óptima salud del bebé.

Cuando la mujer se encuentra a pocos días de dar a luz, incluso si ocurre a las 37 semanas, con la presión arterial alta lo mejor es tener al bebé. El problema ocurre cuando es demasiado temprano y el niño todavía no está apto para la salida al exterior. Los médicos procurarán mantener el estado de la mujer y controlarles para que el bebé llegue al crecimiento más indicado.

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