La imagen y popularidad en niños y adolescentes
El niño debe aprender a aceptarse y quererse tal y como es. Se debe hablar de sus virtudes y permitirle mostrar sus defectos sin que llegue a sentir presión.

La imagen y el cómo te ven los demás influye en alto grado en los niños y adolescentes, sobre todo hoy en día. El aspecto físico y la popularidad son puntos decisivos que los jóvenes usan para autoafirmarse y clasificarse en un grupo concreto de personas.

Refuerza este pensamiento el que existan programas de televisión en los que se da especial relevancia al físico más que al intelecto. No solo eso, también destaca el hecho de que se mida a las personas por el nivel de atractivo que tienen para el público en redes sociales y en perfiles elaborados para gustar, sean reales o embellecidos y adornados.

La propia imagen y el interior de los niños

Resulta muy importante educar al niño en valores de respeto y aceptación de sí mismo y al prójimo. La importancia que se le de a la imagen física no debe ser excesiva. Los padres tampoco deben anteponer a cualidades intelectuales y de calidez humana el tema físico, ni sobrevalorar una dieta estricta y entrenamientos rígidos y constantes en el gimnasio.

Hay padres que aman el deporte y la vida sana, esto no quiere decir que se olviden de cuidar el intelecto y la ética personal. Igualmente pueden mostrarse naturales y sin artificios sin añadir mensajes erróneos o demasiado impositivos al niño, con lo que llegue a resultarle incomprensible.

Los padres deben saber hablar con el hijo y exponer la serie de cambios físicos, cognoscitivos y emocionales que van a sobrevenir. En los años de camino de la infancia a la adolescencia el niño pasará por fases e irá cambiando y convirtiéndose en una persona con una personalidad e ideas más definidas. Pero hasta entonces hay que trabajar la fuerza mental para encontrarse a gusto con uno mismo ya que el interior es lo que va a pervivir.

La autoestima en los adolescentes

El niño debe aprender a quererse tal y como es y eso lleva un trabajo detrás. Los padres, familiares y profesores deben hablar de sus virtudes y permitirle mostrar sus defectos sin que llegue a sentir presión y sufrir. Nadie es perfecto, aunque se esfuerce en ello y eso no está mal. Es un error querer aparentar algo que uno no es porque traerá muchas decepciones.

Si uno no se deja ver ni conocer nadie podrá disfrutar con sus cualidades ni admirar todo lo que tiene que ofrecer. Los padres que infravaloran al niño, que destacan solamente sus cosas menos positivas están dándole un mensaje inapropiado y mermando la confianza en sí mismo. Resultará contraproducente para él y sus relaciones sociales y personales.

Los niños pueden llegar a avergonzarse de quienes son y con una edad tan corta es difícil estar seguro de sus capacidades y rechazar los comentarios de otros. El niño se entristece si dicen algo negativo sobre sí mismo y no sabe cómo sobrellevarlo. Su daño psicológico puede ser muy perjudicial a corto y largo plazo.

El entorno da o quita popularidad

Desde la familia el niño puede sentirse poco valorado y tratado de un modo incorrecto por su forma de ser. Hay padres que piden continuamente a su hijo que cambie o se parezca a otros (incluso a otro hermano), que son de un modo determinado. Estas acciones no siempre generan en el niño la misma emoción. Hay niños bastantes seguros de sí mismos que dan la importancia justa a determinados comentarios.

No obstante, puede haber menores o adolescentes que sufran discriminación en su entorno familiar o académico y sentir acoso e incomprensión, viéndose obligados a ser de un modo diferente al real o a hacer cosas de las que no se siente convencido. El entorno injustamente puede añadir o restar popularidad a una persona y con esto no permitirá su expresión libre ni una adaptación sana al medio.

Sentirse integrado socialmente por la imagen no da la felicidad

Cuando el niño o el adolescente no se siente cómodo o seguro con su imagen lo exterioriza del peor de los modos: con angustia, cobardía y retraimiento. El pequeño que percibe rechazo o no aceptación por parte de la sociedad por su imagen o por no encajar en un grupo popular presenta una baja autoestima y en conclusión su autoimagen es deficitaria.

Probablemente esto ocurre con el paso del tiempo, cuando comienza a darse cuenta del significado que otros añaden a la belleza, al físico o a la popularidad. No todos las personas pueden actuar o reaccionar del mismo modo, ni siquiera del que se espera de ellos. La belleza de cada ser humano es su propio ser, lo que tiene que compartir con el resto del mundo y que por seguro otros no disponen.

El daño de las redes sociales y la televisión

Si no sabe gestionarse el uso correcto de la televisión (anuncios y programas) y las redes sociales puede causar mucho daño a niños y adolescentes. En estos formatos se vive de la imagen y de la popularidad. Se aboga por la belleza poco natural o exagerada, por vidas superficiales y de “postureo”, por comentarios carentes de cultura y formación y por la escasa dignidad personal. No quiere decir que sea malo hacer uso de estos medios sino que hay que saber hacerlo y con control parental. Los padres siempre deben hablar con los hijos y exponerles la realidad de la vida. Las cadenas por su parte deberían pensar más en las ideas que trasmiten a la población más joven.

La autoestima más eficiente se produce cuando uno toma la iniciativa de mostrarse como es y aceptar las críticas, dándoles el sentido justo. Los niños y adolescentes deben tener la capacidad de enfrentarse al mundo sin prejuicios y darse a conocer y querer conocer, hacer nuevas amistades, descubrir y aprender a tomar decisiones y hacer uso de habilidades sociales.

El silencio y el olvido sin comunicarse entre sí

Hoy en día los niños y adolescentes pueden alejarse los unos de los otros sin tan siquiera verse personalmente. El teléfono y las redes sociales hablan por uno mismo. Ahí se rechaza, se muestra enfado, agrado u olvido desapareciendo o bloqueando al otro. Apenas hay conversación y los jóvenes se imaginan los aspectos menos positivos de sí mismos.

El niño que se está formando o el adolescente que está en transición a su vida adulta necesitan una base emocional sólida para afrontar la vida y los comentarios y sucesos que le llegan. Ser uno mismo es el mayor de los objetivos que pueden cumplirse a esa edad y hacer frente al acoso y la injusticia psicológica comienza cuando se expone y se habla con las personas que mejor pueden reaccionar, sean profesionales o no.

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