Un miembro de Blanqueo avisó a un directivo de Cursach: "siempre llevo 13 balas"

Esther Ballesteros | 27/12/2019

El inspector jefe de la Policía Judicial encargado de la investigación de revelación de secretos en el 'caso Cursach', acude a declarar al Tribunal Superior de Justicia de Baleares. EP

Uno de los miembros del grupo de Blanqueo de la Policía Nacional que durante varios años se encargaron de las investigaciones del caso Cursach hizo llegar en agosto de 2017 una advertencia a Miguel Ángel Pérez-Marsá, directivo del conglomerado propiedad del empresario del ocio nocturno: "tengo cierta destreza en el manejo de mi arma reglamentaria, siempre llevo 13 balas (a veces 14 si va una en recámara)".

Así consta en uno de los últimos atestados incorporados a la causa que indaga las presuntas irregularidades cometidas durante la instrucción del anterior procedimiento judicial. Bajo el foco de estas pesquisas se encuentran no sólo los integrantes de Blanqueo que intervinieron en el caso sino también su antiguo instructor, Manuel Penalva, y el fiscal Miguel Ángel Subirán.

Entre las múltiples prácticas supuestamente ilícitas que la Policía Nacional desgrana en ambos informes, a los que ha tenido acceso Crónica Balear, los agentes aluden al aviso que el subinspector trasladó a Pérez-Marsá, director general del grupo Cursach, después de que, supuestamente, éste hubiera contratado a un investigador para cerciorarse de que el miembro de Blanqueo estaba manteniendo una relación sentimental con una de las testigos del caso en cuyo testimonio -en la actualidad en entredicho- los antiguos investigadores sustentaron buena parte del caso Cursach.

"Empero he hecho llegar un mensaje directo a Pérez Marsá diciendo que si bien no soy un Navy Seal, si soy policía desde hace 22 años, mis notas en la asignatura de tiro ha sido de notable alto (...) y que tenga/an mucho cuidado si pillo a algún capullo siguiéndome o en alguna conducta similar", profiere el subinspector en el chat que los antiguos investigadores mantenían abierto.

Y sentencia: "nunca blasfemo pero si lo tengo que hacer no tienen ni puta idea de lo que puede pasar. Cierto y real. Amén".

La Policía menciona este episodio como si procediese "de un vulgar matón" y llama la atención sobre el hecho de que, en el propio chat, "sorprendentemente el juez o el fiscal, lejos de recriminarle, indican: 'muy bien, que se jodan'".

Irregularidades en el caso Cursach

Según el atestado, el subinspector hizo transmitir la advertencia al directivo del grupo Cursach a través de dos abogados que, si bien aseguraron en dependencias judiciales no haberse sentido atemorizados, sí consideraron la conducta del agente "impropia" de su cargo y su responsabilidad. Nunca en su carrera, afirmaban, les había ocurrido algo similar.

Según la Policía Nacional, el grupo de Blanqueo planificó que los imputados de la causa “se vendieran” unos a otros con el objetivo de obtener incriminaciones sin tan siquiera disponer de pruebas sólidas para ello. Mediante este sistema, los investigadores pretendían sustentar su relato de acusaciones y llegar hasta la cúspide política de la que, a su juicio, emanaban las órdenes de las actuaciones que investigaban.

Los responsables de Blanqueo, ante esa “aparente falta de pruebas sólidas”, habrían ideado así utilizar las amenazas de detención y prisión como medio para lograr declaraciones inculpatorias de unos a otros y presionarles para que se acusaran entre ellos.

Del mismo modo, Penalva y el exjefe del grupo de Blanqueo habrían ofrecido a los detenidos del caso Cursach “poner fin a sus problemas judiciales” si, a cambio, implicaban en las pesquisas al exregidor del PP Álvaro Gijón así como al exsenador y exdelegado del Gobierno José María Rodríguez.

Sentimiento general

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