Las vivencias de un preso en la cárcel de Palma. Capítulo VI

Me llamaban Capitán Freud en honor al famoso neurólogo, padre del psicoanálisis.

Y es que nada más ingresar en prisión -lo que me procuró infinitas experiencias que os iré relatando cada domingo-, me dije: “uauuu, esto es un laboratorio mental, uno de los mayores paraísos mentales a los que nunca podré acceder”.

No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, aunque no es menos cierto que tampoco sabemos lo que nos estábamos perdiendo hasta que lo encontramos. Así que, dentro de la desgracia de entrar en la cárcel, pensé que podía ser divertido y enriquecedor para una de mis pasiones, que es el mundo de la mente.

Aunque en realidad no soy psicólogo, en prisión me llamaban Capitán Freud porque me encanta leer y estudiar cualquier tipo de libro, terapia o artículo que esté relacionado con la mente y su funcionamiento.

Así que los otros presos se referían a mí como “el psicólogo” e incluso “el parapsicólogo”. Tengo que reconocer que yo no quería y me cansaba de decir que no lo era -si fuese psicólogo sería un gran mal psicólogo-, ni psiquiatra, ni tampoco coach. Qué le vamos a hacer. Pero es que no tengo glamour y, a decir verdad, no me interesa tener ninguna titulación, ni sello de este sistema educativo, por mil razones (entre otras, porque el modelo de aprendizaje que se emplea es obsoleto. No es lo mismo estudiar para aprobar que estudiar para aprender).

Y al margen de los títulos, me encanta formarme en cualquier ámbito que esté relacionado con la mente y así lo hago desde hace más de diez años, tiempo suficiente para aprobar dos carreras de psicología que no tengo. Y este es el origen del apodo “Capitán Freud”. ¡Ah! Tampoco tengo ningún máster en Harvard, ni diplomas, más bien no tengo ni una pared para colgarlos.

El raro de los libros

Otros internos también se dirigían a mí como “el raro de los libros“. Y es que cuando llegas a un lugar siniestro donde lo normal son las amenazas, las peleas, las drogas y el maltrato continuado por parte de quienes dicen que deben reinsertarte en la sociedad, una persona que lee con asiduidad es un raro: lo es para los que no leen nunca. Y así, cada día, se acercaba un preso nuevo para preguntarme, con voz cazallera: “perdona, tú eres muy raro, ¿no?”. “Sí, lo soy“, les decía.

La realidad es neutra, cada uno se crea la suya propia, cada persona les otorga una carga emocional distinta a sus vivencias o circunstancias. Para mí eran todos peculiares y yo, para ellos, un tío raro. La realidad es la que es, lo que hacemos con ella es lo que somos nosotros.

Había tres actividades que solía hacer todos los días en la cárcel.

Estudiar derecho penal para poder querellarme (lo he hecho en repetidas ocasiones) contra el juez que me condenó, y porque en el juicio se produjeron todo tipo de irregularidades y todo tipo de contradicciones por parte de los denunciantes. Tal fue así que el magistrado, en el minuto 00.53, detuvo el juicio, hizo callar a toda la sala y pronunció las ilustrísimas palabras: “que no se apunten las contradicciones de los denunciantes”. También estudiaba para hacerme mis propios recursos penitenciarios.

(Aunque sé que de poco va a servir querellarse contra un juez. De hecho, según una de las memorias del Consejo General del Poder Judicial, menos del 1% de querellas interpuestas contra jueces y magistrados prosperan y derivan en sanción. Aún así, nadie puede impedirme luchar por lo que creo que es injusto).

No creo en el sistema educativo y ahora tampoco en el sistema judicial y más después de todo lo que he visto allí dentro. Por eso, no me extraña que buena parte de los españoles considere que la justicia no es igual para todos.

El deporte y la mente

Otra de mis actividades pasaba por hacer deporte para estar en buena condición física y mental, porque no hay que olvidar que la física suele influir en la mental.

Y la última de esas actividades es la más importante para mí: estudiar lo que me apasiona, que es el funcionamiento de la mente del ser humano y sus procesos bioquímicos. También entender cómo reaccionan las personas ante diferentes estímulos y cómo problemas emocionales mantenidos en el tiempo acaban deteriorando nuestra fisonomía y nuestro físico.

Así que me propongo contaros todo lo que viví en prisión, ese laboratorio mental del que os hablaba, de la forma más amena y divertida posible. Cada domingo compartiré con vosotros una nueva experiencia que no os dejará indiferentes. Allá vamos.

4 Comentarios

  1. Me parece loable que quieras formarte y ampliar tus horizontes intelectuales de manera independiente, pero eso no implica que tengas que menospreciar el sacrificio, el esfuerzo y el estudio que ha dedicado un gran sector de la población, a través de este gran sistema educativo español (con sus defectos—pero también con sus virtudes) que tanto criticas. También hay personas que estudian simplemente por el gusto de formarse y adquirir cultura (no únicamente por el título).

    Como dices, en otro capítulo “todas las profesiones son respetables”, por lo tanto sé coherente y empieza por mostrar respeto tú también hacia aquellas personas que han sacado un logrado título universitario (recuerdo-no regalan nada, implica muchos años de estudio, lectura y generalmente, combinado con un trabajo a tiempo completo mal pagado).
    Sólo para reflexionar, cuando estamos enfermos ¿a dónde vamos? ¿A un hospital con médicos titulados o al vecino que se ha leído una infinidad de libros de medicina?
    Nadie es más que nadie, todas las profesiones son necesarias y respetables. TODAS. Estudiar y formarse no le hará nunca mal a nadie, al revés abrirá nuestras mentes.

    • Respeto? Empieza por ti, no crees?
      En ningún momento deja de respetar a los que han luchado por un título universitario, pero tiene todo el derecho de no estar de acuerdo con el sistema educativo.
      Voy a lanzar unas preguntas….
      ¿Por qué el sistema educativo es el mismo desde hace 200años?
      ¿Por qué hay tantos niños medicados con anfetaminas porque tienen el famoso TDH?
      ¿Por qué no somos humildes y reconocemos que está totalmente obsoleto el sistema educativo y hacemos algo?

      Respeto?
      Hay que predicar con el ejemplo, que alguien que no respeta, pida respeto, me parece muy poco respetable.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.