Sara Baras
Fotos: Isabelle Sleijpen


Sara Baras ha sido la escogida por el Auditórium de Palma para celebrar a lo grande sus 50 años de existencia. La cita de esta artista con los mallorquines será los días 29 y 30 de este mes de noviembre en la Sala Magna.

El montaje “Aniversario” ha sido concebido para conmemorar este aniversario tan especial. En él, la artista ha seleccionado fragmentos de todos los espectáculos que ha ofrecido en la Sala Magna a lo largo de su carrera.

El Auditórium de Palma es un viejo conocido para la artista gaditana desde hace ya varias décadas. Concretamente desde que fundase compañía propia en 1988.

Sara Baras (Cádiz, 1971) entró en el escenario como solo saben hacerlo las grandes: pisando segura y mirando a su público a los ojos. Despliega un arte vestido de fuerza, creatividad y elegancia, demostrando a cada paso lo que significa el trabajo diario, la pasión y la búsqueda continua de nuevos lenguajes dentro del flamenco.

Ni un solo giro, ni un solo movimiento son casuales. Desde el primer minuto, el estilo y la pulcritud de Sara Baras demuestran que el cuerpo de una bailaora tiene muchas más palabras que la propia RAE.

Esta artista lleva toda su vida bailando desde que diera sus primeros pasos de la mano de su propia madre, Concha Baras, profesora de baile.

Pocas vidas son tan sacrificadas como la vida del baile profesional. A la disciplina y el trabajo hay que sumar la búsqueda continua de nuevas historias que contar que conecten con el público.

Pero además, Sara Baras, Premio Nacional de Danza en 2004, ha sabido mezclar el flamenco más ortodoxo y las nuevas corrientes, siempre desde el respeto a la tradición. La bailaora los fusiona y los ofrece desde la maestría, desde el talento.

Una artista aclamada internacionalmente

Aún así, muchos no le han perdonado el éxito, aunque poco parece importarle a esta artista consagrada.

Tras años rodando por los escenarios de todo el mundo, fundó su propia compañía en 1998. Con apenas veintisiete años decidió tomar las riendas de su carrera para decidir dónde bailar, con quién y de qué forma.

Desde entonces, Sara Baras, que no imagina su vida sin bailar, lleva trece espectáculos firmados y coreografiados por ella. Ha rescatado del olvido las vidas de grandes mujeres, ensombrecidas e infravaloradas en los libros de historia escritos por hombres.

Así, personajes como  Juana I de Castilla, tristemente conocida como Juana la Loca, o Mariana Pineda han podido recuperar parte de la dignidad que les fue arrebatada por el hecho de ser mujeres.

Contemplar a Sara Baras desde la oscuridad de una butaca es asistir a un fenómeno de la naturaleza.

Rompedora de arquetipos, seductora, tanto de eruditos como de profanos, y aclamada internacionalmente, esperemos que esta bailaora siga creando durante décadas porque, simplemente, el flamenco se merece algo así.

 

 

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