Nevadas artificiales podrían salvar la capa de hielo de la Antártida occidental
NASA


Un equipo de investigadores del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), en Alemania, está estudiando una forma audaz de estabilizar la capa de hielo que se derrite en la Antártida: generando billones de toneladas de nevadas artificialmente bombeando agua del océano sobre los glaciares y distribuyéndolos con cañones de nieve.

Esto significaría esfuerzos de ingeniería sin precedentes pero también un peligro ambiental sustancial en una de las últimas regiones más limpias y protegidas del mundo, con el objetivo evitar el aumento del nivel del mar a largo plazo en algunas de las áreas más densamente pobladas del mundo a lo largo de las costas desde los Estados Unidos hasta China.

«La compensación fundamental es si nosotros, como humanidad, queremos sacrificar la Antártida para proteger las regiones costeras actualmente habitadas y el patrimonio cultural que hemos construido y estamos construyendo en nuestras costas. Se trata de metrópolis globales, desde Nueva York hasta Shanghai, que a largo plazo, si no se hace nada, estará por debajo del nivel del mar», plantea Anders Levermann, físico del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK) y la Universidad de Columbia y uno de los autores del estudio.

Este experto añade que «la capa de hielo de la Antártida Occidental es uno de los elementos de inflexión en nuestro sistema climático. La pérdida de hielo se está acelerando y es posible que no se detenga hasta que prácticamente haya desaparecido».

Las cálidas corrientes oceánicas han llegado al Sector del Mar de Amundsen, en la Antártida Occidental, una región que comprende varios glaciares que son propensos a la inestabilidad debido a su configuración topográfica. La fusión submarina de estos glaciares provocó su aceleración y retroceso. Esto ya es responsable de la mayor pérdida de hielo del continente y proporciona una contribución acelerada al aumento global del nivel del mar.

En su estudio, los investigadores emplean simulaciones por ordenador para proyectar la pérdida dinámica de hielo en el futuro. Además, confirman estudios anteriores que sugieren que incluso una fuerte reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero puede no prevenir el colapso de la capa de hielo de la Antártida Occidental.

«Así que investigamos qué podría detener un posible colapso en nuestras simulaciones y aumentamos las nevadas en la región desestabilizada mucho más allá de las observaciones –explica el coautor de PIK, Johannes Feldmann–. De hecho, nos encontramos con que una gran cantidad de nieve puede empujar la capa de hielo hacia un régimen estable y detener la inestabilidad. En la práctica, esto podría lograrse mediante una enorme redisposición de masas de agua bombeada fuera del océano y que ‘nieve’ sobre la capa de hielo a una velocidad de varios cientos de miles de millones de toneladas por año durante algunas décadas».

«Somos plenamente conscientes del carácter disruptivo que tendría tal intervención», agrega Feldmann. Elevar, desalar y calentar el agua del océano, así como alimentar los cañones de nieve, requeriría una cantidad de energía eléctrica del orden de varios diez mil aerogeneradores de alta gama.

«Instalar un parque eólico de este tipo y la infraestructura adicional en el Mar de Amundsen y la extracción masiva de agua oceánica en sí mismo significaría esencialmente perder una reserva natural única –admite–. Además, el duro clima antártico hace que los desafíos técnicos sean difíciles de anticipar y difíciles de manejar mientras los posibles impactos peligrosos para la región probablemente serán devastadores».

Por lo tanto, los riesgos y costos de un esfuerzo sin precedentes deben ser ponderados muy cuidadosamente frente a sus beneficios potenciales. «Nuestro estudio tampoco considera el calentamiento global provocado por el hombre en el futuro. Por lo tanto, este gigantesco esfuerzo solo tiene sentido si el Acuerdo Climático de París se mantiene y las emisiones de carbono se reducen de forma rápida e inequívoca», puntualiza.

«El aparente absurdo del esfuerzo por dejar que nieve en la Antártida para detener la inestabilidad del hielo refleja la dimensión impresionante del problema del nivel del mar –concluye Levermann–. Sin embargo, como científicos creemos que es nuestro deber informar a la sociedad acerca de todas y cada una de las posibles opciones para contrarrestar los problemas futuros. Por increíble que parezca: para prevenir un riesgo sin precedentes la humanidad podría tener que hacer un esfuerzo sin precedentes también».

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