endometriosis
CLÍNICAS EVA


La endometriosis o el síndrome del ovario poliquístico (SOP) está influenciada por el equilibrio de la microbiota intestinal y vaginal, según ha asegurado la ginecóloga experta en Microbioterapia, Annalisa Di Rocco.

El equilibrio de la microbiota es el pilar sobre el que se sustenta el estado de salud general y modularla, es decir, actuar sobre ella cuando se encuentra alterada para tratar de poner cada ‘familia’ de bacterias en su sitio y en la cantidad adecuada, es la base de la Microbioterapia. Los probióticos son la herramienta que se utiliza para aplicarla, es decir, microorganismos vivos de derivación humana y de cepas específicas que consiguen ejercer un efecto beneficioso para el organismo.

En este punto, la doctora ha comentado que aunque es “indudable y exigible” que la igualdad de género sea una realidad a nivel social, en el plano bioquímico y metabolómico, “hombres y mujeres no son iguales”, una diferencia que a que la investigación y los tratamientos se hagan con perspectiva de género, incluidos aquellos que tienen que ver con la integración probiótica, porque incluso cambian las cepas que pueden resultar útiles a las mujeres.

La elevada actividad hormonal que caracteriza la vida de una mujer, desde su menstruación hasta la menopausia, pasando por los embarazos, está detrás de muchos episodios relacionados con su salud, si bien los últimos estudios y las evidencias en la práctica clínica han demostrado que algunas de las enfermedades no son solo una cuestión de hormonas.

Por ejemplo, según estimaciones del Ministerio de Sanidad, entre uno y dos millones de mujeres en España sufren endometriosis, una enfermedad que se caracteriza por la implantación del tejido endometrial fuera del útero: en las trompas de falopio, en los ovarios, en el peritoneo o, incluso en lugares más distantes, como en heridas operatorias, en los pulmones o en el intestino.

Este sobrecrecimiento del tejido del endometrio provoca síntomas tan variados como menstruaciones abundantes y dolorosas, incomodidad pélvica, problemas digestivos, molestias en la espalda y dolor de cabeza, entre otras sensaciones que, en muchos casos, se cronifican, condicionando el día a día de las mujeres que los padecen.

“Aunque en un primer momento se pensaba que la endometriosis solo dependía de cuestiones hormonales, ahora sabemos que es una patología en la que hay muchos otros factores implicados, sobre todo el sistema inmunológico”, afirma la ginecóloga. A través de la realización de biopsias, se puede comprobar que existe una importante carga inflamatoria, que lleva a los profesionales a pensar que detrás de la endometriosis también hay un problema metabólico”, ha explicado la doctora.

Además, prosigue, la composición de la microbiota también es determinante en las pacientes con esta dolencia, dado que el ecosistema bacteriano vaginal está alterado. “Incluso en el endometrio también hay una microbiota determinada, que está influenciada por nuestros ciclos hormonales, en los que tiene un papel protagonista la progesterona, la hormona sexual que segrega el ovario femenino con el fin de preparar el útero para que una posible fecundación tenga éxito”, ha añadido.

Esta alteración de las bacterias que habitan en la microbiota vaginal, además de la elevada exposición a estrógenos que existe a día de hoy provoca que haya filtraciones de bacterias y toxinas patógenas, que generan una respuesta inflamatoria. Por ello, Di Rocco ha destacado la necesidad de que se planteen alternativas terapéuticas, que pasen por cambiar el estilo de vida y la alimentación y realizar una reparación de la microbiota con organismos vivos, para frenar así la entrada de bacterias patógenas.

EL SOP Y SU RELACIÓN CON LA INSULINA

Junto con la endometriosis, el SOP es la otra gran patología que afecta al género femenino y que en España se calcula que sufren cerca del 10 por ciento de las mujeres. “En este caso, lo que ocurre es que hay óvulos que comienzan a madurar pero que no llegan a la segunda fase de la ovulación ni a crear lo que se conoce como el cuerpo lúteo, una estructura de producción hormonal que aparece al finalizar este proceso”, ha dicho.

A día de hoy, explica, se sabe que este síndrome está íntimamente relacionado con la resistencia a la insulina, que a su vez provoca que el ovario haga resistencia a la progesterona y a la proteína lectina. De ahí que la especialista trate de reducir el índice glucémico de sus pacientes, tanto con cambios en la dieta, como a través de la mejora del estilo de vida y el fomento del ejercicio, y reparando y reponiendo la microbiota.

“Ante todas estas evidencias médicas, es importante conocer qué características deben reunir los probióticos para que puedan ser utilizados en las terapias de integración y de modulación de la microbiota. Porque, no. No todos los probióticos son iguales, para que las cepas bacterianas puedan realizar sus funciones correctamente y generar un beneficio en el organismo de quien las toma, deben ser resistentes al ácido gástrico y no morir cuando llegan al estómago. Una vez pasan esa barrera, deben ser capaces de formar colonias, para así quedarse en el intestino y no ser eliminadas con las heces. Por último, deben ser de derivación humana, como requisito indispensable para que sean beneficiosas para nuestro organismo”, ha zanjado.

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