Abdelaziz Buteflika
Reuters


El presidente de Argelia, Abdelaziz Buteflika, un veterano de la guerra por la independencia que ha regido el destino del país durante las últimas dos décadas, está una vez más luchando por su supervivencia, esta vez ante la oleada de manifestaciones contra su decisión de presentarse a un quinto mandato.

Buteflika, de 82 años, ha aparecido en público en escasas ocasiones desde que sufriera un infarto en 2013 y, de hecho, en sus últimos actos ha aparecido en silla de ruedas y acompañado por otros funcionarios. En estos momentos se encuentra en un hospital suizo sometiéndose a «exámenes médicos periódicos».

A pesar de ello, se presentará a las elecciones que se celebrarán en abril para intentar extender su mandato en un país que hace frente a un estancamiento a nivel económico y político debido a las escasas reformas en el sistema desde que lograra la independencia de Francia en 1962.

Además, la oferta que formuló el domingo para convocar elecciones anticipadas en el plazo de un año en caso de lograr la reelección el 18 de abril ha sido recibida con una nueva jornada de manifestaciones en su contra en la capital, Argel, y otras ciudades del país.

Combatiente en la guerra que puso fin al régimen colonial francés (1954-1962), Buteflika se convirtió en el primer ministro de Exteriores de la Argelia independiente y en una de las fuerzas detrás del Movimiento de Países No Alineados, que dio voz a África, Asia y América Latina.

Buteflika se puso entonces al frente de los estados surgidos tras la descolonización y desafió la hegemonía de Estados Unidos, convirtiendo el país en un semillero del idealismo de los años sesenta.

En este contexto, recibió a Ernesto ‘Che’ Guevara y a Eldridge Cleavere, de los Panteras Negras de Estados Unidos, mientras que un joven Nelson Mandela recibió su primer entrenamiento militar en Argelia, cuya revolución inspiró al sudafricano.

Como presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, invitó a Yaser Arafat a comparecer ante el organismo internacional en 1974, lo que supuso un paso histórico hacia el reconocimiento internacional de la causa palestina.

Sin embargo, a finales de los setenta Buteflika había perdido el favor a nivel nacional y tuvo que marchar al exilio, para volver a la vida pública en medio de la guerra civil que estalló en los noventa con grupos islamistas.

Elegido como presidente en 1999, negoció una tregua para poner fin a la guerra –que dejó cerca de 200.000 muertos– y le arrebató el poder al ‘establishment’ militar conocido como ‘Le Pouvoir’ (El Poder).

Ayudado por los ingresos por el petróleo y el gas, Argelia se convirtió en un país más pacífico y rico, si bien sigue sacudido por la corrupción y el letargo político y económico, en una región en la que los levantamientos populares han provocado varios cambios de gobierno en el marco de la llamada ‘Primavera Árabe’ desde 2011.

Gracias al colchón de reservas extranjeras y a la reticencia de la población a un levantamiento a gran escala a causa de la devastación que supuso la guerra civil, Argelia ha evitado las revoluciones que derrocaron a varios líderes históricos de la región.

Pese a ello, las protestas contra el bajo nivel de calidad de vida y la falta de oportunidades laborales son cada vez más frecuentes, mientras que los inversores extranjeros abogan por una serie de reformas que beneficien a los negocios.

PORTAVOZ DEL TERCER MUNDO

Algunos biógrafos sostienen que Buteflika nació en Tlemcen, en el oeste de Argelia, mientras que otros citan Ujda como su ciudad natal, cerca de la frontera con Marruecos.

A los 19 años se sumó a la rebelión contra el poder colonial como protegido de Huari Bumediene, un comandante que posteriormente se convertiría en presidente argelino.

Tras la independencia, Buteflika se convirtió en ministro para Juventud y Turismo a los 25 años, tras lo que fue puesto al frente de la cartera de Exteriores un año después, para convertirse en portavoz de los estados que surgían tras la caída del poder colonial.

Durante esta época, pidió que la China comunista contara con un asiento en Naciones Unidas y se pronunció contra el Apartheid en Sudáfrica.

La invitación a Arafat para dirigirse a la Asamblea General fue explosiva, dado que llegó dos años después de que milicianos palestinos secuestraran y mataran a miembros del equipo israelí en los Juegos Olímpicos en Múnich.

Cuando el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, más conocido como ‘El Chacal’, secuestró a varios ministros durante una cumbre en Viena en 1975, pidió ser trasladado en un vuelo a Argel junto a los rehenes. Buteflika apareció en el aeropuerto para recibir a ‘El Chacal’ y le dio un abrazo antes de negociar sus liberaciones.

RETORNO DEL EXILIO

Con la muerte de Bumediene en 1978, Buteflika perdió a su mentor y fue sustituido como ministro de Exteriores al tiempo que se abrió una investigación contra él por presunta corrupción, lo que describió como un complot político.

Por ello, abandonó Argelia a principios de los ochenta y se asentó en Dubái, donde se convirtió en asesor de un miembro de la familia real. Si bien volvió al país en 1987, mantuvo un perfil bajo y rechazó varias ofertas para ocupar cargos en el Gobierno.

En esta etapa, el Gobierno respaldado por el Ejército canceló las elecciones parlamentarias tras la victoria del islamista Frente Islámico de Salvación (FIS) en la primera vuelta, lo que desencadenó el conflicto civil.

Buteflika, apoyado por el Ejército, fue elegido presidente en 1999 con el compromiso de poner fin a los combates. Ante la oposición del ‘establishment’ concedió una amnistía a los milicianos que entregaran las armas, lo que ayudó a rebajar el nivel del conflicto.

Posteriormente, logró la reelección en 2004 y 2009, en medio de las denuncias de la oposición sobre un posible fraude y, en medio de las batallas internas entre bambalinas entre los organismos de seguridad, se convirtió durante su tercer mandato en el presidente más poderoso del país en tres décadas.

Poco se conoce de su vida privada, y los documentos oficiales no recogen ningún matrimonio, si bien se habla de que se casó en los noventa. Buteflika vivió con su madre, Mansuria, en un apartamento de Argel.

La edad y la mala salud le han lastrado durante la última década y fue operado en 2005 de una úlcera de estómago. Cables diplomáticos filtrados apuntan a que sufre cáncer.

En un discurso dado en mayo de 2012 en Setif sostuvo que su generación tenía que traspasar el poder a nuevos líderes. «Para nosotros se acabó», dijo, si bien siete años después sigue en el cargo.

Meses después, a principios de 2013, sufrió un infarto que le mantuvo hospitalizado en durante tres meses. A pesar de sus escasas apariciones en público se presentó a los comicios y logró la reelección en 2014 –con casi el 81 por ciento de los votos– y ahora planea prolongar su periodo al frente del país, pese a la creciente oposición a su figura.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.