Juan Guaidó
Foto: Reuters


Juan Guaidó se ha autoproclamado “presidente encargado” de Venezuela con la intención de desahuciar a Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores, una meta que se han fijado muchos otros antes, incluidos destacados opositores, y que ahora parece al alcance de este perfecto desconocido.

Guaidó se dio a conocer al mundo el pasado 5 de enero, cuando la Asamblea Nacional, controlada por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) –coalición opositora–, le designó como su nuevo presidente.

Este político de 35 años de edad, casado y con una hija de año y medio, es el mayor de seis hermanos. Sobrevivió a un enorme desprendimiento de tierra que arrasó localidades enteras en el estado venezolano de Vargas, incluida su Carabella natal, en la costa norte de la nación caribeña.

Se licenció como ingeniero industrial en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, pero viajó hasta Estados Unidos para estudiar un máster en la Universidad George Washington. Fue miembro activo del movimiento estudiantil junto a Yon Goicoechea, Juan Requesens o Freddy Guevara, otros nombres relevantes de la oposición venezolana.

En 2009, fundó Voluntad Popular (VP) junto a Leopoldo López, a quien considera su mentor. Comenzó como un militante de base, vinculado a su ala más radical, pero los infortunios de sus colegas de partido le han facilitado un ascenso meteórico.

Leopoldo López, el máximo líder de la formación naranja, fue detenido en 2014 y condenado a casi catorce años de cárcel por incitar a la violencia en las revueltas opositoras de ese año, que dejaron más de 40 muertos. Carlos Vecchio o Lester Toledo, otros importantes dirigentes de VP, están en el exilio.

Su oportunidad llegó gracias al frágil equilibrio de poder que mantienen la veintena de partidos políticos que integran la MUD, que exigía que la Presidencia de la Asamblea Nacional recayera sobre Voluntad Popular, ya sin apenas líderes visibles. Hasta entonces no había ocupado ningún cargo público.

Guaidó captó la atención mediática con su discurso de toma de posesión, en el que avisó a Maduro de que, si seguía adelante con su segundo mandato, que inició el 10 de enero pese al rechazo generalizado al mismo, sería considerado un “usurpador”.

MENSAJE A LAS FFAA

Además, verbalizó lo que se venía rumiando en las filas opositoras desde hacía tiempo, haciendo un llamamiento directo a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), uno de los pilares del edificio ‘chavista’, para posicionarse junto al pueblo venezolano.

Nieto de militares de la Guardia Nacional y de la Naval, ha prometido una amnistía a todos los uniformados que opten por apoyar a la Asamblea Nacional en sus esfuerzos por restaurar la democracia venezolana, dejando caer al Gobierno de Maduro.

Ser una cara conocida le pasó factura el 13 de enero, cuando agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) le interceptaron y retuvieron en la autopista Caracas-La Guaira mientras iba a Caraballeda para asistir a un cabildo.

Fue liberado en apenas media hora en medio de una sonada crítica que incluso llevó a Maduro a pedir perdón por este “error” y a anunciar sanciones contra los agentes del SEBIN responsables. “Ya estoy en mi cuna, en mi estado Vargas. El régimen pretendió detenerme, pero nada ni nadie nos detendrá”, contó él mismo en Twitter.

“PRESIDENTE ENCARGADO”

Se consolidó como líder de la oposición venezolana a raíz de la toma de posesión de Maduro, cuando la Asamblea Nacional aprobó una resolución en la que definió al mandatario ‘chavista’ como “usurpador” del cargo y se arrogó el Poder Ejecutivo, en lo que desde fuera se interpretó como el primer paso para asignar la Presidencia a Guaidó.

Hasta ahora, ni la Asamblea Nacional ni Guaidó ni nadie en la comunidad internacional se había atrevido a señalarle directamente como nuevo presidente de Venezuela. A juzgar por los hechos, esperaba al 23 de enero, fecha de gran valor simbólico para los venezolanos porque fue cuando en 1958 cayó el régimen del general Marcos Pérez Jiménez.

Guaidó había convocado una gran movilización para el miércoles, a la que respondieron miles de personas en todo el país. “Juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como presidente encargado de Venezuela”, dijo en medio del jolgorio popular.

Se ha marcado como objetivo “lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y elecciones libres”. Los gobiernos de la región, desde Estados Unidos a Ecuador, le han transmitido su reconocimiento oficial y le han tendido la mano para avanzar en una transición pacífica hacia la democracia.

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