Un estudio de la Vanderbilt University (Estados Unidos), publicado en la revista ‘Journal of Comparative Neurology’, ha concluido que la esperanza de vida y el alcance de la madurez sexual de las personas y otros animales de sangre caliente dependen del número de neuronas que hay en la corteza cerebral, y no del tamaño del cuerpo o un metabolismo lento.

“Tanto si observas a pájaros, primates o humanos, el número de neuronas que se encuentran en la corteza de cada especie predice alrededor del 75 por ciento de toda la variación en la longevidad entre especies”, ha explicado la investigadora del estudio, Suzana Herculano-Houzel.

En comparación, el tamaño del cuerpo y el metabolismo, que se usan de forma habitual para comparar animales, predicen entre el 20 y el 30 por ciento de la longevidad, dependiendo de las especies, y tiene muchas inconsistencias. Por ejemplo, las aves viven diez veces más que los mamíferos del mismo tamaño.

En el estudio, Herculano-Houzel analizó más de 700 especies de sangre caliente, y usó la base de datos AnAge, que recoge registros de longevidad integral. Comparó los resultados obtenidos con sus datos sobre el número de neuronas en los cerebros de diferentes especies de animales.

La investigadora encontró que los loros y los pájaros cantores, incluidos los córvidos, viven sistemáticamente más que los primates que tienen una masa corporal parecida, que a su vez viven más que los mamíferos no primates de masa corporal similar, patrón que había visto con anterioridad.

Algunos estudios previos ya habían concluido que los loros y los pájaros cantores tienen más neuronas corticales que los primates de tamaño semejante, que a su vez tienen más neuronas corticales que cualquier otro mamífero de tamaño corporal comparable al suyo.

“Cuantas más neuronas corticales tiene una especie, más vive, no importa si es un pájaro, un primate u otro mamífero, cómo es de grande o cómo de rápido quema su energía”, ha concluido Herculano-Houzel.

LA RELACIÓN ENTRE LAS NEURONAS Y EL TIEMPO DE VIDA

“Los datos sugieren que las especies de sangre caliente acumulan daños al mismo ritmo que su edad. Pero lo que restringe la vida son daños a la corteza cerebral, no al resto del cuerpo; cuantas más neuronas corticales se tengan, más tiempo tendrá para mantener el cuerpo funcional”, ha apuntado la investigadora.

Al contrario que en el resto del cuerpo, que crea células nuevas para sustituir a las antiguas, las neuronas corticales duran toda la vida, según se cree.

“La corteza es la parte del cerebro que es capaz de hacer que nuestro comportamiento sea complejo y flexible, sí, pero pero se extiende más allá de la cognición y el razonamiento matemático y lógico mental. También le da al cuerpo adaptabilidad, ya que se ajusta y aprende cómo reaccionar ante el estés y predecirlo”, ha continuado Herculano-Houzel.

“Eso incluye mantener sus funciones fisiológicas funcionando sin problemas y asegurarse de que su ritmo cardíaco, su frecuencia respiratoria y su metabolismo estén al día. Lo que haces, cómo te sientes y lo que esperas que ocurra a continuación. Y eso, al parecer, es un factor clave que afecta a la longevidad”, ha agregado.

¿SON LOS HUMANOS ESPECIALES?

En el caso de los humanos, los investigadores siempre han trabajado bajo la creencia de que la especie humana es única porque tiene un período de infancia y adolescencia inusualmente largo para permitir el aprendizaje y las interacciones sociales.

Si los animales más grandes viven más, los gorilas deberían vivir más tiempo que los humanos, pero no es así. Una de las hipótesis más manejadas es que el cuidado de las abuelas podría haber llevado a los humanos a retrasar la madurez sexual y aumentar la longevidad posmenopáusica más allá de lo esperado.

No obstante, los datos de la investigación muestran que los humanos no son una excepción. Dado el número de neuronas de la corteza cerebral humana, las personas tardan todo el tiempo que deberían en alcanzar la madurez sexual y viven el tiempo que se espera para este número de neuronas. El tamaño del cuerpo es, una vez más, irrelevante en cuestiones de longevidad. La infancia es más larga, en comparación con otras especies, porque los humanos tienen más neuronas en la corteza cerebral.

“Tiene sentido que cuantas más neuronas tengas en el córtex, más tiempo le tomará a una especie llegar a ese punto donde no solo es fisiológicamente madura, sino también mentalmente capaz de ser independiente”, ha explicado la investigadora.

Si las vidas más largas también acompañan a más neuronas corticales, esas especies también disfrutarán de una mayor superposición entre  generaciones y, por lo tanto, más oportunidades para transmitir lo que aprendieron.

“Lo que significa que la abuela sigue siendo fundamental en la vida de quienes tienen muchas neuronas corticales, pero probablemente no sea la razón por la que nuestra especie es de larga duración”, ha concluido Herculano-Houzel.

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