Un aumento en el estrógeno relacionado con la edad puede ser el culpable de las hernias inguinales, una condición común entre los hombres de edad avanzada que a menudo requiere cirugía correctiva, según concluye un estudio realizado por la Universidad del Noroeste (Estados Unidos) y publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

Dirigido por el doctor Serdar Bulun, el estudio ha encontrado que los músculos abdominales inferiores de modelos de ratón son particularmente sensibles al estrógeno, desarrollando tejido cicatricial en respuesta a incrementos en los niveles de estrógeno, lo que debilita la pared abdominal y eventualmente causa una hernia.

Cuando los investigadores redujeron el estrógeno con un compuesto de drogas, impidieron las hernias, lo que sugiere una terapia con potencial preventivo en los seres humanos. “Puede tener sentido tratar a los hombres en riesgo con un inhibidor de la aromatasa que podría disminuir el estrógeno y fortalecer el músculo”, apunta Bulun.

Las hernias inguinales se producen cuando el tejido, como los intestinos, sobresale a través del canal inguinal, un punto débil cerca de la ingle en la pared abdominal humana. Estas hernias son la razón más común por la que los hombres se someten a una cirugía, según relata el investigador.

“Si bien las posibilidades de una hernia inguinal aumentan a medida que los hombres envejecen, la causa raíz sigue siendo desconocida. Otra consecuencia del envejecimiento en los hombres es que una mayor parte de la testosterona se convierte en estrógeno por una hormona llamada aromatasa”, indica.

EFECTOS DEL ESTRÓGENO

El doctor estaba investigando los efectos del estrógeno alto en ratones hembra. El experimento consistió en aumentar los niveles de estrógeno mediante la incorporación del gen de la aromatasa humana en el genoma del ratón, creando ratones que convertirían la testosterona en estrógeno en todo el cuerpo. Originalmente, ni siquiera estaba interesado en los ratones machos, hasta que un compañero detectó grandes hernias que se desarrollaban solo en los machos.

Bulun investigó estos ratones, encontrando grandes franjas de fibroblastos, tejido cicatricial, que se desarrollaba en un pequeño esfínter muscular, una estructura análoga al canal inguinal en los humanos. “Nos dimos cuenta de que el músculo abdominal inferior es extraordinariamente sensible al estrógeno, que hace que estos fibroblastos se dividan rápidamente, a un ritmo mucho mayor que las células musculares”, asegura.

La proliferación de los fibroblastos debilita la integridad del esfínter y eventualmente causa una hernia. Cuando los investigadores administraron a los ratones un medicamento que bloqueaba la aromatasa y, por lo tanto, la conversión de testosterona en estrógeno, las hernias se detuvieron, apuntando hacia el estrógeno como la causa e indicando el potencial de una terapia con inhibidores de la aromatasa que podría prevenir la cirugía en pacientes de riesgo.

“Los pacientes con mayor riesgo de hernia a menudo tienen factores comunes como la edad o la genética, pero en general, el mejor predictor de una futura hernia inguinal es haber sufrido una antes. Si tienes que reparar una hernia por segunda vez, las posibilidades de éxito disminuyen. Si hay un caso recurrente, es posible que pueda complementar el tratamiento quirúrgico de ese paciente con medicamentos”, explica el investigador.

Bulun está trabajando actualmente con el doctor Jonah Stulberg, profesor asistente de Cirugía en la Escuela de Medicina Feinberg (Estados Unidos) y coautor del presente estudio, para diseñar ensayos clínicos que prueben la efectividad de un inhibidor de la aromatasa en humanos.

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