Foto: Reuters

La población de Bosnia y Herzegovina acude este domingo a las urnas para unas elecciones presidenciales, parlamentarias y cantonales marcadas por una campaña en las que el discurso étnico ha estado muy presente, 23 años después del fin de la guerra.

Los centros de votación han abierto a las 7.00 y cerrarán a las 19.00 horas. “No creo que las cosas vayan a mejorar”, ha confesado a Reuters un votante de Sarajevo. “Han pasado muchos años y esperábamos que las cosas mejoraran pero parece que solo van a peor”, ha apostillado un pensionista de 65 años.

El país es una república federal parlamentaria integrado por dos entidades: la Federación de Bosnia y Herzegovina –de mayoría bosniaco-croata– y la República Srpska –de mayoría serbobosnia–. A ello hay que sumar el distrito de Brcko, que tiene estatus especial y autogobierno.

La compleja composición del país derivó en un intrincado sistema administrativo según el cual los ciudadanos votarán por la Presidencia y el Parlamento a nivel nacional y en las dos entidades, cargos que tendrán una duración de cuatro años. La Federación está dividida en diez cantones, cada uno con su propio parlamento y gobierno.

La Presidencia está integrada por tres miembros electos por mayoría simple con dos listas –uno bosniaco y otro bosniocroata, elegidos en la Federación de Bosnia y Herzegovina– y otro serbobosnio elegido directamente en la República Srpska.

Alrededor de 3.350.000 personas están llamadas a las urnas para pronunciarse entre 53 partidos, 36 coaliciones y 34 candidatos independientes que han recibido el visto bueno de las autoridades, según recoge Balkan Insight.

Los intentos de modificar el ‘status quo’, derivado de los Acuerdos de Dayton de 1995, que pusieron fin a la guerra (1992-1995) no han llegado a buen puerto debido precisamente a las diferencias entre los distintos sectores y partidos políticos.

Las tensiones han aumentado en los últimos meses, también en el marco de la campaña, especialmente a raíz de la votación de los serbobosnios para que el gobierno regional revoque un informe de 2004 que concluye que las fuerzas serbobosnias mataron a alrededor de 8.000 musulmanes en Srebrenica y sus alrededores durante la guerra.

El presidente de la región autónoma bosnia de la República Srpska, Milorad Dodik, siempre ha rechazado las sentencias de dos tribunales de crímenes de guerra, el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY) y el Tribunal Internacional de Justicia, que la atrocidad de Srebrenica calificó como genocidio.

Aunque reconoce que se produjo un crimen, Dodik afirma que el número de muertos fue exagerado en el informe de 2004 y debería haber incluido a las víctimas serbias.

Esta postura ha provocado un gran malestar en la Federación de Bosnia y Herzegovina y ha provocado un repunte del nacionalismo en los diversos sectores que componen el país, cuyos principales representantes aspiran a imponerse en los comicios.

VIOLACIONES DE LAS LEYES DE CAMPAÑA

La campaña ha estado además marcada por un gran número de violaciones, abusos de fondos públicos y discurso de odio, según alertó este mismo jueves la organización no gubernamental Transparencia Internacional.

En esta ocasión, la situación socioeconómica ha tenido un mayor peso durante la campaña, en medio de la preocupación por la elevada tasa de desempleo y las malas infraestructuras.

Sin embargo, ha predominado una retórica de división étnica que ha puesto en duda que las autoridades que sean elegidas en los comicios sean capaces de avanzar hacia la integración hacia la Unión Europea (UE) y la OTAN.

La rama en el país de Transparencia Internacional ha denunciado que representantes los principales partidos serbobosnios, bosniacos y bosniocroatas han intentado “comprar” los votos de funcionarios abriendo nuevas carreteras y ofreciendo revisiones médicas gratuitas, además de amenazar a los que han rechazado aceptar beneficios.

“Las funciones de partido se han solapado completamente con las funciones públicas”, ha alertado la directora del programa del organismo, Ivana Koraljic, quien ha manifestado que no ha habido unas elecciones tan abiertamente sucias desde la guerra, según ha recogido la agencia británica de noticias Reuters.

“Los abusos han sido llevados a cabo de forma más abierta que nunca. Ha habido amenazas directas y ataques, presiones sobre los votantes y compra de votos, que en el pasado eran sutiles, han sido totalmente transparentes. No hay intentos de esconderlos”, ha subrayado.

En este sentido, ha enumerado que Dodik ha puesto la primera piedra para seis edificios públicos, ha inaugurado un lago artificial, un puente, una fábrica, el ala de un hospital y una autovía en apenas 25 días.

Dodik ha anunciado además pagos a los pensionistas en la República Srpska y ha amenazado a los funcionarios con ser despedidos en caso de que voten a sus rivales, llegando incluso a insultar a opositores y diplomáticos occidentales. La comisión electoral ha llegado a sancionarle con 6.000 euros por discurso del odio.

Asimismo, Koraljic ha recalcado que funcionarios bosniacos y bosniocroatas han abusado igualmente de sus posiciones para hacer campaña a favor de sus partidos, mientras que los medios públicos se han convertido en portavoces de los partidos nacionalistas dominantes.

“Esto ha crecido hasta unas proporciones anormales en el sentido de etiquetar a personas, llamar a la agresión e invocar al odio no sólo contra opositores políticos sino contra activistas. Se ha creado una atmósfera muy hostil”, ha advertido.

DESCONFIANZA EN LOS POLÍTICOS

En este contexto, bosnios desplazados por la guerra que continúan residiendo en 120 centros de recepción en el país han expresado en los últimos días su hastío ante la falta de soluciones por parte de unos políticos que sólo actúan en campaña.

Edis Haskic, que vive en un centro de recepción desde 1995, cuando las fuerzas serbobosnias mataron a su padre y a otros cerca de 8.000 hombres y niños bosniacos en Srebrenica, ha recalcado que “los políticos son culpables de la situación porque, al margen de la comida gratis, no se me dio ninguna oportunidad o ayuda”.

Haskic comparte el destino de más de 7.000 bosnios de todas las fes que continúan desplazadas por la guerra. La situación que atraviesan estas personas no figura en un lugar de importancia en las agendas de los políticos que se preparan para las elecciones.

Los niños bosniacos y los bosniocroatas –católicos– acuden a las mismas escuelas pero estudian materias diferentes, un aspecto que fue considerado una solución interina tras la guerra pero que sigue en pie pese a que el Supremo ha dicho que es discriminatoria.

“Los políticos son culpables de todo. Son los que nos dividen”, apunta en declaraciones a Reuters Rasko Kovacevic, un serbio de un campamento en la localidad de Kladari Donji (norte), en el que la mayoría de las familias tienen una única habitación en la que duermen, cocinan y se bañan.

En esta línea se ha expresado Branko Mlikota, quien vive desde hace 24 años en un centro croata en los alrededores de la ciudad de Capljina (sur). “Ellos (los políticos) sólo nos visitan antes de las elecciones, cuando necesitan un voto, pero cuando busco trabajo me dan palmaditas en el hombro”, ha lamentado.

El Gobierno ha fijado, tras muchos retrasos, la fecha límite para el cierre de estos centros en 2020. “Ellos prometen, pero nadie ha hecho nunca nada por nosotros”, zanja otro desplazado.

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