Un juez ha emitido una orden de detención contra el actor Willy Toledo por no acudir a declarar ante la justicia tras la denuncia de Abogados Cristianos y de la Fiscalía. El juzgado ha odenado su detención y puesta a disposición de la justicia para el próximo 13 de septiembre, según ha informado la organización denunciante.

La decisión judicial se produce después de que el actor haya eludido declarar en el juzgado tras ser citado hasta en dos ocasiones.

La Asociación Española de Abogados Cristianos denunció ante la Fiscalía unos comentarios que considera ofensivos, difundidos por Willy Toledo a través de Facebook en julio de 2017, que, a juicio de la entidad denunciante, “vejaban los sentimientos religiosos”.

Además, la organización de juristas pedirá al juez que valore la existencia de un delito de odio después de que el actor declarase en televisión que, durante la Guerra Civil, fusilaron a personas a causa de su fe e incendiaron iglesias porque “algo harían”.

La presidenta de Abogados Cristianos, Polonia Castellanos, ha recordado que Willy Toledo “tiene la obligación de acudir al juzgado si le cita un juez, aunque él crea que tiene privilegios especiales dada su posición social”. Asimismo, Castellanos ha lamentado que el actor, “además de no respetar a los cristianos” ha demostrado que “tampoco tiene ningún respeto por la justicia española”.

1 Comentario

  1. No me gusta Guillermito Toledo. Pero lo que no me gusta de él son sus opiniones, a mi parecer totalmente erróneas. Como persona, pues no lo conozco y no puedo opinar. Ahora bien, cuidado con el tema del delito de odio, porque esto sí que es peliagudo debido a que puede contrarrestar o anular la libertad de expresión de las personas. Además, es pura psicología, si yo fuera creyente y escuchara a un tipo que insulta mi creencia, lo que provocaría en mí sería un reforzamiento de la misma, y le daría un panfletito para que lo leyera, aunque solo le sirviera para limpiarse el culete ya me sentiría satisfecho. Pero de ahí a intentar juzgarlo por “ofensas verbales” a tal o cual creencia me parece una estupidez mental, porque entonces cualquier crítica que se haga contra “algo establecido”, podrá interpretarse como delito de odio u ofensa punible: adiós a la libertad de expresión. A ver, si a mí un compañero de trabajo me llama estúpido, le contestaré, claro, y le diré que el estúpido es él, eso lo primero y luego intentaré averiguar porqué ha utilizado esa expresión; si sigue llamándome estúpido cada día, entonces sí que lo denunciaré, pero no por mí sino por la necesaria identificación que cualquier ciudadano debe hacer ante las autoridades de las personas que padecen tal o cual desequilibrio mental que, dicho sea de paso, puede provocar que haga daño a los demás y a sí mismo. Lo del Gintonic, perdón Valtonyc, va por el mismo camino: una cosa es hablar y expresarse libremente, y otra es atacar violentamente a un guardia civil, por ejemplo, o a cualquier otro ciudadano: esto sí que debe penarse, y duramente. No podemos judicializar el uso de la libertad de expresión. Es un mal camino.

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