Científicos de la ‘University of Colorado Anschutz Medical Campus’, en Estados Unidos, han descubierto que las células T que combaten enfermedades, obtenidas de vacunas, no requieren glucosa para su reproducción rápida, un hallazgo con importantes implicaciones para el desarrollo de inmunoterapias para pacientes con cáncer

En el estudio, publicado este viernes en la revista ‘Science Immunology’, investigadores de CU Anschutz, junto con colegas de la Clínica Mayo y la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, examinaron las células T que surgieron en el sistema inmunitario del cuerpo tras recibir una vacuna de subunidad, una vacuna que usa solo parte de un virus causante de una enfermedad.

Estos expertos descubrieron que estos glóbulos blancos críticos, que atacan y matan a las infecciones, no dependían de la glucosa para alimentar su rápida división, que ocurre cada dos o cuatro horas. En cambio, usaron otro motor celular, la mitocondria, para apoyar su expansión.

“El conocimiento de que esta magnitud de división celular puede ser respaldada por la función mitocondrial tiene varias implicaciones prácticas potenciales para el desarrollo de futuras vacunas”, afirma el autor principal del estudio, Ross Kedl, profesor de Inmunología y Microbiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado, Estados Unidos.

CÉLULAS T GENERADAS MEDIANTE VACUNACIÓN DE SUBUNIDADES

Kedl explica que las células T que responden a la infección generalmente dependen de la glucosa como combustible y que también lo hacen los tumores cancerosos. Cuando las células T se enfrentan a los tumores, terminan compitiendo por la glucosa y las células T a menudo pierden; pero cuando una célula T no necesita glucosa, señala, aumentan las probabilidades de derrotar a las células tumorales.

“Las células T generadas por la vacunación de subunidades son ideales para su uso contra el cáncer junto con medicamentos que bloquean la glucólisis aeróbica, una vía metabólica a la que el cáncer es adicto –afirma Kedl–. El crecimiento del tumor puede inhibirse mientras que las células T son libres para atacar el tumor en lugar de competir contra él por el acceso a la glucosa”.

El autor principal, Jared Klarquist, señala que los científicos históricamente han estudiado las respuestas de las células T a la infección con la idea de que si pudieran entender cómo responden las células, podrían crear mejores vacunas. Kedl y sus colegas ya habían descubierto un método de vacuna no infecciosa que podría inducir el mismo nivel de inmunidad de las células T que las que usan la infección.

Desde entonces, los científicos en el laboratorio de Kedl han descubierto que las reglas que gobiernan las respuestas de las células T a un agente infeccioso son muy diferentes de las respuestas de las células a una vacuna de subunidad. Y el hecho de que las células T derivadas de vacunas de subunidades no requieren que la glucosa se reproduzca es, a su juicio, un hallazgo importante.

“Antes de estos descubrimientos, generalmente se pensaba que, aunque las mitocondrias son buenas para producir energía, las células T necesitan glucosa para producir las materias primas como proteínas, grasas y ácidos nucleicos (como el ADN) para convertir una célula en dos –dice Klarquist–. Saber cómo se alimenta la respuesta inmune después de la vacunación ofrece oportunidades potenciales para intervenciones metabólicas o nutricionales para impulsar una respuesta inmune provocada por la vacuna”.

“Quizás lo más intrigante, sin embargo, es la aplicación de este conocimiento a la inmunoterapia del cáncer”, afirma Kedl. El laboratorio actualmente está explorando cómo estas estrategias podrían influir positivamente en los resultados de los tratamientos contra el cáncer basados en el sistema inmune que ya están en la clínica.

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