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Carlos Andrés Valencia González, un colombiano de 38 años que vive en Barcelona, presenció el atentado yihadista del pasado 17 de agosto en La Rambla, donde la furgoneta blanca conducida por Younes Abouyaaqoub realizó un atropello masivo, y un año después aún afirma: “No me siento preparado para volver por iniciativa propia”.

Ha explicado en una entrevista de Europa Press que solo ha pisado el lugar para participar en un documental y que volverá para asistir a los actos de conmemoración y homenaje a las víctimas del ataque este viernes, aunque aún no ha hecho el intento de volver solo, ya que lo evita y prácticamente no sale de su casa.

Ese día descendía desde la plaza de Catalunya por La Rambla tras salir del metro cuando oyó golpes secos y gente gritando, y vio que el vehículo se le echaba encima a “una velocidad impresionante”, momento en el que consiguió tirarse dentro de uno de los quioscos.

“La furgoneta golpeó el quiosco y cayó parte de la estructura”, lo que le provocó heridas en el codo y el hombro de su brazo derecho que en la actualidad le impiden trabajar al ser diestro.

No quedó atrapado y, después de que los servicios de emergencias le atendieran, se refugió en un local cerca del Mercado de la Boqueria junto a más personas, donde agentes de los Mossos d’Esquadra armados les informaron de que habían sufrido un atentado y que debían resguardarse y encerrarse para evitar que algún terrorista “se escondiera entre la multitud”.

Salió del lugar a altas horas de la noche entre el día 17 y el siguiente, aún con la impresión y el impacto de haber visto “gente prácticamente muerta” a su lado.

“FUE UN CAOS”

“Al principio la gente gritaba, lloraba, corría de un lado para otro. Fue un caos, y ya después de varias horas, lo que se veía era la angustia”, relata un año después.

Desde entonces ha evitado La Rambla, mientras que todavía asiste a psiquiatría, y para poder dormir y no sufrir ataques de ansiedad intenta permanecer tranquilo y debe tomar medicación.

Ha indicado que a veces intenta reducir la dependencia a los fármacos, pero que en estas ocasiones le vienen todos los recuerdos, sufre depresión, tiene ganas de llorar y piensa en sus dos hijas, que están en Colombia: “Me viene el recuerdo de que en algún momento puedo perderlas y no volver a verlas”.

PROCESO POR LA CONDICIÓN DE VÍCTIMA

Tras sufrir el atentado, el Consulado colombiano le ayudó a realizar los trámites necesarios para “pedir la indemnización” correspondiente, mientras que desde la Generalitat le estuvieron llamando los tres primeros meses para seguir su caso y evolución.

A pesar de todo, mantiene abierto un proceso para que el Ministerio del Interior le reconozca como víctima de un atentado terrorista, condición que le ha sido denegada en diversas ocasiones, ha lamentado.

Ante los debates políticos relacionados con los atentados, ha declarado que “tanto la política como la situación religiosa tienen que ir a un lado” y ha defendido la unión de todos los ciudadanos independientemente de la ideología.

“Nos afecta al partido de uno y al de otro. Hubo muchas víctimas y politizar esto no sería digno”, ha manifestado, sobre el atentado.

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