Analizar cómo de bien recuerdan las personas sus vivencias pasadas podría ayudar a realizar predicciones tempranas sobre quién está en riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, según un nuevo estudio de la Universidad de Arizona (Estados Unidos).

Los investigadores reunieron a un grupo de 35 adultos sanos, aproximadamente la mitad de los cuales portan la variante genética APOE e4, un conocido factor de riesgo genético que casi duplica las posibilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Como grupo, aquellos con el riesgo genético describieron los recuerdos con mucho menos detalle que los que no lo tenían.

“El Alzheimer es difícil de detectar temprano, aunque los cambios en el cerebro relacionados con la enfermedad pueden comenzar años o incluso décadas antes de que un individuo comience a presentar dificultades de memoria. Esto plantea un gran desafío para el desarrollo de tratamientos efectivos. La esperanza es que en un futuro cercano tengamos medicamentos y otros tratamientos que podrían ralentizar, detener e incluso revertir algunos de estos cambios cerebrales que creemos que son el sello distintivo de la enfermedad de Alzheimer. El problema es que si no podemos detectar quién tiene estas características lo suficientemente temprano, estos tratamientos pueden no ser totalmente efectivos, si es que lo hacen”, detalla Matthew Grilli, neuropsicólogo de la Universidad de Arizona.

El objetivo de Grilli, cuya investigación se ha publicado en la revista ‘Journal of the International Neuropsychological Society’, es ayudar a detectar cambios cerebrales mucho antes, antes de que comiencen a tener un efecto obvio en la cognición y la memoria. Para ello, decidió centrarse en la memoria autobiográfica, porque este tipo de memoria depende de áreas del cerebro que son vulnerables a los cambios tempranos de la enfermedad de Alzheimer.

“Cuando recuperamos estos tipos de recuerdos complejos que tienen detalles multimodales, son muy vívidos o ricos, vienen con narrativas, contextos e historias de fondo, hemos aprendido a través de la neurociencia cognitiva que la capacidad de recrear estos recuerdos depende de una red ampliamente distribuida en el cerebro, y que depende también críticamente de las regiones del cerebro que sabemos que están comprometidas desde el principio en la patología de la enfermedad de Alzheimer”, apunta el investigador.

En entrevistas autobiográficas, se pidió a los participantes del estudio, con edades comprendidas entre los 50 y los 80 años, que recordaran, con el mayor detalle posible, vivencias recientes, de su infancia y de las primeras estapas de la edad adulta. Los entrevistadores, que no sabían qué participantes tenían un factor de riesgo genético para la enfermedad de Alzheimer, registraron y calificaron las respuestas de los participantes, evaluando qué detalles se añadían a la riqueza y viveza de los recuerdos y cuáles no.

FACTORES DE RIESGO GENÉTICO

Aquellos con el factor de riesgo genético para la enfermedad de Alzheimer, como grupo, describieron recuerdos con detalles mucho menos vívidos que aquellos sin el factor de riesgo, a pesar del hecho de que todos los participantes del estudio se desempeñaron normalmente y comparativamente en una batería de otras pruebas de neuropsicología estándar.

“Ninguno de estos individuos sería diagnosticado con demencia o deterioro cognitivo leve. Son clínicamente normales, son cognitivamente normales, pero existe esta sutil dificultad que tiene un grupo para recuperar recuerdos del mundo real, lo que creemos es porque hay más personas en el grupo que se encuentran en una etapa preclínica de la enfermedad de Alzheimer”, asegura Grill.

En cualquier caso, no todos los que tienen la variante genética APOE e4, que está presente en aproximadamente el 25 por ciento de la población, desarrollarán la enfermedad de Alzheimer, y no todos los que desarrollan Alzheimer tienen el gen. “A partir de este estudio, no podemos identificar a una persona y decir con certeza que esta persona se encuentra en la fase preclínica de la enfermedad de Alzheimer. Esa es la siguiente etapa de trabajo que tenemos que hacer, pero sabemos que, como grupo, probablemente haya más personas en el grupo de portadores que se encuentran en la fase preclínica de la enfermedad de Alzheimer”, explica.

Grilli avanza que el siguiente paso es estudiar la actividad cerebral en las personas que tienen dificultad para generar vívidas memorias autobiográficas, con el objetivo de comprobar si tienen cambios observables en la estructura del cerebro o la activación de las regiones afectadas tempranamente por el Alzheimer.

La esperanza es que el trabajo podría conducir al desarrollo de una prueba clínica lo suficientemente sensible a los cambios preclínicos del cerebro de la enfermedad de Alzheimer que podría usarse para identificar a las personas que deberían someterse a pruebas más extensas para la patología temprana de la enfermedad de Alzheimer.

“Las pruebas de los primeros signos de la patología de la enfermedad de Alzheimer son invasivas y costosas, por lo que esta nueva prueba cognitiva podría ser utilizada como una pantalla. También podría usarse para ayudar en ensayos clínicos. Por el momento, es muy difícil y caro llevar a cabo ensayos clínicos con medicamentos nuevos porque es necesario mucho tiempo para determinar si ese medicamento ha tenido un impacto en la memoria”, concluye Grilli.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.