Fotos: Isabelle Sleijpen

Nada de medias tintas para la actuación de Bunbury. Unas 1800 personas esperaban entusiasmadas la presentación en Son Fusteret de su nuevo trabajo, Expectativas (Warner Music, 2017).

Llevaba mucho tiempo sin cantar sobre un escenario abierto en Mallorca, y por eso sus seguidores (entre quienes se encontraban los músicos mallorquines Luis Cadenas y Carlos Grimalt) estaban impacientes por poder disfrutar del repertorio habitual del aragonés junto a los temas del nuevo álbum.

Se le notó tan cómodo, como siempre; dominando un espacio amplio con la seguridad de quien lleva más de tres décadas sobre los escenarios.

Bunbury (Zaragoza, 1967) salió al escenario poco después de las diez de la noche con esa fuerza arrolladora que parece no abandonarle nunca.

Su potentísima voz y una presencia escénica difícil de igualar son capaces de poner de acuerdo a seguidores y detractores. Más allá de preferencias musicales, cualquiera puede apreciar que cuando Bunbury aparece sobre el escenario, lo hace alguien único e inigualable, capaz de mover al público por igual rescatando viejos y emblemáticos temas o sorprendiendo con canciones nuevas. Nadie sale indiferente de uno de sus conciertos.

La década de los 80 le vio nacer como artista. Admirador de Elvis desde los ocho años, tuvo desde siempre acceso a la música de los grandes gracias a su hermano mayor y a su tío, que le pusieron en contacto con toda la vanguardia que se hacía en aquel momento.

Era apenas un adolescente cuando empezó a hacer música con bandas como Apocalipsis, Rebel Watz, Proceso Entrópico y Zumo de Vidrio.

Bunbury alcanzó la consolidación musical cuando se forma la banda Héroes del Silencio, formación que les convertiría en los chicos duros de los 90.

Amados y denostados casi a partes iguales, tuvieron el mérito indiscutible de ser los poseedores de una manera propia de contar las cosas más potentes que había contado el rock español hasta el momento.

Siguen siendo un referente imborrable y son cientos de miles de seguidores que anhelan el regreso del grupo que estuvo sobre los escenarios hasta 1996. Llegaron a ser un grupo de

Bunbury comenzaría su carrera en solitario un años después, y en su madurez como músico ha explorado ritmos muy diferentes (electrónica, árabe, rancheras, blues, flamenco y tango) hasta encontrar un lenguaje propio, una nueva forma de contar las cosas.

Su primer disco en solitario fue un golpe de realidad. Había abandonado el sonido de Héroes del Silencio, cosa que el público no le perdonó a pesar de que la crítica acogiera favorablemente ese cambio.

Bunbury es, a pesar de su imagen de artista inaccesible, un hombre enamorado de su familia. Viaja normalmente acompañado de su hija y de su mujer, José Girl, que es, además, su fotógrafa oficial y fuente de imagen en todos los conciertos para posteriores publicaciones.

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