Foto: Reuters

Unas 10.500 personas, incluidos más de 5.000 niños, se han quedado sin agua potable por el tercer ataque en una semana contra una instalación “fundamental” de la ciudad de Saada, en el noroeste de Yemen, según ha denunciado este miércoles el director del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) para Oriente Próximo y el Norte de África, Geert Cappelaere.

“Los ataques continuos a estos sistemas están privando a los niños de Yemen y a sus familias de agua, lo cual incrementa la probabilidad de que se propaguen enfermedades transmitidas por el agua en un país devastado por la guerra”, ha dicho en un comunicado.

El jefe regional de UNICEF ha subrayado que, “para las familias de Yemen, estos servicios básicos, ahora en ruinas, son una cuestión de vida o muerte”, por lo que “si siguen recibiendo ataques se perderán muchas vidas, entre ellas las de muchos niños”.

“UNICEF hace un nuevo llamamiento a las partes en conflicto en todo Yemen y a quienes tienen influencia sobre ellas para que detengan todos los ataques y actividades militares en infraestructura civil o cerca de ella, incluidos sistemas e instalaciones de agua, escuelas, hospitales y centros sanitarios”, ha reclamado.

Además, Cappelaere ha recordado que “los ataques contra la infraestructura civil, incluidos los sistemas de agua, constituyen una violación del Derecho Internacional Humanitario”.

La guerra civil enfrenta desde hace tres años al Gobierno de Abdo Rabbu Mansur Hadi, apoyado por la coalición internacional liderada por Arabia Saudí, y a los rebeldes chiíes, respaldados por Irán. Yemen, que ya era el país más pobre del Golfo antes de que estallara el conflicto armado, sufre la peor crisis humanitaria del mundo, según la ONU.

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