La jueza de Instrucción número 1 de Tui (Pontevedra) ha decretado la puesta en libertad de F.G.L., el dueño de la pirotecnia La Gallega, que fue detenido el pasado miércoles por la explosión de un almacén clandestino de material pirotécnico, que causó dos muertos y 37 heridos, y mantiene su condición de investigado por los supuestos delitos de homicidio imprudente, daños imprudentes y lesiones imprudentes.

Así lo ha confirmado su abogado, Ricardo Valencia, a la salida de los juzgados de Tui. Asimismo, ha ratificado que la jueza ha ordenado comparecencias los días 1 y 15 de cada mes.

Además, se le imputa el delito de riesgo catastrófico en la modalidad de delito de riesgo provocado por explosivos y otros agentes, han añadido fuentes judiciales.

El letrado ha expresado la voluntad de su defendido de “colaborar con la Justicia” y ha señalado que, en su declaración, F.G.L. ha admitido que almacenaba en la vivienda de la parroquia de Paramos material para fabricar explosivos, entre los que había nitrato de potasio.

“DESOLADO POR LO QUE PASÓ”

Aunque el letrado no ha concretado la cantidad de material almacenado de forma clandestina en los anexos de la vivienda donde se produjo la explosión, ha incidido en que su patrocinado reconoció la existencia de ese material y que “está desolado por lo que pasó”.

El abogado tampoco ha querido aclarar las razones alegadas por F.G.L. para tener almacenado ese material, de forma irregular, en un anexo a una vivienda, y ha señalado que hay que “esperar por los informes del Tedax”.

MATERIAL EXPLOSIVO

Fuentes de la investigación han señalado que todavía es prematuro aventurar la cantidad de material explosivo que el detenido tenía almacenado en Paramos aunque, por los daños ocasionados (por la deflagración y la onda expansiva) y la superficie alcanzada, posiblemente superaría la tonelada.

El dueño de la pirotecnia La Gallega, que fue detenido pocas horas después de la explosión en la zona cero de la tragedia, llegó poco antes de las 11 horas a los juzgados de Tui, escoltado por dos agentes de la Guardia Civil y con la cabeza tapada por una capucha.

El investigado abandonó el edificio judicial poco después de las 15 horas en libertad provisional, en medio de una nube de periodistas.

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