Los agentes de la Guardia Civil que fueron increpados por dos jóvenes en la ciudad de Melilla mientras participaban en un operativo antiyihadista, han relatado en el juicio que acoge la Audiencia Nacional contra ambos que recibieron amenazas de muerte al grito de Alá es Grande y que les dijeron que recuperarían al-Andalus y que saldrían ardiendo.

En la vista oral celebrada este miércoles contra Suliman Mohamed y Belaid Mohand por delito de amenazas terroristas, los agentes han declarado en calidad de testigo que durante las más de diez horas que duró la detención y registro de un presunto integrante del Estado Islámico, los dos acusados estuvieron presentes espetándoles que sabían en qué hoteles se hospedaban, por qué bares salían y que no pararían hasta que les pusieran de rodillas y les cortaran el cuello.

Por estos hechos, la fiscal María Antonia Sanz ha elevado a definitiva su petición de 13 años para cada uno de los dos acusados, matizando que no se les acusa de integración sino de amenazas terroristas, ya que el contexto en el que se produjeron hace que no se pueda minimizar la trascendencia de lo ocurrido.

“No es terrorismo solo el tiro en la nunca, no solo es la violencia física, es actuar bajo determinadas consignas y realizar acciones que desgastan las estructuras del Estado porque lo que se pretende es barrerlo del mapa e imponer lo que el terrorista quiere”, ha dicho la fiscal, que ha añadido que es un reproche penal “alto pero no desproporcionado”.

Alternativamente, y en caso de que el tribunal considere que el bien jurídico protegido no es la libertad de la Guardia Civil sino la paz pública, el Ministerio Público propone condena de siete años de prisión por delito de desórdenes públicos terroristas y atentados contra la autoridad. La defensa, por su parte, ha asegurado que se trata de una “caza de brujas” y que no se les puede acusar de terrorista por los hechos que se enjuician.

“NO TENGO NADA EN CONTRA DE MI PAÍS”

Los acusados se han declarado inocentes tanto en el interrogatorio, en el que han negado todos los hechos, como en el turno de última palabra. Así, han explicado ante el tribunal que preside el magistrado Alfonso Guevara que no guardan vínculo alguno con el Estado Islámico y que solo acudieron al domicilio del detenido para “apoyarle psicológicamente” y transmitirle tranquilidad.

“Yo no soy terrorista, soy español y no tengo nada en contra de mi país ni de la Guardia Civil”, ha dicho Suliman al final de la vista oral, mientras que Belaid ha negado igualmente amenazas a los agentes del Instituto Armado que participaron en el operativo del pasado 23 de junio de 2017. Los dos han asegurado además que tienen familiares militares.

Sin embargo los más de diez agentes que han declarado como testigos han ratificado algunas de las amenazas incluidas por la fiscal en su escrito de conclusiones tales como: ‘porque no tengo nada afilado, sino os atravesaría a todos’, ‘no pararemos hasta que os pongamos de rodillas y os cortemos el cuello’ o ‘acordaos de mi que pronto moriré’.

SEGUIMIENTO A LOS AGENTES

Uno de los testigos ha detallado que Suliman les espetó que quería morir pronto, antes de los 40 años, y que se acordaran de él hasta que llegara el momento indicado por Alá. También ha explicado que temían que les hubieran hecho un seguimiento ya que sabían por dónde se movían y que cuando habló del hotel donde se hospedaban les dijo que iban a “saltar por los aires”.

“Tenía una mirada fuera de sí, llegaba un momento que salivaba y la barba tupida se llenaba de saliva, con los ojos desencajados”; ha dicho un agente mientras que otro ha confesado que la hostilidad fue en aumento hasta que se llevaron preso al detenido, momento en que el grupo de personas allí concentrado, arengado por los dos acusados, profirió gritos de Alá es Grande elevando el dedo índice al cielo, gesto identificado con el Estado Islamico.

“Llevo 23 años como guardia civil; he hecho muchas operaciones contra el yihadismo toda mi vida y contra ETA, incluso en el El Príncipe (barrio ceutí), pero esta amenaza es la más creíble, más real y más inminente en la que he estado en toda mi vida”, ha explicado otro de ellos.

TEMOR ANTE UN ATENTADO

Igualmente han dicho que extremaron las medidas de seguridad ante el incremento de hostilidad y al detectar que a Suliman -cuyo hermano fue detenido por integrar presuntamente del Estado Islámico– portaba en la espalda “un bulto alargado que parecía un cuchillo”, lo que les hizo temer por un posible atentado. “La situación era verdaderamente intimidante y había riesgo del desbordamiento del cordón policial”, ha dicho el agente.

Por otro lado, los testigos han explicado que del registro del móvil de Belaid tras su detención comprobaron cómo este guardaba relación con personas vinculadas con el terrorismo islámico, mientras que Suliman tenía un modelo de teléfono “muy básico” que apenas permitía incluir aplicaciones, pero con dos tarjetas; una de una operadora española y otra marroquí. “Esto suele ser una praxis habitual de personas que se dedican a entorno delicuencial o yihadista”, ha sentenciado un testigo.

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