Foto: Reuters

Los libaneses acuden este domingo a las urnas para las que serán las primeras elecciones parlamentarias en nueve años, después de decenas de aplazamientos de unos comicios que debieron haber tenido lugar en 2013 pero que no se celebraron a causa de la inestabilidad política en el país y en la región.

El proceso de votación arrancó el 27 de abril para los libaneses residentes en seis países de la región, mientras que dos días más tarde empezaron a acudir a las urnas los residentes en otros 33 países de África, América y Europa, además de Australia.

Esta ha sido la primera vez en la historia en la que los libaneses residentes en el extranjero acuden a las urnas de forma anticipada, si bien únicamente algo más de 80.000 personas se han registrado para votar, a pesar de que la comunidad libanesa fuera del país es de varios millones.

Esta es una de las modificaciones que supone la ley electoral aprobada en 2017 –tras más de un año de negociaciones entre los partidos políticos del país–, que introdujo el sistema de representación proporcional y la división del país en 15 circunscripciones electorales –nueve menos que hasta ahora–.

Asimismo, cada votante deberá pronunciarse a favor de una de las listas que concurren a las elecciones y tendrá además un voto preferente para uno de los candidatos de dicha lista, un nuevo sistema que podría perjudicar a los partidos hasta ahora mayoritarios en el Parlamento debido a que, en principio, facilitará una mayor fragmentación.

Pese a ello, el panorama electoral podría no variar de forma significativa tras las elecciones, ya que el equilibrio entre el partido Al Mustaqbal (Futuro), liderado por el primer ministro, Saad Hariri, y el partido-milicia chií Hezbolá, encabezado por Hasán Nasralá, podría mantenerse y derivar en un nuevo Gobierno de unidad en el que participen ambos.

En cualquier caso, la dinámica electoral y la nueva legislación podrían reforzar el surgimiento de partidos hasta ahora con poco peso en el país, como el Partido Comunista, que en las municipales de 2016 logró imponerse en varias localidades del sur del país, tradicionalmente un bastión de Hezbolá.

LOS APLAZAMIENTOS ELECTORALES

Las parlamentarias serán las primeras elecciones de este tipo y las segundas desde 2009 –después de las municipales de 2016– en un país que en ese periodo de tiempo ha visto la caída de dos gobiernos –en 2011 y 2013– y un vacío en la Presidencia de más de dos años debido a la falta de acuerdo sobre el sustituto de Michel Suleiman –entre 2014 y 2016–.

Este contexto político en Líbano, un país que supone un crisol de grupos religiosos y muy marcado por la geopolítica regional e internacional, se vio agravado por el conflicto en Siria –en el que participa de forma directa Hezbolá–, la disputa diplomática entre Arabia Saudí e Irán –ambos con mucho peso en el país– y la crisis de refugiados derivada de la guerra en el país vecino.

El conflicto en Siria y las consecuencias económicas, sociales y de seguridad para el país, escenario de varios atentados perpetrados por grupos yihadistas e incluso una ofensiva en 2014 contra la localidad fronteriza de Arsal, ha polarizado aún más la situación y ha dejado más en evidencia el papel de Riad y Teherán en la política libanesa.

De hecho, Líbano superó una nueva crisis política en noviembre de 2017, cuando Hariri anunció desde Arabia Saudí que presentaba su dimisión por supuestas amenazas a su seguridad y por la influencia de Irán sobre Hezbolá y el papel de este partido-milicia en la guerra en Siria.

La decisión fue ampliamente criticada por los políticos rivales y el presidente, Michel Aoun, se negó a aceptarla hasta que volviera al país y se explicara, al tiempo que surgieron acusaciones contra las autoridades saudíes por retener y forzar a dimitir a Hariri, algo que negaron tanto el primer ministro como el Gobierno del país árabe. Tras una escala en Francia, Hariri dio marcha atrás semanas después, a raíz de una reunión con Aoun.

LA COMPOSICIÓN DEL PARLAMENTO

El Parlamento libanés, al igual que los principales cargos electos del país, está dividido según sectas. Así, la mitad de los 128 escaños están reservados a representantes musulmanes –suníes, chiíes, drusos y alauíes– y la otra mitad a representantes cristianos –católicos, maronitas, ortodoxos, protestantes y armenios católicos y ortodoxos–. En total, 583 candidatos se disputarán los 128 escaños en liza.

En el caso de la Presidencia, debe estar encabezada por un cristiano, mientras que el primer ministro debe ser suní y el presidente del Parlamento chií. Esta sectarización de la política ha sido clave para entender el país desde los Acuerdos de Taif, firmados en 1989 en esta localidad saudí para poner fin a una guerra civil que se extendió durante 15 años.

Esta realidad y la modificación de los distritos electorales y el paso a un sistema de representación proporcional ha derivado en tensiones de poca relevancia en los días previos a los comicios, durante los que el propio Hariri habría recibido la recomendación de limitar sus actos de campaña en algunas zonas del país por motivos de seguridad.

En las últimas semanas, seguidores de Hezbolá han agredido a un político chií independiente en el sur del país, mientras que miembros de Al Mustaqbal causaron daños materiales en las oficinas de un político rival en la capital del país, Beirut.

En esta situación, Nasralá hizo recientemente un llamamiento a la calma y pidió que no se recurriera al discurso sectario para recabar votos en las elecciones, en las que Hezbolá ha acordado con el principal partido chií del país, AMAL, repartir su representación en el Parlamento.

Al margen de Al Mutaqbal y Hezbolá, los principales partidos que concurren a las elecciones son el Movimiento Patriótico Libre (FPM), liderado por Aoun; el mencionado AMAL, encabezado por Nabih Berri –presidente del Parlamento–; el Partido Socialista Progresista (PSP), cuyo presidente es Ualid Yumblat, cuyo hijo Taimur encabezará la lista parlamentaria por primera vez; y la Federación Revolucionaria Armenia (Tashnag), liderada por Hagop Pakradounian.

El Gobierno ha asegurado que trabajará para garantizar que estos comicios, clave para el reparto de poder y el camino de Líbano hacia el futuro, sean totalmente justos, democráticos y transparentes. Además, ha declarado festivo desde el 4 al 7 de mayo para fomentar la votación y permitir el uso de colegios como centros de votación. La Unión Europea (UE) ha enviado un equipo de observadores.

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