Los vecinos del barrio palmesano de Es Rafal Nou están hartos de soportar a un grupo de jóvenes en una serie de portales. A cualquier hora del día se juntan, denuncian algunos residentes, para montar escándalo. Sexo, consumo de estupefacientes o peleas son solo algunos de los problemas con los que tienen que lidiar a diario.

Desde hace cuatro meses, un grupo de hasta 17 adolescentes se reúnen en algunos portales, en especial en la calle Melicotoner. El relato de los vecinos deja entrever el desastre que dejan a su paso como si de un tornado de suciedad se tratase: pipas, restos de marihuana, colillas, condones o papeles forman parte de su rastro en los portales de dichas fincas.

Dada esta situación, los habitantes de uno de los bloques de pisos han intentado llamar la atención a los jóvenes con un resultado más bien escaso. “¿Vosotros no habéis tenido juventud?” o “Tú no eres mi padre ni mi madre” son algunas de las respuestas más amables que han recibido. En otras ocasiones, han respondido directamente con amenazas e incluso con agresiones, según relata una vecina víctima de los hechos.

“Me encaré con ellos -narra la afectada por la agresión- para que limpiaran el portal, que estaba lleno de mierda, y a cambio lo que recibí fue un puñetazo en la cara“. Este episodio violento ha hecho que esta ciudadana sienta miedo a la hora de realizar acciones cotidianas como salir de casa, al igual que le ocurre a otros vecinos. En relación al golpe recibido en la mejilla, “tuve que asistir al centro sanitario porque me dio en la muela del juicio que me estaba saliendo, se me estaba poniendo muy rojo y me empezaba a doler la cabeza”, relata.

Este no es el único acto violento que han tenido que aguantar. Los jóvenes han llegado al punto de “romper la puerta de nuestro edificio, al igual que causar desperfectos en zonas privadas”.

Los efectos psicológicos del escándalo que genera este grupo va incluso más allá del miedo. Una afectada cuenta que está cogiendo una depresión y que no hay manera de descansar en su propia casa. “Esto es un sinvivir“, agrega con desasosiego. Hay incluso quien se ha planteado mudarse, pues ni las denuncias ni las llamadas a la policía parecen tener efecto.

Otra cuestión que deben afrontar los vecinos es quién limpia todo eso. Si no lo hacen las empleadas de la limpieza, que acuden una vez a la semana, no les queda más remedio que ponerse los guantes y empezar a recoger la basura.

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