Foto: Reuters

Los residentes de las zonas montañosas de Papúa Nueva Guinea han relatado cómo pueblos enteros y fuentes de agua han quedado destruidos como consecuencia de un terremoto que golpeó el país el lunes y que ha acabado con la vida de, al menos, 20 personas.

La magnitud del terremoto ha sido de 7,5 y ha golpeado en especial la provincia de las Tierras Altas del Sur, situada a alrededor de 560 kilómetros al noroeste de la capital del país, Puerto Moresby. El suceso ha provocado corrimientos de tierra, cortes en comunicaciones y ha dañado infraestructuras de minería, gas y energía.

La mayoría de las víctimas mortales se encontraban o bien en las ciudades de Mendi y de Tari o bien en sus alrededores, según las autoridades y los residentes. “Es una destrucción masiva”, ha declarado Stanley Mamu desde Tari, a 40 kilómetros del epicentro. Mamu ha explicado que una persona ha muerto en la ciudad y que cinco han perdido la vida en un pueblo cercano debido a corrimiento de tierras.

“Hay restos de edificios y de corrimientos de tierra por los suelos. Mi casa ha quedado destruida. Las principales fuentes de agua han quedado destrozadas y ahora el agua está sucia, marrón y la gente no la puede beber”, ha añadido Mamu.

Las réplicas de los últimos dos días han dificultado la operación de rescate y han sobresaltado a los habitantes de la zona. El miércoles a la 1 de la tarde (4 de la mañana, hora española), el Servicio Geológico de Estados Unidos registró una réplica que llegó a los seis puntos de magnitud.

Australia ha enviado un avión de transporte militar C-130 para ayudar con la vigilancia aérea. La oficina de la ministra de Exteriores australiana, Julie Bishop, ha advertido en un comunicado de que descubrir el alcance de los daños llevará días, probablemente.

BALANCE DE DAÑOS

Las compañías dedicadas a la minería, al petróleo y al gas también se han dedicado a evaluar los daños, como asegurarse de que un gasoducto de 700 kilómetros que conecta la planta de licuación de la costa estaba intacto antes de decidirse a reabrirlo.

Un portavoz del Centro de Desastres Naturales de Papúa Nueva Guinea ha declarado que todavía se está llevando a cabo un examen de daños preliminar y que varios funcionarios están tratando de llegar mediante helicóptero a las zonas más aisladas.

“Vivimos con miedo”, ha reconocido un sargento de Policía, Naring Bongi. “El terremoto continúa activo. No hemos dormido bien, hemos permanecido despiertos hasta el amanecer… Ningún helicóptero ni ningún miembro de las autoridades ha acudido para prestarnos su ayuda”, ha recalcado Bongi.

Udaya Regmi, director de Cruz Roja en Papua Nueva Guinea, ha querido dejar claro que el obstáculo más inmediato la imposibilidad de establecer comunicaciones fluidas, pero que encontrar agua limpia probablemente se convierta en la necesidad más urgente si los tanques de agua han quedado destrozados.

También se necesitan suministros médicos, comida y maquinaria pesada para limpiar los destrozos de los corrimientos de tierra, según un portavoz del líder local, Manasseh Makiba. “El número de víctimas mortales tiene que ser confirmado todavía, pero han muerto muchas más de 20 personas en el terremoto”, ha destacado el portavoz.

Los terremotos son comunes en Papua Nueva Guinea, que está situada en el llamado ‘Cinturón de Fuego del Pacífico’, famoso por su actividad sísmica debida a la fricción entre las placas tectónicas. En 1998, un terremoto de 7 puntos de magnitud acabó con la vida de 2.200 personas y destrozó la costa situada en el norte del país.

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