Fotos: Isabelle Sleijpen

Más de dos mil personas esperaban impacientes en la noche del sábado la aparición de un Michael Bolton en plena forma sobre el escenario de Son Fusteret. Ha sido sin duda, uno de los conciertos más esperados del verano ya que Mallorca se ha hecho un hueco en el calendario de su gira mundial “Greatest Hits Word Tour 2017”, una recopilación de éxitos del cantante así como grandes temas del soul. La incombustible Michelle McCain actuó como telonera y como siempre, se metió al público en el bolsillo en cuestión de segundos. Fueron sin duda dos horas memorables a pesar de dar comienzo con veinte minutos de retraso.

Michael Bolton llegó con todos sus éxitos a cuestas. Carismático, elegante y seductor como de costumbre, cautivó sin esfuerzo con lo mejor de su repertorio y su habitual cercanía con el público.

El icono romántico de los 90 demostró estar en plena forma; sus temas han aguantado muy bien el paso de los años y su voz, al igual que el resto de su cuerpo, se resiste a envejecer. Aunque nadie lo diría, este rockero desgreñado reconvertido en gentleman nació hace 64 años. Fue en Estados Unidos, en el estado de Conneticut y grabó su primer disco con tan solo 16 años.

Michael Bolton es mucho más que un cantante melódico. Poseedor de una voz rasgada e inacabable, el rockero que triunfó con las baladas en la década de los 90 y prolífico compositor es cualquier cosa menos una gloria del pasado ya que su estilo atemporal y su gran presencia sobre el escenario le sitúan en el lugar reservado para los que superan las modas y los éxitos temporales.

Además de componer sus propios temas, ha tenido la versatilidad suficiente como para escribir para artistas muy diversos, desde Barbara Streisand hasta Cher pasando por Joe Cocker o Kenny G.

Los proyectos de Michael Bolton son cada vez más amplios, abarcando música, cine, teatro y televisión, sin dejar nunca de lado su activismo social y su lucha por los más desfavorecidos.

Su exitosa trayectoria está avalada por dos premios Grammy, 27 álbumes y 53 millones de discos vendidos en todo el mundo. A pesar de ello, en sus años dorados, la crítica fue implacable con él allá donde iba mientras el público, su público, seguía comprando millones de discos y llenando todos sus conciertos. Fue juzgado y en ocasiones incluso menospreciado, fue tildado de empalagoso, previsible, ñoño y aburrido, exactamente todo lo contrario de lo que pudimos ver sobre el escenario de Son Fusteret. Para que vean que la envidia no es solo deporte nacional en España.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.