Cuando David vence a Goliat

El mundo jurídico no es ajeno a las batallas en las que la parte más “débil” logra una épica victoria frente a un enemigo que, sobre el papel y a ojos de muchos, parecía imbatible.

Situación que hace buenas las palabras de Ted Turner cuando afirma que los “ganadores nunca se rinden y los que se rinden, nunca ganan”.

Por eso he querido hoy referirme a un par de interesantes casos en que ese pequeño luchador, a veces solitario y siempre desconocido, ha conseguido golpear y tumbar a los todopoderosos.

Varapalo a la mala costumbre de incluirnos en un registro de morosos

Suele ser habitual que, a la primera discrepancia con una compañía de telefonía, se le incluya a uno en un registro de morosos como medida de presión para que pague una factura que, como mínimo, es discutible.

Varapalo al canto por parte del Tribunal Supremo que ha fallado recientemente que esa costumbre –la de incluir los datos personales de una persona en un registro de morosos cuando se está aún discutiendo por la deuda- es una intromisión ilegítima en el honor del cliente.

Un caso que ha llamado la atención de los Medios porque el demandante, asistido por un desconocido abogado de oficio, se ha impuesto en este caso a un “Goliat” de la telefonía móvil –como es Movistar- tras casi 4 años de duro litigio.

Pero también ocurre algo similar en otros sectores como en las eléctricas, donde son habituales las condenas a las empresas como responsables de sobretensiones y cortes de suministro, debiendo indemnizar por los electrodomésticos estropeados o los alimentos que se han descongelado e incluso por el tiempo que estamos sin luz.

La unión hace la fuerza

“La unión hace la fuerza” puede ser perfectamente el lema que ha unido a muchos afectados en la primera gran demanda colectiva presentada a final del pasado año en España contra el coloso alemán Wolkswagen, coyuntura que puede afectar a casi un millón de vehículos por manipulación ilegal de su software.

A nivel bancario, las materias en los que hallamos esta lucha desigual son más de los que a priori podríamos imaginar.

Los ejemplos más conocidos, y de los que hemos hablado ya en más de una ocasión, son los de las cláusulas suelo.

Pero no es la única circunstancia en la que los Bancos acaban por naufragar.

El propio Tribunal Supremo condenó el 22 de enero de 2014 a una entidad bancaria por esa misma praxis de incluir y mantener sin razón a su cliente en ficheros de morosos, condenándole por intromisión en su derecho al honor, debiendo además pagar 6.000 € por reparación del daño moral.

Interesante resulta también la sentencia del 2 de octubre de 2014 en la que se dio la razón a un particular que se despachó a gusto con el responsable de una importante empresa inmobiliaria a través de un escrito remitido a un periódico en el que “ladrón” y “estafador” eran dos de los “piropos” más suaves con los que obsequiaba al empresario.

En este caso, el Tribunal entendió que la información dada por el particular era veraz y que pretendía, con su discutible comportamiento, evitar que otros clientes se vieran afectados por las conductas deshonestas de esa promotora por lo que no le condenó.

Y hablando de promotoras, el 13 de enero de 2015, otra sentencia impuso la condena a unos administradores de asumir personalmente la devolución del dinero al comprador de una vivienda sobre planos por no acabarla en plazo y no haberlo avalado a través de entidad de crédito.

Una importante sentencia que abre el camino para luchar contra los abusos de malintencionados empresarios que piensan que por actuar bajo el escudo de una sociedad pueden hacer lo que quieran y luego declararse “insolventes”, ya que el Tribunal puede ahora obligarles a asumir con todo su patrimonio personal, presente y futuro, la condena impuesta.

Pedro Antonio Munar Rosselló (abogado)

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