Sus derechos como “consumidor”

Pedro A Munar

Uno de los términos que muchos habremos escuchado en múltiples ocasiones cuando nos planteamos iniciar una reclamación es el de “consumidor”, “ir a consumo”, “ser consumidor”, “ley de consumidores” o incluso el principio latino “favor consumitoris”…

Son términos muy comunes y ya hemos explicado algunas cosas al respecto en crónicas previas pero

¿Qué significa exactamente? y… ¿Cuándo y cómo se aplica?

Es interesante conocer que, como casi todo en lo referido a “nuestros derechos”, el punto de partida es el Derecho Romano. No deja de ser curioso que los romanos ya tenían claro hace unos 2.000 años que ciertas personas merecían una protección especial a la hora de reclamar por ciertos productos o servicios.

Por ejemplo, el Código del emperador romano Justiniano (“el Digesto”), que data de principios del S. VI, protegía ya a quien compraba “ganado defectuoso” a un comerciante que lo vendía a sabiendas de “su mal estado”. Si se engañaba en la venta, el comerciante era penalizado y debía asumir los perjuicios causados.

Tras la caída del Imperio, no es hasta entrado ya el S. XIX cuando la protección de los consumidores se desarrolla normativamente y su aplicación cobra bastante fuerza, y ello debido al nacimiento y desarrollo de la sociedad capitalista, que lleva consigo las reclamaciones por productos defectuosos favorecidas por este sistema.

A mitad del S. XX, a raíz de las reacciones frente a la publicidad engañosa y al lamentable caso de los daños producidos por el fármaco alemán de la Talidomina en bebés, las reclamaciones de los consumidores aumentaron tanto en lo referido a los productos defectuosos como a la falta de información que, en la mayoría de casos, acompañaban a la comercialización del mismo.

En la actualidad, el “consumidor” tiene y merece una defensa cuando, por ejemplo, adquiere su casa, contrata un servicio con un profesional o empresa, tiene que anular un contrato “de adhesión” o con cláusulas abusivas, o lucha contra una ejecución hipotecaria.

Cuándo contratamos, no siempre somos “consumidores”

Mucho han cambiado las cosas desde 1984 en lo referido a Consumo. En el año 2007 se aprobó una nueva la Ley de consumidores y usuarios (RDL 1/2007, de 16 de noviembre) y que defiende a las personas, tanto físicas como jurídicas, que en general intervengan y/o contraten fuera de una actividad comercial o empresarial.

Lo cual quiere decir que si usted adquiere un producto o contrata un servicio siendo consumidor, tendrá derecho a ser “especialmente informado sin quedar nunca en situación de inferioridad frente a la otra parte”.

Y esto implica que podremos conseguir fácilmente que un Juez anule las cláusulas abusivas o poco claras de los contratos firmados y, además, tendremos lo que se conoce como el “beneficio de la duda” (o “favor consumitoris”) que, en caso de “empate” (si me permiten la expresión) hará que gane el consumidor.

Es importante conocer también que estos derechos que posee el consumidor son (por ley) irrenunciables, de tal forma que cualquier cosa que hubiéramos firmado en contra, no sería válido y, por tanto, podrán hacerse valer en su momento ante un Juzgado.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here