Palma de Mallorca/12/12/2013/
La operación se bautiza como Dirieba, que en ruso significa árbol. Un guiño de los investigadores de la Guardia Civil, que llevan 20 meses tras los pasos de Alexander Romanov, el nuevo dueño del hotel Mar y Pins, de Peguera. Poco antes de las nueve ha amanecido un día espléndido. En una mansión de la calle Fornells, junto al hotel, el presunto capo de la mafia rusa lleva un rato despierto. Su mujer y su madre han preparado el desayuno. Su hijo adolescente, encorbatado y con americana, está a punto de salir para ir al colegio. Lo que llega entonces no es el bus escolar, sino una comitiva de 100 guardias civiles que asaltan la casa Romanov. Ha empezado la operación Dirieba, el zarpazo benemérito a la mafia rusa.
Los primeros en acceder al palacete junto al mar, de 400 metros cuadrados, son los expertos de la Usecic (Unidad de Seguridad Ciudadana). Una unidad de élite entrenada en asaltos de comando. Forman en combate urbano, un agente reposando la mano sobre el hombro del que le precede, pistola en mano, y tiran abajo la puerta de la mansión de los Romanov. Luego, se escuchan algunos gritos y la familia es reducida en cuestión de segundos.
Investigación
Nadie del séquito de Alexander se enfrenta a los guardias, que van encapuchados. Y son suficientemente persuasivos. Tras toda la maquinaria policial, se esconde el cerebro de la operación. Los agentes del Grupo de Información de Madrid llegaron hace una semana a Palma y con sus compañeros de Información de Palma son los artífices de este nuevo golpe a la mafia rusa. Han trabajado muy duro, han pinchado teléfonos y se han infiltrado en el hotel de Romanov sin que él notara nada. Ahora es el momento de recoger los frutos.
El epicentro está en Peguera, en la mansión familiar del magnate ruso, pero de forma simultánea se practican otros registros. Durante horas, la Guardia Civil inspecciona el bufete de abogados Sastre&Sastre, ubicado en el número 2 de la Plaza Alexandre Jaume, junto a la calle Sindicato de Palma. El despacho, supuestamente, daba cobertura legal a los negocios turbios de la trama rusa. El letrado Amado J. S. queda arrestado. En Inca y en la calle Aragón también se producen más registros. Una hora después, ya han caído ocho de los nueve implicados en la trama. El último está en Alemania, aunque su detención es cuestión de horas.
La jueza del juzgado de Instrucción número 12 de Palma, Carmen González, es la que autoriza todos los registros, y el fiscal Anticorrupción Juan Carrau supervisa todo el operativo. La mafia rusa de Peguera es de la rama conocida como «Taganskaya», con centro neurálgico en Moscú. Su especialidad son los «raids», que consisten en apropiarse empresas por medios violentos, para forzar luego su quiebra fraudulenta. Romanov y sus secuaces aterrizan en Mallorca en 2010. Su objetivo es el hotel Mar y Pins, que compran por medio de intermediarios por 6 millones de euros. Después, comienza la extorsión de otros empresarios hoteleros. La Guardia Civil les imputa los delitos de blanqueo de capitales, defraudación a la Hacienda Pública y falsedad documental, pero en breve se les podría acusar de revelación de secretos, delitos contra los derechos de los trabajadores, coacciones y tráfico de influencias.
Indiferente
El registro en la mansión de los Romanov se prolonga durante todo el día. Son dos plantas de puro lujo, con vistas panorámicas al mar, cinco habitaciones y dos salas enormes. La cocina, hipermoderna. 400 metros de calculada ostentación. Romanov está tranquilo, casi indiferente. Hace horas que le han comunicado su detención, pero no se inmuta. Como si la historia no fuera con él. Su mujer, la guapísima Natalia, tampoco aparenta estar nerviosa. La única que no tiene tanta sangre fría es la madre del magnate, a la que le tiemblan las manos. Quizás piensa en el hijo adolescente del matrimonio, y la que se le viene encima. A las ocho de la tarde, once horas después del asalto, los guardias civiles de Información siguen peinando la casa, palmo a palmo. Han requisado ordenadores, teléfonos móviles, tablets y documentación. Romanov no entiende nada de lo que escucha: no tiene ni idea de castellano. En realidad, no le hace falta porque tiene un traductor entre su séquito que le acompaña por Peguera, a diario. Menos ayer, que no pudo traducirle. Tampoco le habría gustado lo que habría escuchado de la Guardia Civil.

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