Fallece Paquita, uno de los rostros más queridos de Palma
Pequeña, pelirroja y combativa, fue durante años una presencia constante en la plaza España
Penélope O. Álvarez | Mallorca, 17 de Febrero de 2026 | 17:17h

Paquita, la inconfundible mujer que paseaba por la plaza España pidiendo cigarrillos, tomando cervezas con quienes la invitaban y dando consejos de vida, falleció el pasado 9 de febrero, según han confirmado fuentes a Crónica Balear.
De complexión pequeña, con el pelo habitualmente teñido de rojo, entre el que asomaban canas, con profundas arrugas y un espíritu revolucionario, era conocida por todo el que frecuentaba el centro de Palma.
Ha formado parte durante años del paisaje de la plaza España y de sus alrededores, por donde paseaba y se acercaba a desconocidos para pedir un euro “para comer algo”, hacía de pregonera informando de las manifestaciones que se convocaban en la ciudad y habitualmente se sentaba con personas que acababa de conocer para filosofar sobre la vida.
Nacida en Palma en 1971, tuvo una vida dura desde su infancia. Se crio en El Temple, un orfanato donde pasó buena parte de sus primeros años. Hablaba de su madre y de sus dos hermanas, ya fallecidas. De la mayor, que llevaba su mismo nombre, contaba que fue agredida sexualmente y que su madre mató al agresor, lo que le supuso una larga condena de prisión hasta ser amnistiada tras la muerte de Franco. De la otra hermana, conocida como ‘La Muñeca’, relataba que bailaba en la calle por unas monedas, que se casó siendo apenas una niña y que terminó muriendo víctima de la anorexia. De su padre, apodado ‘El Cordobés’, decía que falleció atropellado en Can Blau.
Paquita habló en varias ocasiones de la violencia de género que sufrió en distintas relaciones. Una de ellas la dejó en coma tras una paliza en Madrid; otra tenía órdenes de alejamiento que, según explicó, nunca cumplió. En un documental recordó noches en las que la echaban a la calle de madrugada o le cambiaban la cerradura, obligándola a dormir fuera. “Al primer golpe, retirada”, aconsejaba a otras mujeres.
Fue madre de tres hijas. De dos perdió la custodia al no poder hacerse cargo de ellas. Con Manolo, también en situación vulnerable, tuvo otra niña. De él contaba la mañana en que lo encontró sin vida tras sufrir una sobredosis y tuvo que avisar a la policía. La madre de él intentó denunciarla por omisión de socorro, pero la causa no prosperó. “Soy feliz sabiendo que están bien”, repetía sobre sus hijas, aunque la separación fue una herida constante.
Con su muerte desaparece una de las figuras más singulares del centro de Palma. Una mujer que, a pesar de vivir entre dificultades durante gran parte de su vida, fue resiliente y nunca se dio por vencida.
Descansa en paz, Paquita.







