Por qué te sientes cansado o apático tras las fiestas y cómo resetear tu cerebro
Tras semanas de comidas sabrosas, regalos, encuentros emocionantes..al volver a la rutina los niveles de dopamina caen de golpe
Marina J. Ramos | Mallorca, 07 de Enero de 2026 | 09:01h

Pasadas las celebraciones navideñas tras el Día de Reyes, hay quienes suelen quedarse con una extraña mezcla de sensaciones. Por un lado, la voluntad de estrenar el año con nuevos propósitos y, por otro, un peso invisible que nos dificulta incluso la tarea más sencilla. Tras semanas de luces, reuniones familiares y una ruptura total con nuestros horarios habituales, es muy común sentirse, inesperadamente, con la energía bajo mínimos. Pero, ¿es cansancio físico o es algo más profundo?
La psicología explica que lo que experimentamos en estas fechas no es solo sueño acumulado. Es, en realidad, un fenómeno de "desregulación dopaminérgica". Y es que, durante las fiestas, nuestro cerebro recibe constantes picos de placer (comidas sabrosas, regalos, encuentros emocionantes), y al volver a la rutina, los niveles de dopamina caen de golpe. El resultado es esa sensación de apatía o "niebla mental" que nos hace sentir que el mundo va más rápido que nosotros.
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IDENTIFICAR EL ORIGEN: ¿POR QUÉ NOS SENTIMOS ASÍ?
Diferenciar entre el cansancio y la apatía es el primer paso para ponernos en marcha. Mientras que el cansancio se soluciona con descanso físico, la apatía requiere un reseteo cognitivo. Los expertos subrayan que no es una falta de voluntad, sino una respuesta natural del organismo ante el fin de un periodo de sobreestimulación.
Además, se suma el factor de la "carga mental" por la vuelta a las responsabilidades. El cerebro intenta procesar todo lo que dejamos pendiente en diciembre y la presión de los nuevos objetivos de enero, generando un bloqueo que nos hace sentir paralizados.
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TRES PASOS SENCILLOS PARA RESETEAR LA MENTE
Para salir de este bucle, no es necesario recurrir cambios drásticos (que suelen quemarnos y que acabamos abandonando a los tres días). La clave está en la sencillez:
La regla de la "exposición lumínica": Aunque parezca un detalle menor, la luz del sol es el interruptor natural de nuestro cerebro. Salir a caminar al menos 15 minutos durante las horas de sol ayuda a regular el cortisol y le indica a nuestra mente que el periodo de letargo ha terminado. Es la forma más rápida de ajustar nuestro ritmo circadiano.
Priorizar la "limpieza mental" frente a la acción: Antes de lanzarte a cumplir diez propósitos a la vez, dedica un día a vaciar la mente. Anota en una lista todo lo que te preocupa o tienes pendiente. Al verlo sobre el papel, el cerebro deja de gastar energía en "recordar" y puede empezar a "ejecutar".
Ajuste de expectativas: Un error común es querer ser la versión más productiva de nosotros mismos justo el primer día. Los psicólogos recomiendan la técnica de las "metas mínimas": cumple hoy tres tareas pequeñas y date permiso para que el resto del día sea de transición.
A menudo somos nuestros jueces más severos. La clave en estos momentos está en que no se conviertan en una pendiente inalcanzable es entender que el bienestar no es una meta, sino un proceso de autocuidado. Recuperar los horarios de sueño de forma progresiva y volver a una alimentación que nos haga sentir ligeros -sin castigos ni restricciones extremas- son actos de respeto hacia uno mismo.









