Duarte Falcó, el desconocido hermano de Tamara Falcó, rompe su silencio
El hijo menor del fallecido marqués de Griñón emerge con voz propia y con un claro mensaje sobre la salud mental
Marina J. Ramos | Mallorca, 07 de Enero de 2026 | 07:38h

Duarte Falcó es, probablemente, el miembro más desconocido y discreto de una de las familias más mediáticos de nuestro país. Hermano de Tamara Falcó e hijo menor del fallecido marqués de Griñón, hasta ahora había permanecido alejado del foco público. Sin embargo, a sus 31 años, ha decidido dar un paso al frente. Lo ha hecho hablando sin rodeos de salud mental y del papel fundamental que ha jugado el arte para encontrar equilibrio y sentido.
Duarte siempre ha preferido la intimidad. Mientras su apellido copa titulares, él ha crecido lejos de cámaras y platós, explorando distintos caminos académicos y profesionales -como la economía, pedagogía, marketing o emprendimiento-, aunque nunca ha llegado a sentirse plenamente identificado con ninguno. A excepción de uno: la pintura, en la que encontró al fin, hace años, el refugio que buscaba, haciendo de ella después, su pasión. En la actualidad, hace apenas unas semanas que inauguró su primera exposición y vende sus obras en redes sociales.
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Con motivo de su estreno como galerista y de forma excepcional, Duarte ha concedido recientemente una entrevista a El Mundo, en la que no se ha limitado a darse a conocer sin más, sino que ha aprovechado el foco para dar visibilidad a la salud mental, otra de las piezas clave en su relato vital: le diagnosticaron TDAH y trastorno bipolar cuando solo tenía 12 años. Sin embargo, en lugar de esconderlo, Duarte defiende hablarlo abiertamente: “Hay quien piensa que es un tema triste, pero no. Hay que contarlo a los cuatro vientos”.
En consonancia con su propuesta, ha relatado parte de su experiencia, como que pasó por varios ingresos en unidades psiquiátricas, algo que, además de ayudarle en su proceso psicológico, también le aportó el contexto para redescubrirse. Fue allí, en un entorno cerrado y con pocas distracciones, donde comenzó a pintar de forma casi instintiva. “Pintar me sacaba de esas cuatro paredes. Era mi manera de expresarme, de crear, de entretener el tiempo”. Con el tratamiento adecuado y un trabajo personal constante, hoy confiesa en una etapa radicalmente distinta: “Soy la persona más feliz que conozco”.
Ese proceso vital también se refleja en su obra: explica que ahora sus cuadros tienen “más color” y un trazo “más cuidado”. Su abuela, cuenta, incluso le ha comparado, “salvando las distancias”, con el mítico artista mallorquín Joan Miró, pues la mayoría de sus pinturas consisten en coloridos trazos geométricos, muchos, con un ojo que observa al espectador.
Aunque rara vez aparece en actos públicos, mantiene una relación muy cercana con sus hermanos. De Tamara dice que, pese a ser polos opuestos, se entienden y respetan profundamente: “Ella ha aceptado mis tatuajes y mi manera de ser”. Habla con especial cariño de Aldara, a la que define como “una de las mejores cosas que me han pasado en la vida”, y reconoce en Manolo una figura protectora tras la muerte de su padre. De Xandra destaca su fortaleza tras años marcados por duras pérdidas.
Y es que el recuerdo de Carlos Falcó, antiguo marqués de Griñón, sigue muy presente. Duarte lo describe como un visionario del vino, pero también como un padre que les inculcó libertad y tolerancia. “Nos decía que voláramos libres”, rememora.
En lo personal, admite que nunca ha tenido una relación estable, aunque no pierde la esperanza: “Busco algo profundo, un amor eterno. Ya llegará”. Alejado del ruido mediático y centrado en el arte, Duarte Falcó emerge ahora con voz propia y un mensaje claro sobre salud mental, sensibilidad y diversidad.








