¿Qué es el hambre emocional? 5 estrategias útiles para combatir el 'comer por comer'

Muchas veces comemos para "anestesiar" sentimientos como la ansiedad, la soledad o el aburrimiento

Marina J. Ramos | Mallorca, 23 de Diciembre de 2025 | 09:09h

¿Te ha pasado alguna vez que, tras un día horrible en el trabajo o una discusión, lo único que parece calmarte es una bolsa de patatas fritas o esa tableta de chocolate que guardabas "para emergencias"? No es que tengas un estómago sin fondo, es que estás experimentando lo que los expertos llaman hambre emocional.

A diferencia del hambre física, que aparece de forma gradual y se conforma con cualquier alimento nutritivo, el hambre emocional es caprichosa, urgente y, sobre todo, mental. Como bien explica la psicología nutricional, no buscamos nutrientes, buscamos dopamina. Comemos para "anestesiar" sentimientos como la ansiedad, la soledad o el aburrimiento. El problema es que, tras el último bocado, el vacío emocional sigue ahí, a menudo acompañado por un invitado no deseado: el sentimiento de culpa.

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¿COMO DIFERENCIAR EL HAMBRE REAL DEL "ANTOJO" EMOCIONAL

La clave para recuperar el control está en saber identificar las señales. Mientras que el hambre física se siente en el estómago (ruidos, sensación de vacío) y puede esperar, el hambre emocional nace "de cuello para arriba". Es un impulso repentino por un alimento específico -normalmente ultraprocesado, rico en grasas o azúcares (chocolate, bollería industrial, patatillas, aperitivos, las croquetas que quedan en la nevera...)- que genera una gratificación inmediata pero efímera.

Este impulso puede llevar a desencadenar los denominados atracones de comida: una ingesta abundante de alimentos en un periodo de tiempo. No pasa nada si se produce un atracón muy de vez en cuando, como hecho aislado. Pero lo cierto es que para miles de personas, constituye una constante cada ciertos días y/o semanas. Y lejos de ser solo "comer de más", acarrea en muchas ocasiones problemas de salud física y, sobre todo, emocional (falta de autoestima, sensación de descontrol....), que se pueden agravar si persiste el problema.

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ESTRATEGIAS PRÁCTICAS PARA FRENAR EL IMPULSO 

Si sientes que la comida se ha convertido en tu principal vía de escape, aquí tienes algunas herramientas basadas en la evidencia para cambiar el chip:

  • La regla de los 5 minutos: El hambre emocional es impulsiva. Cuando sientas el "ataque", comprométete a esperar cinco minutos antes de comer. En ese tiempo, bebe un vaso de agua o camina por la casa. A menudo, la intensidad del impulso baja drásticamente.
  • Identifica el "disparador": Antes de abrir la nevera, hazte una pregunta sencilla: “¿Qué estoy sintiendo ahora mismo?”. Si la respuesta es estrés, tristeza o cansancio, la solución no está en la comida, sino en abordar esa emoción.
  • Sustituye el hábito, no lo reprimas: Si el cuerpo te pide alivio, dáselo de otra forma. Prueba con una ducha caliente, llama a un amigo o dedica diez minutos a un hobby que te mantenga las manos ocupadas.
  • Alimentación consciente (Mindful Eating): Si finalmente decides comer, hazlo sin pantallas. Saborea cada bocado. Al prestar atención plena, es más probable que tu cerebro registre la saciedad y te detengas antes.

Cuidar lo que comemos es importante, pero entender por qué comemos es la verdadera clave para nuestro bienestar. Recuerda que la comida puede ser un placer, pero nunca debería ser tu única medicina.

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